Julio César.
Julio César.
Julio César.
Nervios de primera vez.
-No... no lo sé, Renato. Esto es... -se inquieta Luque, mientras sus pantalones salen expertamente, para que no se mojen, y eso que le quedaban ricamente ajustados, como sabían todos en el campus universitario, muchos muchachos soñando con ese momento, el de bajárselos.
-Calma, chamo. Entiendo tus nervios, pero debo decirte, modestia aparte, que soy un experto. Mientras otros se inyectaban drogas como unos güevones para ver si sentían algo, o iban al gimnasio para ser más lindos que las chamas o se encerraban a ver porno por la tele, yo me ejercitaba a la antigüita. Me gusta atender bien. Primero oleré un poquito resoplando en el punto justo, eso provoca temblorcitos. Con un dedo iré explorando, metiéndolo, sintiendo la humedad, la textura suave y sedosa. Cuando lo tenga bien metido, lo moveré un poco, revolviendo. Eso causa tanto placer que ni te imaginas y te hace desear más. Luego enfilo mi lengua, la meto un poco y pruebo; después la meto más, paladeando, lamiendo un poco, sintiendo ese saborcito rico en ella. Con la boca bien pegada a la punta tragaré, jugando con mi lengua, saboreando... -enumera suavemente, tomando una botella de licor de la mesa.- Y así, cuando terminemos con esta botella de vino, vemos qué más hacemos...
Julio César.
¿No odias cuándo te pasa esto?
Coño, tanto esforzarme en la carrera y sólo conseguí esto, estar tan tenso y duro. Ojalá el panita quiera darme... una mano al menos. Y ese asiento me sudó todo el culo; es lo malo de la bicicleta... lo deja mojado y caliente.
Julio César.
-¿No lo has probado? ¡No sabes de nada...!
¿Cuántas veces no ha ocurrido? Dos carajos, amigos de toda la vida que se reúnen un sábado a ver una tanda de juegos de fútbol, entre gritos y discusiones tontas, dejados solos por sus mujeres que salen a hacer cualquier otra cosa a calarse esa, que al final de la tarde terminan así, con uno hablándole al micrófono, probándolo y comiendo lo que halla. Hablan de política, de accidentes... y finalizan en lo que hacen con sus mujeres, con bultos bajo los shorts que no tardan en emerger. De ahí a que se pongan inventivo uno; remolón el otro; insistente el que se agarra y agita, llamativo; dudoso el otro pero con la mirada clavada. No falta, ni falla, que el riente le tome la nuca al pana y lo hale un poco, siendo tímidamente rechazado por el otro que respira más pesadamente... hasta que con la boca echa agua baja y bebe todo lo que hay, con ruiditos, relamidas de gusto y placer, mientras el pana ríe más, dando leves saltitos de caderas, de gusto por la camarería en el sofá. Esas amistades o se arruinan, o se consolidan. Siempre pasa. Siempre el que desea ser... atendido especialmente, dirige la conversa, las tocadas e ideas hacia ese lado... al otro sólo le queda tragar saliva y todo lo demás, bajando luego con ganas en el asunto. Tampoco es raro que uno termine usando las tanguitas de la mujer para reuniones futura de esas tardes deportivas, de esas que cubren poco atrás donde siempre se cuela algo.
Julio César.
Saludos a todos,
Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:
- Escribir, o hacer el intento de escribir.
- Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.
- Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.
Espero les agrade mi trabajo...