Me cuesta mucho ser objetivo al respecto. Odio demasiado al chavismo como para sentirme cómodo con este títere del eje La Habana-Caracas, aunque uno sospecha que a los venezolanos, a Chávez, se lo están viviendo esta parranda de chulos caros que lo saben... eh, bueno, no muy centrado y sin mujer y sin familia. Durante la cumbre en Chile, famosa porque un rey soltó la frase ¿por qué no te callas? (cómo les dolió), al señor Morales se le notaba apartado, callado, no se sumaba a ningún grupo de participación, temeroso de hacer un acuerdo que fuera a traer sobre sí las iras del venezolano. Parecía un empleadillo de esta Asamblea Nacional, temeroso de expresarse por si al Comandante no le parecía. Cuando Álvaro Uribe Vélez, ese hombre odioso, se le acercó ofreciéndole que hablaran con los delegados de Perú y Uruguay, fue lastimoso verlo negarse, evasivo. No se movió hasta que Chávez llegó, ¿cómo puede eso ser presidente de una nación soberana, y que encima le reclama a los que se le oponen en su país? ¿Con qué cara?
La forma en la cual la oposición boliviana enfrenta los garrotazos bárbaros es notable, pues hasta instituciones como la Corte de Justicia se entrega al poder del momento sin sopesar las cosas duraderas como la nación, la república, las leyes, de lo que se colige que magistrados de verdad, no son. Por suerte esta oposición actúa de una forma coordinada, ojala no sigan llegando maletas y petro dólares, por experiencia sabemos que eso calla muchas conciencia. Pero eso es nada comparado con el valor y el arrojo con el cual la gente común se lanza a las calles, a favor o en contra, por lo que cree. Hace tiempo trabajé con una boliviana, eran los tenebrosos tiempos de Carlos Andrés Pérez cuando todas las semanas había un rumor del golpe de estado; ella me dijo que aquí en Venezuela no sabíamos hacer las cosas, que en Bolivia la gente se cansaba del gobierno, se juntaban cien e iban y lo tumbaban. Así me dijo. Por ese entonces pensé: que envidia, y aún ahora lo pienso; aunque por otro lado, ningún país del mundo avanza así.
No se trabaja, no hay un esfuerzo largo, sostenido y constante. Un país donde cada cierto tiempo todo comienza, con la dichosa costumbre de países pocos serios donde la historia, el progreso y lo bueno comienza con el gobierno de turno, y siempre se empieza de nuevo abandonando lo ya hecho, no hay tiempo para cosechar metas pasadas. Si todos los años se saca la mata de mango que se sembró el año anterior para plantar una nueva ¿cuándo llegan los mangos y la sombra? Como en muchas otras naciones sometidas a los abatares de la pobreza y la improvisación de años y años de malos gobiernos, los bolivianos parecen querer dar un salto al vacío a ver si todo lo resuelven con un golpe de suerte; un grupo recorre las calles gritando abajo lo viejo, péguenle candela a todo y luego levantaremos algo mejor, y muchos prestan oídos. Por suerte hay gente común, sensata, que notan que quienes gritan no dicen cómo, ni cuándo ni con qué van a levantar ese mundo mejor (lo único que parece importarles es la reelección, y si es indefinida mejor), y se resisten a quemar la sabana. Ante eso, acosado por Caracas y La Habana, Evo Morales y el MAS se lanzan en una de cogerse todo el poder para ellos, vía habilitarte y reconstituyentes, ilegalmente, ya que las normas que la propia Constitución prevé, se la saltan a la torera, porque son arrechos y el resto no cuenta, reunidos entre media noche y gallos para dar el madrugonazo.
