Hemos entrado en el túnel que nos lleva hacia el avión y delante de mí están mis amigos. Todos muy risueños por la encantadora semana que vamos a vivir fuera del país disfrutando de la magnificencia histórica y cultural de Grecia. Ya cerca de la ciudad, sobrevolándola en el avión, se siente la emoción de todos los pasajeros de saber que estamos arribando a Atenas, esa ciudad que hace muchos siglos fue la fuente de la cultura más rica que se nos haya entregado y que permanece aún muy fresca en la cabeza de todos los habitantes de este planeta. La misma ciudad que pudo haber sido llamada, durante su época de mayor esplendor, su siglo de oro, la capital mundial de la cultura por ofrecer a sus habitante la posibilidad de disfrutar de cientos de posibilidades de aprender al lado de los más grandes maestros los secretos del pensamiento humano, así como las técnicas más ocultas y más desarrolladas para desempeñarse en cualquier campo del arte que se practicara por esos tiempos. Es, de esta forma, que el punto más alto de Grecia se puede ejemplificar por los frutos que hoy conocemos de sus hijos más reconocidos entre los que se cuentan filósofos, escritores, deportistas, políticos, etc.
Una vez en el centro de la ciudad, lo más atractivo, o al menos lo primero que queríamos conocer, era el Partenón. Siempre habíamos oído hablar de él, además la fama con la que cuenta, y la belleza de la que se habla, no pudo dejarnos tranquilos, y nosotros pedimos al guía ir inmediatamente hacia allá. Nos dijo que era lo que los turistas siempre pedían ver, y que tenían mucha razón en querer conocerlo pues era impresionante su fuerza, además de tener decoraciones muy artísticas que bien valían los elogios, pero que Grecia, y sobre todo Atenas, era mucho más que sólo el Partenón. Por el momento no nos dijo nada más y nos llevó a visitar el lugar que tanto habíamos esperado. Vimos, deslumbrados sus columnas sosteniendo el techo gigante que sobre nosotros parecía como que flotaba. Ahora sí estábamos contentos. Sin embargo no sabíamos lo que luego ocurriría.
Luego de salir, nuestro guía de viajes nos dijo, ahora lo que les prometí, se refería a que nos había dicho antes que la ciudad era mucho más que el Partenón. Entonces subimos al auto que no esperaba afuera, y mucho más entusiasmadotas ahora que antes, esperamos ver algo mejor. Sin duda, todo lo que comentábamos en el transcurso era qué podía ser mucho mejor que la visita que acabábamos de concluir. Pensábamos en un solo lugar, otra maravilla de la cultura clásica que siglos atrás se había desarrollado por donde ahora nosotros andábamos. Pero fue grande nuestra sorpresa cuando descubrimos que no era nada por el estilo. Llegamos al centro de la ciudad y pronto pudimos comprender que no era sólo eso lo que maravillaba a los habitantes de la ciudad. Tanto las muestras de la arquitectura más antigua, como de los mejores ejemplos del vanguardismo del siglo XXI en el arte de la construcción estaban mezclados, juntos en un universo de contrastes ejemplares.
Fue así como descubrimos la grandeza y la diversidad en la maravilla de visitar Atenas. Con toda la muestra de la riqueza cultural con la que cuenta: la de hace más de 5000 años y la del siglo presente.