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SECRETO DE LA MONTAÑA

AMOR ADULTO
HEATH AND JAKE
EL PERCANCE (12-07-2008)

   Yo lo habría hecho también... como broma, claro.

   -Pero ¿qué fue lo que te pasó, Ricardo? –la voz de Susana sonaba agitada.

   -Cónchale, amiga, eso fue increíble, casi me muero de la impresión. Ahí estaba yo, de bolsa, paseándome por los new yores, más perdido que el hijo de Limber, cuando llegué a esa cancha deportiva. Y de lejitos veo a este tipo que por alguna razón se veía llamativo; no sabía por qué. Pero cuando se vuelve, con su gorrita, su sonrisota, su bermudas bajito en la cintura, sin camisa, lo reconocí... ¡era él! –gime casi histérico. Ella lo mira con la boca abierta, casi jadeante, moviendo la cabeza indicándole que continúe.- Lo llamé, creo que soné todo maricón, grité y salté para llamar su atención. Hice tanto escándalo que me miró, y sonrió más, como un angelote lindo. Dio unos pasos hacia mí. Creo que venía a saludarme, imagínate cómo me vería yo de todo atolondrado que se decidió a calmarme. Fue cuando pasó... -la voz se estrangula.

   -Sí, sí, cuéntame... -casi grita ella.

   -Cuando se descuidó, mirándome, ese amigo que siempre anda tras él, el muy maldito... -suena celoso y resentido.- ...juguetonamente le haló el bermudas... ¡bajándoselo!

   -¿Qué...? ¡Dios...! ¿Y qué hiciste, qué viste?

   -Ay, chica, cuando desperté iba camino a un hospital... -gime terriblemente apesadumbrado.- ¡Me había desmayado! Cuando logré saltar de la ambulancia en plena marcha, casi provocando un choque masivo, y regresé... ¡ya se había ido! –jadea, mientras Susana le palmea la espalda, compadeciéndolo. ¡Qué tragedia!

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 04:16:15 in HEATH AND JAKE | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
QUÉ  HACES  AHÍ,  GUAPO...
DE HOSTAL Y ANATOMÍA (12-07-2008)

   Por Dios, eran enormes...!!!

   Sebastián anda en una de viaje por Europa con Mariana, la novia, después de terminar el bachillerato y antes de comenzar la universidad, y en Colonia, Alemania, pernotaron en un tranquilo hostal a las afueras. Mientras tomaba un cálido baño antes del almuerzo, el joven fue sorprendido por otros habitantes del lugar, que luego supo eran estudiantes de medicina. Eran cuatro jóvenes, muy catires y enormes alemanes (le recordaron a los jugadores de la selección durante la Eurocopa), que rieron al verlo, lo señalaban, asentían con la cabezas diciéndose algo unos a otros, desnudándose, dejándolo sorprendido, ¡¡¡eran enormes, rojizos y totalmente envarados!!! Incómodo aunque sin saber por qué los vio entrar, y gimió y entendido cuando cuatro pares de manos lo sobaron, tocaron, recorrieron y acariciaron todo, sus pectorales, abdomen, más abajo, adelante y atrás. Gimió asustado cuando esas bocas le cayeron encima por todos lados, y cada uno sabía usar la lengua y dientes. Luego lo alzaron en peso para explorar mejor. Tal vez era por la hora, pero esos chicos lo comían con ganas, mientras otro le ofrecía un buen trozo de carne, metiéndoselo casi a la fuerza, aunque él saboreaba generalmente otras vainas (de Mariana), pero le encontró el sabor. Lo exploraron a fondo, hondo... y duro. Y los cuatro. Al parecer era una buena clase de anatomía.

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 04:09:41 in QUÉ HACES AHÍ, GUAPO... | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
ACTUALIDAD
EL NEGOCITO (12-07-2008)

   Lo tiene bueno, barato y bonito...

   Nada. En la vidriera enmarcada en colores oscuros no había ningún objeto, ninguna cosa que permitiera descifrar mejor aquel cartel: caballero, pase, descubra y lleve nuestro fascinante y excitante producto. Eso rezaba. Llamativo, exótico. Ambiguo. Los hombre, jóvenes y los no tanto, que se detenían y miraban, sentían la curiosidad correr por sus venas: pornografía, sólo podía tratarse de eso. Y tragaban saliva como los perros de Pavlov. Tan convencidos estaban que al acercarse alguna mujer por el pasillo del Centro Comercial escapaban casi a la carrera, como si temieran verse sorprendidos pagando a una trabajadora de la calle, y con moneditas. Generalmente la mujer que  pasaba miraba el cartel, enfurruñaba la cara, también creía era pornografía y miraba al prófugo intentando descubrir quién era para denunciarlo. 

