UN VIAJE PARA NO OLVIDAR (30-11-2007)
A la última persona que esperaba encontrarme en mi viaje a Italia era a Olenka. Cuando planifique mi viaje a Italia, la idea era olvidarme un poco de todo, incluida mí última relación fallida. En efecto, muchas veces uno viaja simplemente para olvidar, trata de fundirse con una realidad ajena a la suya. Lo curioso es que el mismo Destino que en meses anteriores te hacía pasar momentos amargos, en poco tiempo te puede regalar momentos inolvidables y hacerte sentir vivo nuevamente. Como dije, salía de una relación que no cuajó y necesitaba olvidarme de ese asunto, sin embargo soy de las personas que no sabe voltear la página con facilidad y continuar la vida, razón por la cual no encuentro mejor remedio que hacer un viaje relativamente corto, una cura de sueño y unos días de estancia en un lugar donde no conozca a nadie son lo mejor para mí.
Era un día martes cuando tomé la decisión, hablé con mi pareja y dimos por terminada nuestra relación. Habíamos estado cerca de un año juntos pero nuestros horizontes eran evidentemente distintos, ella era muy intelectual para mí, mi espíritu era más bien viajero y necesitaba conocer lugares en directo, ella prefería conocerlos por la pluma de un escritor y formarse la imagen en la mente, punto irreconciliable. Luego del trago amargo decidí tomarme un par de semanas de vacaciones, afortunadamente en mi trabajo me dieron todas las facilidades y uno de mis asistentes quedó al frente de mi puesto. La misma tarde que dejé mi puesto encargado, me fui a la agencia de viajes que quedaba a escasos metros de mi centro de labores y solicité informes acerca de algunas ofertas de viajes. La señorita que me atendió en el mostrador era muy amable y parecía leer mis pensamientos, me dijo si lo que desea es alejarse de los problemas... y comenzó a detallarme los distintos paquetes turísticos que tenía en algunos países de destino. Le expresé que quería viajar a un país cercano, preferentemente a una ciudad costera. Fue entonces que la señorita mencionó Italia como posible destino, le pedí que continuara y me sugirió Bari, era una ciudad importante con una población muy densa, algo que sumado a su ubicación me terminó de convencer. Compré un pasaje para la ciudad italiana de Bari entonces y tomé un económico tour por la ciudad que incluía una visita nocturna a la Basílica de San Nicolás y otra hacia Castell del Monte. Me pareció suficiente, lo que yo más deseaba era entregarme a los más de 40 kilómetros de costa que tiene esta ciudad. Pagué con la tarjeta de crédito y abandoné la agencia rumbo a mi casa.
Ni bien llegué a casa, me puse cómodo y desconecté todo, timbre, teléfono y móvil, tomé un par de pastillas para dormir y me tiré sobre la cama. Dormí profundamente por más de 24 horas seguidas. Me desperté un tanto aletargado pero a los pocos minutos, luego de una ducha fría, me sentí renovado. Recordé que mi vuelo salía en dos días y comencé a alistar mi equipaje. Había perdido tanto la costumbre de viajar y de salir, que ni siquiera tenía una ropa de baño, así que decidí salir a comprar una, sin embargo a los pocos minutos me desanimé y pensé que lo mejor era comprarla en el propio Bari. Bendito destino. Todo quedó listo y a los dos días mi avión partía rumbo a Italia, la ilustre desconocida Bari aguardaba por mí. El viaje y la llegada se presentaron sin mayores inconvenientes. Ingresaba a mi hotel a las tres de la tarde de un día sábado y me instalaba en la habitación 203. El hotel me quedaba cerca el centro de la ciudad y recordé que debía comprar una ropa de baño para al día siguiente poder conocer alguna de las playas de la ciudad. Terminé de desempacar y bajé rumbo al centro de la ciudad. Luego de unos veinte minutos de disipado paseo Dios, había olvidado lo que se sentía- paré en una tienda que al parecer se especializaba en prendas de playa. En efecto, una vez dentro pude comprobar que tanto hombres como mujeres tenían una gran variedad de ropas de baño para escoger.
Cuando miraba la ropa en uno de los caballetes, escuché una voz por detrás que me ofrecía su ayuda para ubicar algún modelo de mi preferencia, no sé por qué pero el registro vocal me hizo viajar en el tiempo en un flashback de quince años cuando menos. Al voltear todo tuvo sentido, frente a mi estaba Olenka, ambos quedamos tan sorprendidos que enmudecimos por eternos cinco segundos luego de lo cual nos abrazamos sin mediar palabra. Fue un toque mágico. Las brasas, dejadas atrás hacia 15 años, recibieron una inyección de combustible sin explicación alguna. Resultaba que mi amiga Olenka radicaba hacía años en Italia y había puesto su negocio de ropas de baño, las cuales ella misma diseñaba. Eso no era todo, su negocio estaba creciendo y ya tenía tres tiendas, una en Bari y dos en Roma. Mi amiga fue espectacularmente premiada por el paso de los años, su cuerpo era perfecto, la había dejado con veinte años cuando tuvo que abandonar la universidad y ahora estaba plena a sus 35 años. En esas dos semanas fuimos más que dos viejos amigos. ¿Olvidar? ¿Quién habló de olvidar?
