Cada cosa en su lugar.
A mi amigo Román se le ocurrido la extraña idea de inscribirnos en un curso de supervivencia, era pasar un fin de semana durmiendo en el monte, comiendo lo que se encontrara y bebiendo igual. Creo que esperó tomar mucha leche... de cabras, y tragar buenos bocados... de cosas naturales. Pero las cosas no le salieron bien, casi todos fueron con una pareja, hembras, y aunque el entrenador era enorme, musculoso y muy viril, parecía no entender sus pestañeos y vainas; fuera de que se burlaba abiertamente de él que no podía levantar una tienda o encender fuego con dos palitos frotados (esa vaina era imposible). Román la pasaba tan mal como yo. Hace rato, agotado de cansancio y hambre, me oculté para dormitar y no pensar en comer; fue cuando me despertó un ruidito como de palmadas que yo conocía muy bien. Sin moverme volví algo la mirada y más allá vi el eterno juego del trompo, el palito cayendo rudamente contra el agujero.
-Oh sí, esto era lo que necesitaba, por fin un macho en el grupo, un hombre de verdad que salva la honrilla. Ahhh... Alguien que sabe hacerlo... sigue frotando ese palo y pronto habrá fuego. gimió con un voz increíblemente putona.
-Calma, voy a darte todo lo que necesitas para prenderte. ¿Te parece bien?
-Si, qué grande es tu palo... de encender. chilló. Mientras fotografiaba, sonreí divertido, esto era nuevo para Román, el gran putísimo.
-Entrenador, yo también quiero... -jadeó mi amigo.
-No, nada de eso. Tú sigue dándole como es, quiero candela. chilló ese tipote tan masculino, sudado, mirándolo sobre un hombro, apoyándose de un tronco como para sostenerse, dándole frote y frote al grueso tronco del que esperaba lo satisficiera al fin sacándole una buena cantidad de... fuego.
Julio César.
Saludos a todos,
Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:
- Escribir, o hacer el intento de escribir.
- Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.
- Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.
Espero les agrade mi trabajo...