Verga, lo van a cabalgar otra vez...
Maldita sea, pensó el equino, yo con esta sed y este carajo ya anda en sus vainas.... Para el animal no había misterio, cada viernes en la tarde, el chico de la cuadra hacia sus oficios con la camisa abierta así como el botón del pantalón, luciendo sus botas más lustrosas. Siempre llegaba uno de esos militares, a veces reconocía a uno que iba mucho, otras eran sujetos distintos. A veces iban de dos, una vez fueron cuatro y aún él debió admitir que no habría soportado que se le montaran así. Que entrara este, grandote, con la mano metida agarrándose una porra que ya abultaba feo... curiosamente parecida a la de chico de la cuadra, no le extrañaba. Relincha molesto, sabía cómo era la vaina. Él con sed y el chico se agacha y bebe; le acarician la corva, lo ponen en cuatro patas y con el mango de la escoba con la que jamás aseaba el establo, jugarían un rato haciéndole algo que lo hacía gritar feliz, aunque no tan feliz como cuando lo montaban, a pelo, sin silla, y lo cabalgaban por todo ese establo. Botando aire, mientras ya oye los uggg... hummm... del chico tragando, el caballo sabe que tendrá que esperar por su agua y su alfalfa. ¡No había derecho!
Julio César.
Saludos a todos,
Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:
- Escribir, o hacer el intento de escribir.
- Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.
- Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.
Espero les agrade mi trabajo...