RAFAEL NADAL NO SE QUEDA NI EN OCEANÍA NI EN ASIA (25-01-2008)
Parece que ayer no fue el día de Rafael Nadal, pues tas ser eliminado sorpresivamente en semifinales del Abierto de Australia, tuvo que irse en viaje presuroso de regreso a España pero allí no quedó la cosa. El Rafa, encontró el vuelo que lo traería de vuelta a España pero con escala en Singapur, sin pensárselo dos veces abordó el avión pero una vez en suelo asiático, tuvo que abandonar la zona de primera clase y pasar a la zona de turistas por problemas de cupo en el avión. Al parecer, en el aeropuerto no le informaron bien que una vez en Singapur, más pasajeros abordarían la nave. Aunque yo, en lugar de Rafael Nadal, hubiese aprovechado para quedarme en el país asiático a dar un pequeño paseo por sus playas o viajar hacia el interior del territorio para conocer sus costumbres o su comida típica. Bueno, aunque por todos es sabido que la comida asiática de la mayoría de los países asiáticos es poco menos que indigerible. Por ejemplo hace algunos meses vi un especial sobre comida tailandesa y la verdad, paso. Efectivamente, era una comida que hacía uso de animales que no figuraban ni en la dieta de emergencia de Rambo. Pude ver en aquel especial que el anfitrión del programa se había trasladado hasta Tailandia y allí hizo un tour por varios sitios de comida. Cierto es que había comida que podamos llamar normal como variedades de arroz con carnes típicas, obviamente las verduras también abundaban, pero lo más impactante era a la hora de los entremeses que ofrecían los tailandeses.
Parece que los pobladores de Tailandia gustan de abrir del apetito en base a coleópteros y todo tipo de insectos voladores. En efecto, en una de las visitas, el anfitrión fue agasajado con un plato repleto de grillos, vivos. Los repugnantes insectos correteaban y danzaban dentro del plato, increíblemente no se lucían con esos extensos y sorpresivos saltos ornamentales, sino que permanecían dentro de la faz del plato. Uno que otro caía del plato pero la mayoría remontaba hacia la cima de la montaña formada por grillos. Lamentablemente el anfitrión era un poco quedado y no preguntó cómo es que hacían para que los grillos no saltasen, tuve que deducirlo y supuse que les arrancaban las patas traseras, con las cuales daban el impulso para el gran salto. Crueldad ciertamente, aunque igual iban a acabar en el estómago de los comensales. El hecho es que, el anfitrión, no sabía qué hacer, ni siquiera había cubiertos en la mesa y aunque los hubiese habido, seguramente yo los hubiese usado para defenderme de los grillos. Total que el acompañante del anfitrión, oriundo de Tailandia y en complicidad con otros parroquianos que azuzaban la escena, le enseñó cómo era que se comían los grillos. El asunto era tan sencillo permítanme usar el término- como coger unos cuantos del montón, cual si fueran un puñado de pasas y aventarlos al interior de la boca. Luego, simplemente masticarlos e ir sacando las alas de la boca que eran duras según referían. Un verdadero vomitivo. Por supuesto el anfitrión foráneo no tenía la más mínima intención de hacerlo y mucho menos la destreza. En el primer intento, cogió un escueto puñado y los aventó hacia el interior de su boca pero sin abrirla. Supongo que hizo la maniobra adrede para escapar de la situación pero en verdad solo pudo retrasarla pues le dijeron que los coma de uno en uno. Atrapado sin salida, tuvo que hacerlo con una profunda mueca como si estuviese chupando un limón muy agrio. La mueca se prolongó por un par de minutos y no se cómo disimuló la arcadas que debió haber sentido.
Todo lo que hay que hacer para conseguir un rating alto en televisión. Increíble. Pero allí no terminó la cosa y el programa continuó. Recuerden que ese era sólo el entremés de la comida y de los platos de fondo al escoger. Para empezar, entre las carnes había mono frito, cortado en pedazos pequeños, sólo faltaba que estos salvajes hubiesen usado la cola del primate como decoración. Había varios tipos de arroz, de distintos colores, afortunadamente no precisaron cómo habían obtenido esos colores. Pero lo que le gusta al público son las cosas exóticas y no fueron defraudados. En seguida le anunciaron que le traerían pulpo al olivo. Vaya, al fin algo que acostumbro comer exclamó el anfitrión. Lo que nunca se imaginó es que la salsa de olivo, venía bien separada del pulpo por decirlo así. En efecto, no se trataba de un pulpo común, era una variedad que sólo se encontraba en los mares de Asia y su cabeza era del tamaño de un puño, los tentáculos larguísimos terminaban casi en una hilacha y todo el crustáceo era de un color anaranjado radiante. Lo dramático del caso es que se servía y se comía vivo. Ahora sé por qué Rafael Nadal no se quedó en Singapur.
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viajar a 17:11:32 in
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