   Sin embargo, algunos entraban picados por la curiosidad. El lugar era pequeño, tal vez un metro y medio de ancho, por dos de largo ya que una barra alta limitaba el espacio. Detrás había una cortina, cerrada, que atrapaba las miradas calenturientas y desataba las imaginaciones (aunque todas iban camino a la bragueta, sin mucha originalidad), ¿qué habría allí, detrás de esas telas baratas de cuadritos?: pornografía, mucha, nueva y desconcertante pornografía, era la respuesta excitante y embriagadora. Incluso había quienes pensaban, los más desatados, en algún tipo de lugar donde hermosa chicas... La imagen quedaba corroborada por dos detalles. Uno era el vendedor, un joven delgado de sonrisa enigmática, agradable, atractivo a su manera, una que era ambigua también; la clase de sujeto que vende porno y no causa inquietud (o favores sexuales, pensaba mas de uno con ciertas cosquillas). El segundo detalle eran las fotografías en las paredes laterales.

   Eran de chicas jóvenes, increíblemente pechugonas y cubiertas por mínimas tiritas por sostén, que invitaban a hacer preguntas: ¿Cómo se sostenían? ¿Por qué no reventaban? Las miradas de las chicas eran empañadas, sugerentes, anhelantes, como la de modelos profesionales, esas pobres muchachas muertas de hambre que parecen venir de veranear en Somalia y que se encontraran de pronto ante una hamburguesa con todo, caliente y olorosa. Las otras eran de tipos jóvenes, mazacotudos, lampiños y de miradas que intentaban ser virilmente masculinas, pero que difícilmente hubieran atraído la atención de las mujeres, inquietando únicamente a algunos tipos. 

   -¿Dígame, señor? –pregunta el joven, cortando al cliente, ¿qué iba a decir?

   -Eh, yo, pasé para ver qué había. 

   -¿Sí...? –y lo mira fijamente, haciéndolo sudar.

   -Si, me preguntaba... ¿qué venden aquí? –se lanza de sopetón, ¡ahora sabría! 

   -¿Usted qué buscaba? ¿Qué desea encontrar? –responde el chico y lo desconcierta y asusta.

   -Yo, no lo sé, ¿qué venden...? –insiste, algo histérico, sintiéndose molesto también. 

   -Satisfacción. –responde con una sonrisa tonta, amistosa, como si explicara todo, y no explicaba un coño.- ¿Le interesa?

   -No lo sé... -angustiado, presintiéndose atrapado en algún macabro juego, insiste.- Cuando dices satisfacción... -se corta y acalora, está molesto y curioso, desea irse, seguro de haberse equivocado, pero atado también. Allí debía haber algo inimaginable, bueno, sorprendente y único (porno del duro). 

   -Eso. Satisfacción. –repite el joven algo impaciente por primera vez, mirando elocuente su reloj.- ¿Le interesa o...? –y el otro se atraganta, quiere preguntar qué carajo es lo que tienen, pero no se anima.

   -Bueno... -capitula.  

   Lo mira sonreír y entrar a la trastienda. El chico vuelve casi en seguida con una caja grandecita, aparentemente pesada. ¿Alguna muñeca? ¿Una caja de DVDs? ¿Algún libro? ¿Tal vez... (y tiembla de fiebre) algún juguetito exótico? El muchacho tiende la caja en la barra, al tiempo que otra persona, una mujer, sale de detrás de la cortina. El joven saca un libro hermoso, grueso, de apariencia muy costosa.

   -Esta es nuestra mejor obra. Una Sagrada Biblia finamente encuadernada, para que aproveche sus momentos de ocio y soledad, ilustrada para que los muchachos la disfruten, y tiene hojas en blanco para que trace su árbol genealógico. Será  la Biblia familiar, ¿no es hermosa, madre Teresa?

   -Así es, hijo mío... -responde la monja sonriente, pero mirando al cliente con ojos de halcón.- ¿Se lleva esta sola o desea dos o tres más, para sus amistades?

...... 