Sin embargo no todo le salió bien, hay sectores y provincias enteras que le salieron respondonas, y ante la imposibilidad de matarlos a todos, aunque talvez lo deseen, deben pactar. Hace tiempo viene barajándose la idea de separar' provincias, cosa que no quiere Evo Morales ni su gente ya que al parecer son las más ricas, cosa curiosa, las separatistas. Y al parecer no se trata únicamente de que sus dirigentes o ricos defiendan lo que tienen, sino la gente común que vive en esas zonas. Tal vez relacionan seriedad, gerencia, ley y orden a ese progreso, cosa que no se ve en otras provincias más dadas a quemar lo viejo y saltarse la ley a lo macho. Un dirigente del MAS, no apunté su nombre pero aparecía en CNN, gritaba que era una barbaridad, que no permitirían la desintegración del país ahora que esos separatistas intentaban llamar a una consulta popular. En todas partes los vagabundos son iguales. Es legal, porque él y Evo lo quieren, modificar la Constitución en una encerrona sin los dos tercios del Congreso, pero es un delito que otros pretendan algo que ellos no quieren. Es la vieja ley del embudo, ellos pueden llamar a un referéndum para hacer lo que quieran con las leyes, pero si otros llaman a una consulta para algo opuesto, es una monstruosidad.
Hace tiempo se corrió el rumor en Venezuela de que el Gobierno iría contra la gobernación del Zulia, en manos de la oposición, porque planeaban separase del territorio, por intrigas de Estados Unidos (Dios, que mentes tan siniestras; pobre chavismo, no duermen ni trabajan pendiente de esa gente). Yo dije, y creí ser original pero como cien ya se me había adelantado en la oficina, que si el Zulia se separaba, yo vendía todo y me iba para allá antes de que cerraran la frontera. Como juego, broma, está bien, pero eso de separar un país así como así es un asunto delicado, sobretodo con Perú y Brasil ahí, como caimanes en boca de caño, esperando caer sobre los más débiles; y que no se engañen los bolivianos como una vez nos engañamos los venezolanos, aún con Colombia y Brasil; si llegan a tener problemas graves, no esperen ayuda de nadie, no existe eso de países hermanos, sólo hay intereses de bolsillos.
Pero, por otro lado, caer bajo la bota de la sanguinaria represión castrista, como en Venezuela, o la incapacidad y corrupción descarada y muerta de hambre (no disimulan los cobres) de la izquierda tampoco es grato. Las opciones parecen pocas, delicadas y contrapuestas. Llegados a esa encrucijada muchos prefieren no hacer nada y ver si la cosa se resuelve sola. Esa forma de pensar y actuar es peligrosa, y peor, nos responsabiliza totalmente después de lo que pase; aunque hay personas que lanzan un escupitajo por una ventana y jamás parecen meditar en: ¿y si cae sobre alguien? No les importa porque carecen de un sentido natural de responsabilidad. También el miedo, legitimo o no, paraliza. Se quiere actuar, se piensa mucho en ello... pero no se hace nada sólo para lamentarlo después (como pudo pasarle a un tipo en una tienda de campaña en una montaña una noche si no se hubiera decidido a levantar una mano). Dicen que el mal triunfa cuando la gente buena se abstiene de actuar. Será.
¿Qué puede hacer Bolivia?:
-¿Dividirse, desgarrando a la pequeña nación, con el riesgo de que una porción se empobrezca más y la otra quede bajo la tutela' de otros, y aún a riesgo de que se desate una guerra civil?
-¿Someterse a la bota cubana y soportar por quién sabe cuánto los dictados de diosecitos que se creen dueños de vidas y destinos (y dígame si el líder está loco)?
-¿Llamar a elecciones anticipadas y comenzar de nuevo?
-¿Fingir pactar y rectificar sin hacerlo en verdad, siempre en pugna mientras el tiempo pasa?
Todas tienen trampas, son delicadas y no pronostican nada bueno, ni en lo inmediato ni en el futuro; no se puede comenzar indefinidamente, los recursos ni la paciencia soportan tanto. Ojala tengan suerte, aunque no parecen tener mucho sentido común, es raro que no vieran que ese desastre estuvo pasando en Venezuela antes. Parece que sólo Perú prestaba atención, y a México lo salvó la Guadalupe. Dicen que la patrona de Venezuela es la Coromoto, yo ya estoy recogiendo firmas para pedir cuentas...
Julio César.





