Mano dura con los chicos traviesos.
-Tienes que mantener aseadas tus botas, ¿no entiendes? -grita ronco; PLAS, PLAS, PLAS, mientras del chiquillo de agita y revuelve entre sus piernas.
-Si, Sargento... Ahhh... -cierra los ojos cuando la mano cae otra vez, PLAS, estremeciéndose y apretando los dientes, arqueando la espalda.
-Es increíble como tengo que disciplinarte cada dos días... -gruñe, mirándolo agitarse sobre sus muslos. Era agotador alzar y bajar la mano sobre las redondas, firmes y jóvenes mejillas, que se estremecían y enrojecían; pero esos muchachitos, nuevos reclutas, necesitaban eso, una firme, dura y enorme... mano que les impusiera límites. Debía atender a siete u ocho diariamente.
-Lo siento, Sargento, he sido malo y merezco que me discipline. gime el chico, mareado, esperando la próxima nalgada. PLAS.- Hummm...
-Niño malo, niño malo... -ronronea, recorriendo con su dura mano esas tersas carnes calientes y rojas, antes del PLAS.- ¿Qué se dice, soldado?
-Señor, disciplíneme más, señor. ladra un largo gemido, elevando la nuca y estallando en una copiosa lluvia, abundante y cálida, mojando al otro... de sudor.
......
Esta fijación es fácil de entender, ¿verdad? Esta foto lo tiene todo: el tipo grandote y viril, el chico más púber. El sujeto con la cadena militar en su cuello, con el otro en sus piernas, azotándolo, sometiéndolo, atrapándole el cabello con su mano. La películas de este tipo tienen su encanto, recuerdo una de un vigilante en un centro comercial que fue raptado por tres tipos que se metieron en un deposito. La azotina fue de antología.
Julio César.





