Directo y al fondo, esa era su filosofía.
La casa editorial me llamó diciéndome que no entendía por qué mis libros no habían llegado aún a las tiendas. Fui a hablar con don Germán, papá de un amigo a quien le di ese contrato para ayudarlo. No había nadie en el pequeño depósito, al menos a la vista. Y allí estaban las pesadas cajas de madera con mis libros, para levantarlas haría falta algo más que la palanca de Arquímedes, pensé. ¿Donde estarían todos? Fue cuando oí chillidos y un juiqui juiqui que no reconocí. Intrigado me guié y encontré al viejo muy ocupado. El asistente, un carajo mal encarado, pero muy bien intencionado' donde parecía agradarle al don, trabajaba duramente, con fuerza y apretando los dientes, dándole paquete del bueno, haciendo que todo el cuarto se moviera, lo que provocaba el ruidito ese. El tipo me vio, ¡y se sonrió!
-Coño, JC, esos libros tuyos sin que son caliente, lees y te dejan... ahhh...
-Cállese, maldito viejo... -gruñó el otro, dando una dura nalgada, jugando a algo que yo escribí en mi último cuento.
-Si, papito.
No me quedó más remedio que tomar una fotografía con mi celular.
-Espero que terminen de jugar y se pongan a trabajar. amenacé, saliendo, dándole una apreciativa mirada a la buena palanca del morenazo, que debería servir para levantar todas las cajas al mismo tiempo. Era increíble que algo tan grande cupiera en algo tan chico, don Germán...
-Ahhh... -lo oí gemir todavía.
Julio César.
Saludos a todos,
Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:
- Escribir, o hacer el intento de escribir.
- Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.
- Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.
Espero les agrade mi trabajo...