   Si yo tuviera dinero para botar, montaría un negocito así por una semana, tan sólo para molestar. De hecho pensé en titularlo: TRAMPA PARA TURISTAS; pero habría sido muy obvio, ¿verdad?

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 04:05:47 in ACTUALIDAD | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
RELATOS DE MALDITOS
EL SUEGRO… (3) (12-07-2008)

   Todo en él le gustaba, hasta el calzoncillo...

   Félix, en su vida militar ha tenido oportunidad de hacer una considerable fortuna no siempre de forma legal, para darle a Karina una vida desahogada, esta a punto de retirarse y debe cubrir lo que será su vida futura. Por eso cuenta con chofer. Como esa noche tenía planeado someter a Pablo a sus deseos, había llevado al chofer que terminaría cargando con el carro del joven. En sus planes no cuadraba que se quedara allí y alguien se preguntará dónde estaba Pablo. Así que baja a darle las instrucciones para que lleve su auto a casa, después vuelve por Pablo. Juan y Marcos aún permanecen inconscientes y su futuro yerno está casi sin sentido.

   -Pablo, Pablo, oye... te voy a llevar a tu departamento, dame las llaves de tu carro. -le dice Félix.- ¿Dónde están?

   -En... en mi pantalón, la bolsa. -responde aún sin abrir los ojos.

   Félix disfruta el meter la mano en las bolsas del ajustado jeans de Pablo, con lentitud, sólo para comprobar que los músculos del joven tienen la dureza perfecta.

   -En la bolsa de adelante. -dice Pablo al sentir como la gran mano de Félix estaba explorando una de sus bolsas traseras, sintiendo la dureza de sus nalgas.

   -Perdón. -dice fingiendo una pena que no siente.- Aquí están. -gruñe mientras saca las llaves, no sin antes haber tocado ligeramente el grueso y largo miembro de Pablo, que aún permanecía duro por la cogida con la chica.

   El hombre apoya el brazo de Pablo en su hombro, además de tomarlo por la cintura par ayudarlo a caminar junto con él hasta el auto. Pablo siente que cada vez todo gira más rápido, aunque en él el efecto del anestésico no fue tan fulminante como en sus amigos. Llegan hasta donde esté estacionado el auto.

   -Es mejor que vayas en el asiento trasero, así podrás recostarte mientras llegamos. -le sugiere Félix, mientras abre la portezuela trasera, para que Pablo pueda recostarse a lo largo del asiento, aunque de todos modos tomando en cuenta la altura del musculoso joven será difícil que vaya cómodo. Aprovecha para tocarle los muslos mientras lo ayuda a subir las piernas al asiento, tratando de ayudar sin que Pablo note la dura verga que abulta escandalosa y que ya ha manchado su pantalón, aunque por ser de color oscuro se nota menos.

   El camino hacía el departamento de Pablo es corto, pero a Félix le parece largo el tiempo que tarda en llegar al lugar del desflore anal de su yerno. No puede dejar de imaginarlo caído de panza en una cama, mientras él le clava duramente su güevo. Al llegar, Pablo esta ya casi dormido. El trayecto en el auto lo ha rendido más. Su camisa se ha desabrochado algunos botones por lo que Félix tiene la vista directa hacía los oscuros pezones que sobresalen en esas montañas musculosas de un atractivo pecho varonil. Para Pablo la presión de las manos de Félix sobre su cintura o su pecho, fingiendo ayudarlo a mantenerse en pie pasaban desapercibidas. Félix ayuda a Pablo a entrar a su piso y lo lleva hasta la recamara.

   -Creo que te haría bien un baño antes de dormir. -le propone mientras lo ayuda a recostarse. Pablo apenas puede escucharlo, el sueño es cada vez mas intenso.- Te preparare la tina de baño.

   El ruin sujeto entra al cuarto de baño y empieza a llenar de agua la tina, se imagina como se verá el reflejo del agua en esas curvaturas de músculos de su yerno. Desea verlo desnudo, no imaginar como es, sino verlo. Tocarlo, recorriendo cada centímetro de su cuerpo increíble, saborearlo detenidamente con su lengua ávida. Después de llenar la tina de baño y prepararla, regresa a la recamara en donde Pablo ya está prácticamente dormido. Félix empieza a quietarle la camisa, termina de desabrocharle los botones que aun faltaban, para abrirle de golpe la fina prenda, dejando expuesto el perfecto tórax de Pablo, duro, firme prominente, con los pezones café oscuro, de forma perfecta y apetecibles, como invitando a ser succionados, chupados, lamidos, -podría pasar horas chupándolos- piensa Félix mientras sigue quitándole la camisa.

