Entre amigos del alma, todo vale.
-Hummm... güevón, tú si que sabes mamar un güevo... -jadeó Gabriel, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás, temblando, sintiendo que se muere mientras esa boca golosa, apretadita, bajaba chupando y subía lamiendo con esa lengua caliente.
Renato estuvo tenso por un momento, desde que Gabriel llegó para hacer la tarea, tuvo esa inquietud en mente pero no sabía cómo tratarla, hasta que le preguntó: ¿no te has preguntado qué se sentirá mamar un güevo? A Beatriz (su novia) le encantaba y siempre quería hacérselo. Gabriel, riendo, se había bajando la parte delantera de su mono: prueba a ver a qué sabe....
Y ahora Renato, con rostro de gozo infinito, siente ese güevo que le quema la lengua, ardía; lo notaba temblar, estremecerse y pulsar dentro de su boca, soltando esos juguitos que lo hacían gemir. Dios jamás imaginó que eso fuera así, piensa mientras atrapa con un puño los testículos del otro, halando, mientras libra el rojo tolete, azotando la cabezota lisa una y otra vez. Paladeando las acres y deliciosas gotas, antes de volver a tragarlo todo con sus labios rojos y jóvenes abiertos al máximo mientras va devorando centímetro a centímetro el grueso y duro falo; sentirlo latir contra sus amígdalas le provocaba tragar más y más. Sube y baja con rimo, con fuerza, con ganas. ¡Eso era delicioso, coño!
-Hummm... eso es, así se hace, mamagüevo... -lo mira con ojos nublados de lujuria, sobando esa cabeza amiga.- Apriétalo bien. Chúpalo, putico caliente... Carajo, Renato, mamas mejor que tu hermana. Ahhh... -grita tensándose cuando esa boca traga todo, pegando los labios tibios en su pubis, bañando con su aliento esos pelos.
Y sonriendo, Renato entiende que aunque se arriesgó, también había ganado. Ese güevo... carajo, esta no seria la ultima vez que lo tendría en la boca, se dice mientras lo libra otra vez, sobándolo, masturbándolo, pegando los labios del glande y besándolo con adoración, haciendo tiempo para que el otro se calmara un poco, no deseaba que terminara aún.
-¿Te gusta? pregunta jadeando, besándolo otra vez, dejando hileros espesos de saliva.
-Me encanta... y voy a dejarte esa boca bien llena de leche. Ya quiero verte tragarla. A tu hermana le encanta, así que debes probarla también. enfatiza para convencerlo. Sonriendo el otro traga otra vez, con un gruñido de gusto.- Renato... ¿y no sientes curiosidad de saber qué se siente si... te la clavo poco a poco por ese culito rico?
Julio César.
Saludos a todos,
Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:
- Escribir, o hacer el intento de escribir.
- Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.
- Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.
Espero les agrade mi trabajo...