Era un día martes cuando tomé la decisión, hablé con mi pareja y dimos por terminada nuestra relación. Habíamos estado cerca de un año juntos pero nuestros horizontes eran evidentemente distintos, ella era muy intelectual para mí, mi espíritu era más bien viajero y necesitaba conocer lugares en directo, ella prefería conocerlos por la pluma de un escritor y formarse la imagen en la mente, punto irreconciliable. Luego del trago amargo decidí tomarme un par de semanas de vacaciones, afortunadamente en mi trabajo me dieron todas las facilidades y uno de mis asistentes quedó al frente de mi puesto. La misma tarde que dejé mi puesto encargado, me fui a la agencia de viajes que quedaba a escasos metros de mi centro de labores y solicité informes acerca de algunas ofertas de viajes. La señorita que me atendió en el mostrador era muy amable y parecía leer mis pensamientos, me dijo si lo que desea es alejarse de los problemas... y comenzó a detallarme los distintos paquetes turísticos que tenía en algunos países de destino. Le expresé que quería viajar a un país cercano, preferentemente a una ciudad costera. Fue entonces que la señorita mencionó Italia como posible destino, le pedí que continuara y me sugirió Bari, era una ciudad importante con una población muy densa, algo que sumado a su ubicación me terminó de convencer. Compré un pasaje para la ciudad italiana de Bari entonces y tomé un económico tour por la ciudad que incluía una visita nocturna a la Basílica de San Nicolás y otra hacia Castell del Monte. Me pareció suficiente, lo que yo más deseaba era entregarme a los más de 40 kilómetros de costa que tiene esta ciudad. Pagué con la tarjeta de crédito y abandoné la agencia rumbo a mi casa.
Ni bien llegué a casa, me puse cómodo y desconecté todo, timbre, teléfono y móvil, tomé un par de pastillas para dormir y me tiré sobre la cama. Dormí profundamente por más de 24 horas seguidas. Me desperté un tanto aletargado pero a los pocos minutos, luego de una ducha fría, me sentí renovado. Recordé que mi vuelo salía en dos días y comencé a alistar mi equipaje. Había perdido tanto la costumbre de viajar y de salir, que ni siquiera tenía una ropa de baño, así que decidí salir a comprar una, sin embargo a los pocos minutos me desanimé y pensé que lo mejor era comprarla en el propio Bari. Bendito destino. Todo quedó listo y a los dos días mi avión partía rumbo a Italia, la ilustre desconocida Bari aguardaba por mí. El viaje y la llegada se presentaron sin mayores inconvenientes. Ingresaba a mi hotel a las tres de la tarde de un día sábado y me instalaba en la habitación 203. El hotel me quedaba cerca el centro de la ciudad y recordé que debía comprar una ropa de baño para al día siguiente poder conocer alguna de las playas de la ciudad. Terminé de desempacar y bajé rumbo al centro de la ciudad. Luego de unos veinte minutos de disipado paseo Dios, había olvidado lo que se sentía- paré en una tienda que al parecer se especializaba en prendas de playa. En efecto, una vez dentro pude comprobar que tanto hombres como mujeres tenían una gran variedad de ropas de baño para escoger.
Cuando miraba la ropa en uno de los caballetes, escuché una voz por detrás que me ofrecía su ayuda para ubicar algún modelo de mi preferencia, no sé por qué pero el registro vocal me hizo viajar en el tiempo en un flashback de quince años cuando menos. Al voltear todo tuvo sentido, frente a mi estaba Olenka, ambos quedamos tan sorprendidos que enmudecimos por eternos cinco segundos luego de lo cual nos abrazamos sin mediar palabra. Fue un toque mágico. Las brasas, dejadas atrás hacia 15 años, recibieron una inyección de combustible sin explicación alguna. Resultaba que mi amiga Olenka radicaba hacía años en Italia y había puesto su negocio de ropas de baño, las cuales ella misma diseñaba. Eso no era todo, su negocio estaba creciendo y ya tenía tres tiendas, una en Bari y dos en Roma. Mi amiga fue espectacularmente premiada por el paso de los años, su cuerpo era perfecto, la había dejado con veinte años cuando tuvo que abandonar la universidad y ahora estaba plena a sus 35 años. En esas dos semanas fuimos más que dos viejos amigos. ¿Olvidar? ¿Quién habló de olvidar?