   -Hummm... -Pablo apenas responde con algunos gemidos, sin oponerse, aunque se da cuenta; no entiende lo que Félix planea hacer.

   -Te ayudaré a quitarte el pantalón. -le dice mientras le desabrocha el cinto y el botón del ajustado jeans, empieza a desabrocharlo, prenda que a duras penas puede contener la dura carne masculina y sexual de Pablo, el enorme paquete amenazaba con romper el pantalón en cualquier momento, igual que la verga de Félix que está babeando por el jugoso banquete que le espera. Le costaba no caer sobre él, metiéndole la lengua en la boca, pellizcándole los erectos pezones, apretándole la tranca.

   Las manos de Félix, lentamente, recreándose en el momento tan esperado, comienzan a bajar el jeans por los fuertes muslos, para después tomarlo de las orillas de las piernas e irlo estirando. Poco a poco las musculosas piernas de joven van quedando ante la lascivia vista del sátiro, quien casi se muerde los labios para no arrojarse y sobar esas piernas, recorriéndolas, besándolas, lamiéndolas. Esas piernas eran un ejemplo de perfección muscular.

   Pablo queda recostado sobre la cama, usando solamente unas truzas de color blanco, de algodón, pequeñas, que se ajustan perfectamente a la anatomía de sus nalgas y su entrepierna. Es fácil adivinar lo que hay debajo de ellas, la rosada cabeza de la verga de Pablo, se alcanza a ver por debajo de la delgada tela. Sus musculosas piernas están ligeramente separadas así como sus musculosos brazos descansan a los lados de su cuerpo. Félix lo observa algunos instantes, admirándolo, lo sabía apuesto pero jamás imaginó plenamente que tendría a ese rico ejemplar en sus manos. Ahora lo hace girar, lentamente, para no alarmarlo. Con suavidad lo coloca boca abajo. Todo queda a su vista, la perfecta espalda, estrecha en su unión con la cintura y las prominentes nalgas, que apenas alcanzan a ser cubiertas por le ropa interior, algo hundida entre ellas, invitando a ser tocada, los brazos fuertes firmes descansan abiertos.

   -Hummm... -los gemidos de Pablo, tratando de volverse boca arriba en la cama, hacen que Félix presione en los duros hombres del joven para que no se mueva de posición después de eso. El hombre se quita la corbata; aunque sabe que Pablo no se encuentra en sus cinco sentidos, probablemente le de algo de pelar poder someterlo y hacerlo suyo, así que debía actuar antes.

   La fina corbata de seda es lo suficientemente resistente, así que Félix, sin mover bruscamente a Pablo, empieza a atarle fuertemente las manos a la espalda, tratando de hacerlo lo más rápido posible pero sin que el futuro yerno note lo que está sucediendo. Sabe que de eso depende el éxito de lo que tiene planeado, de lo que lo ha movido en estos días desde que conoció a Pablo. Los músculos de la parte posterior de los brazos de Pablo se marcan más cuando Félix ata las manos a la espalda asegurándose de que queden firmes, sin que pueda romper las ataduras fácilmente.

   -Listo, ahora... -lentamente pone sus manos sobre las duras nalgas de Pablo, sintiéndolas sin que el joven se de cuenta real d de lo que está haciendo. Las manos sin moverse sólo quedan posadas sobre las duras nalgas; quietas, aún por encima de la tela de la truza que cubre el sensacional trasero siente el calor de ese culo, la firmeza.

   -Hummm... -Pablo siente que algo no anda bien, ningún hombre lo había tocado antes ahí. Entre su pesado sueño, trata de responder, de volver a la conciencia.- Félix... ¿Qué...?

   -¡Shhhhhh! -Félix le ordena callar con ese sonido mientras sus manos siguen tocándole las turgentes y redondas nalgas, esta vez moviéndolas en forma circular, recorriéndole todo su gran trasero.- Ahhh... muchacho...

   -¿Qué...? ¿Qué pasa, Félix? -pregunta asustado Pablo, tratando de recuperar la conciencia al sentir como las grandes manos de Félix están recorriéndole el trasero una y otra vez, clavándole los dedos en las carnes.

   -Quédate quieto. –le contesta en un tono imperativo.

