¿Quién no querría probar un platillo nuevo?
-Hummm... jefe, es tan larga... -jadeó Víctor temblando todo, las piernas apenas lo sostenían, casi sentado sobre ese mentón; eso parecía que le llegaba, cálida y viciosa, hasta el estómago. Cuando el jefe lo invitó a almorzar en su oficina, y para postre dijo que quería comer papaya, no imaginó algo así, se dice cerrando los ojos, tensa la espalda, abierto de... mente, imaginando qué era lo que tanto le gustaba de la papaya al otro.
Y sí que le gustaba, se dice el jefe. Estaba fresca, jugosa, temblorosa, casi rosada como una fresa. La sentía vital al paso de su lengua, casi la penetraba con ella. Increíblemente Víctor nunca había probado eso, sonríe el tipo, vicioso, sabiendo que de ahora en adelante el otro no podría dejar de esperar una invitación así, y que comieran su papaya... dejada sobre la mesa. Le gustaba abrirlas sobre un mesón exponiéndolas a su boca golosa, piensa el carajo; siempre era así, primero comer fruta y luego clavarle la carne.
Este fetiche se explica sólo, imagino. Desde muchacho recuerdo esas películas cuando el tipo abría a las chicas y... Y luego vino lo otro. No lo sé, pero ver a un carajo acostado, agitando el rabo y chillando como la propia puta de puro gusto, y otro trabajándolo así, siempre me ha parecido increíblemente erótico.
Julio César.
Saludos a todos,
Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:
- Escribir, o hacer el intento de escribir.
- Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.
- Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.
Espero les agrade mi trabajo...