   -No, no, ¿qué haces? -el sueño y la borrachera comienzan a evaporarse rápidamente. Trata de mover los brazos pero la fuerte ligadura le impide hacerlo.- ¿Por qué me ataste?

   -Jejeje, ¿no lo comprendes? –y esos dedos pellizcan la cálida piel.

   -Suéltame, ya fue suficiente para ser broma, Félix.

   -No es una broma, querido yerno, dentro de poco será una realidad.

   -¡Nooo! Suéltame, Félix, yo no, aggg... –Pablo, con un brusco movimiento, gira su musculoso cuerpo, para evitar que sus nalgas sigan al alcance de Félix, forcejeando aun sin poder desatar sus manos.- Félix, por favor, esto debe ser una broma, suéltame y nadie sabrá nada.

   Félix se pone de pie y queda frente a Pablo, que está jadeando, tratando de romper la atadura que le impide usar sus manos, dándose cuanta que esta casi desnudo. Realimente se ve soberbio sobre esa cama, piensa el otro.

   -No es una broma, Pablo, siempre tengo lo que quiero y tus nalgas me gustan; van a ser mías. Esta noche vas a convertirte en mi perrita caliente.

   -¡¡¡¿Cómo?!!! ¿Tú me desnudaste? Suéltame en este momento, Félix, o esta vaina va a terminar muy mal. Si Karina sabe esto, le causarás un gran dolor y vergüenza, jamás te lo perdonará. –le ruge entre inquieto y furioso.

-¿Yo le causaré dolor? Más bien tú. ¿Que diría si sabe que su esposo ha sido cogido por su padre, a quien le ofreció caliente su culito no virgen?

   -¡Hijo de puta! Desátame, suéltame, termina con esta estúpida broma de una vez.

   -No es una broma, eres tú el estúpido que así lo cree. Esto es bien real, mira como me tienes, cabrón. -le dice mientras se saca el duro miembro que esta escurriendo líquido seminal que cae hasta el piso, manchándole el pantalón a Félix. Es una tranca gruesa, larga, nervuda, casi oscura de sangre y deseos.-Desde que llegaste al cuartel, desee poder hacer esto, cabrón, someterte, tener mi verga entre tus nalgas, llenarte el culo de mi leche, hacerte mío. Cabalgarte y hacerte gemir con mi güevo en tus entrañas. Y esta noche serás lo haré, serás mi puta, Pablo. Todo lo que no pude hacer contigo en el cuartel, lo haré hoy y aquí, ¡jejeejeje!

   -¡No te atreverás, Félix! Suéltame, maldita sea.

   -¡Jejejeje! -Félix comienza a acercarse lentamente hasta donde Pablo está aún tratando de liberar sus manos, su verga se bambolea, erecta.

   -¡Noooooo! Déjame, Félix, déjame, ¡nooooooo! -los gritos de desesperación de Pablo se vuelven más intensos, sabe que Félix está decidido a violarlo, a penetrarlo aún en contra de su voluntad, de hacerlo suyo sin importarle que eso destruya la vida de Karina, quien jamás se imaginó que su padre pudiera hacer cosas tan desagradables.

   Aprovechando que tiene las piernas libres, cuando Félix se acerca a él, Pablo le lanza una fuerte patada tratando de faulearlo con un directo a las bolas, pero por su precaria situación alcanza a darle únicamente en el estomago, logrando hacerlo perder el equilibro y caer. Esos breves instantes cuando Félix cae al suelo, son determinantes, aún con las manos atadas a la espalda, se levanta de la cama, y en ropa interior trata de correr, para salir del departamento, pero la puerta de la recamara esta cerrada con llave. Félix previno todo eso, así que por más esfuerzos que hace no puede abrirla para poder salir. Con mayor desesperación, Pablo, ve como Félix va reponiéndose del fuerte golpe, y empieza a incorporarse. Teniendo aún la mano en el abdomen, mira fijamente a Pablo, quien lo ve con una mirada de terror desde la puerta de la recamara.

   Pablo repara en que la puerta del cuarto de baño está abierta, y ve eso como la salvación, si logra encerrarse en el baño. Tendrá tiempo suficiente para poder desatarse. Su pensamiento y sus acciones se unifican y corre rápidamente hacia el cuarto de baño. Entra y cierra la puerta, mientras alcanza a ver que Félix va tras él. Rápidamente Pablo se da la vuelta y trata de ponerle el seguro a la puerta del cuarto de baño, mientras empuja su cuerpo contra ella. Es difícil teniendo las manos atadas actuar con rapidez para el asustado Pablo, la borrachera ha desaparecido por completo, su resistencia física y el susto ha terminado por completo con la borrachera. Ahora era más importante para Pablo poner a salvo su trasero que segur dormido.

   Félix llega rápidamente al otro lado de la puerta. Las manos de Pablo torpemente por la presión tratan de poner el seguro pero cuando toma la perilla entre sus manos, del otro lado Félix empuja la puerta haciendo que suelte la perilla, por tratar de detener la puerta y evitar que el sátiro entre en el cuarto de baño. Al primer empujón, aunque fuerte, Pablo pudo evitar que la puerta se abriera aunque de todos modos esta teniendo dificultad para mantenerla cerrada. Félix, aunque es mayor, es un hombre fuerte aún, bastante fuerte, un buen contrincante para Pablo. La desventaja es que Pablo está imposibilitado de usar sus manos libremente.

   Los empujones de Félix en la puerta son cada vez más frecuentes y fuertes, puede tomar más impulso retirándose de la puerta y corriendo hacia ella para estrellarse, mientras para Pablo, es difícil poder ponerle el seguro ante tanto movimiento. Sólo atina a mantener su musculoso cuerpo para detener cada embate de Félix en la frágil puerta que ya casi cede. El sudor cubre ya todos los músculos del joven, sabe que debe detener al otro pero no tiene la fuerza necesaria para hacerlo en sus condiciones. Forcejea tratando de romper la ligadura, pero no es fácil. Félix es experto en hacer nudos, y la seda es difícil de desatar. El entrenamiento militar en ambos hombres los pone en igualdad de condiciones para la batalla, aunque la juventud de Pablo la ayuda, aunque las ataduras lo ponen en desventaja.

   Félix toma el suficiente impulso para arrojarse contra la puerta, logrando que esta se abra, y haciendo que Pablo no pueda contener ese fuerte empujón que incluso hace que la puerta del cuarto de baño se desprenda de la parte superior. Pablo cae cuan largo es en el cuarto de baño, a un lado de la bañera que Félix tenia ya lista para tomar un baño. Trata de reincorporarse rápidamente, pero Félix cae encima de él, como hambriento depredador sobre su presa. Las musculosas piernas de Pablo, y el haber practicado defensa personal, le sirven para tratar de defenderse de su enloquecido suegro, que como furioso macho en celo, esta dispuesto a tomar a su "hembra" a costa de lo que sea.

   En esta ocasión el golpe de Pablo no es tan eficaz en Félix, ya que sólo logra mantenerlo alejado, pero no tumbarlo ni darle un efectivo golpe. Las fuertes piernas de Pablo empujan con toda su fuerza tratando de aventar a Félix lo más lejos posible, pero el peso de Félix es superior a la fuerza de las piernas de Pablo, que en esa posición no pueden hacer mucho.

   El forcejeo de ambo machos agitados uno por conseguir el culo que desea poseer, el otro por evitar ser poseído, ambos cuerpo grandes sólidos, se revuelven tratando de ganar la situación. Las condiciones para ambos no son iguales, el narcótico, la bebida y las ataduras en las manos de Pablo, lo colocan en una situación precaria, poniéndolo en una situación de "fácil" victima sexual, mientras Félix, sediento de una revancha, de una superioridad sobre el arrogante militar que nunca antes había logrado doblegar, no piensa dejar pasar esa gran oportunidad de poder doblegarlo, de someterlo sexualmente, con todas las implicaciones que eso traería para el rebelde y arrogante macho militar.

  -Resístete... eso me gusta, perra. Esta noche conocerás el amor de tu hombre... -le gruñe, ronco, bajito, sabiendo que eso lo aterraría más.

CONTINUARÁ... (no es mío)

......

   Continúa esta historia de sadismo, violencia sexual, masoquismo y sometimiento. Como ya dije antes, es dura pero buena. Si no te atraen estos temas no sigas leyendo. Aún así, felicito al autor, me encantó: CAPRICORNIO 1965. Disfrútenla, a pesar de ser algo lenta.

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 04:01:36 in RELATOS DE MALDITOS | Comentarios(0) |  Permacoplamiento

Sobre mi

   Saludos a todos,

   Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:

-         Escribir, o hacer el intento de escribir.

-         Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.

-         Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.

Espero les agrade mi trabajo...

 

SECRETO DE LA MONTAÑA

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