Portada | Crea un blog gratis | Para buscar | Mandar a un(a) amigo(a)

SECRETO DE LA MONTAÑA

AMOR ADULTO
HAY CARTAS QUE NO LLEGAN… (23-02-2008)

   En el blog de ELPUTOJACKTWIS, del que ya he hablado, no sólo el dueño del lugar escribe bonito, también la gente que se comunica con él. Recuerdo que en un hermoso relato, no retuve el nombre exacto, si era una Carta a Aguirre o a Ennis del Mar por el Día de San Valentín, alguien que escribe bajo el nombre de PON, hizo un relato igual de bello. De ese cuento quiero hablar ahora. Que no se moleste PON por este uso indebido de su historia, creo que así le dicen los abogados. Me gustan los cuentos donde Ennis piensa en todo lo que ama a Jack, porque me parecen justos, porque nunca le dijo que lo quería.

CARTA DE ENNIS DEL MAR AL SEÑOR JACK TWIST

   Querido Jack:

   Te escribo esta carta, pero tú sabes que jamás te la enviaré, no podría ponerla por escrito y mandarla sin sentir que muero de vergüenza. Discúlpame pero no tengo tu valor, ese que siempre muestras cuando me miras, diciendo tanto sin palabras, así que sólo puedo pulirla y llevarla en mi mente, recreándome horas enteras en las cosas que te diría, si pudiera, para verte sonreír de sorpresa, de felicidad y de amor, como sé que harías si te dijera que sin ti... Bueno, tú lo sabes aunque nunca te lo haya dicho.

   Sí, puedo imaginar tu rostro si hablara, si te leyera algo como esto. En mi cerebro veo esa cara que encuentro en cada rincón cuando dejo flotar mi mente, sin sentido, sin propósito, momentos en los que mis pensamientos siempre vuelan a tu lado; sé que ese rostro brillaría más hermoso aún. Nunca te he dicho lo hermoso que eres, ¿verdad? Tampoco lo haré, no puedo, perdóname. Imaginar que llegaré junto a ti y te lo diré, me hace sonreír mientras subo con el camión de los caballos por este apestoso camino de mierda. Y este camino de porquerías que recorro para verte me trae a la realidad, y no puedo soñar ya con gritarte que te amo, porque aquí voy en pleno invierno, sabiendo que te resfrías cada vez, angustiándome, lo más lejos posible de todo el mundo, donde no podamos encontrarnos con nadie, como si fuéramos unos delincuentes, unos sucios, unos enfermos. Y tú no eres eso, Jack. En ti no hay maldad ni mal. Tú eres... la vida. Mi vida.

   Mi Jack, no sabes hasta qué punto te extraño a cada instante de mi vida. Paso las noches y los días pensando únicamente en ti, en tu sonrisa, en tu mirada de cobalto, brillante y llena de vida. Te veo debajo de cada sombrero negro, detrás de cada camisa azul que cruza una calle. A veces, a la distancia, veo que alguien se acerca con una camisa de esas, con un sombrero de esos, y percibo que el corazón me palpita con fuerza y siento deseos de correr, y pienso: eres tú, Jack, llegas de sorpresa para hacerme dichoso. Hasta que está más cerca y compruebo que es otra persona, que a veces me mira con extrañeza, porque temo que en ocasiones mis ojos no pueden ocultar lo que siento cuando la aparición es repentina.

   Como sabes, ya no vivo con Alma y las niñas, por lo que paso largas horas en los bares, sentado a la barra, con una cerveza en las manos, sin mirar a nadie, sin hablar, ganándome fama de tipo callado. Pero lo que no saben todos esos sujetos es que oigo con avidez todas sus conversaciones sobre rodeos. Porque cuando escucho de potros broncos y de toros briosos, no puedo dejar de imaginarte a ti, gritando alegre, joven, lleno de vida, con tu sombrero en lo alto en tu mano, domándolos, sosteniéndote sobre ellos, porque recuerdo que eso te hacía dichoso, que te hacía sentir vivo años atrás. Me gusta imaginarte así, cuando eras feliz haciendo algo que amabas... como espero que me ames a mí. Me has enloquecido de tal manera que a veces paso horas viendo los tractores trabajando, porque en mi cabeza eres tú quien los conduce, quien los moviliza, y estás allí muy cerca de mí. Y eso me pone contento.

   Joder Jack, por muchos años que pasen, cada vez que recibo una postal tuya el corazón me late con violencia y siento ganas  a veces hasta de besarlas, porque la emoción que me embarga es tan grande que jadeo por lo bajo. Quienes me conocen me miran extrañados, porque la tonta sonrisa de felicidad infinita y secreta que tu postal desata no se borra de mi cara durante días enteros. Y comienzo a hacer planes como nunca, machacando cada detalle, porque todo tiene que salir bien, porque es tan poco lo que te tengo que debo procurar que sea perfecto. Planifico lo que llevaré de comer y guardo para el whisky del que te gusta, distinto a aquel que tomábamos en Brokeback Mountain cuando éramos unos muchachos que sólo teníamos lo que llevábamos encima, de lo que nos despojábamos con pasión en esa tienda de campaña cada noche y donde comprobé que el Cielo existía, que se podía alcanzar y tocar con las manos... ¿Puedes creer que tardo horas enteras, angustiosas horas, pensando en qué ropas llevaré, para verme bien a tus ojos, para que no notes que los años pasan por mí como no lo hacen por ti?

   Vaya sorpresa que te daré hoy: compré un saco nuevo, uno acolchonado, para que no pases tanto frío en estos inviernos de mierda, cuando tu nariz enrojece y tienes que sorber a cada momento, sonido que he llegado a amar en ti. También llevaré unas sillas plegables nuevas para que estés más cómodo. Recuerdo aún como te quejabas la última vez por el leve dolor de espalda que sufrías producto de tantos rodeos. Sí, he pensado en todo, y aunque creo que lo he cubierto bien, me atormenta pensar que olvidé algo, que no traje alguna cosa que te será necesaria. Es que contigo siempre estoy así, al borde de la duda. No puedes imaginar cómo me tiembla la mano cuando contesto tus postales, diciéndote si, amigo, vamos a vernos en tal fecha. A veces tengo que repetir la respuesta tres o cuatro veces, para que no sean garabatos sin sentido que vayas a malinterpretar y no acudas a la cita.

   Como te dije ya no puedo mantenerte mucho tiempo lejos de mi pensamiento. No puedo sacarte, y no quiero hacerlo tampoco. Soy feliz cuando pienso en ti, recordándote reír o contando uno de tus cuentos exagerados y fanfarrones. Recordar tus besos, saborear el recuerdo de tu aliento, de tu boca, me quita la respiración y debo jadear otra vez, lamentando en mi piel el que no estés ahí para sentirte otra vez. Evocar tus manos recorriendo mi cuerpo, siempre con ganas, como si no te cansaras nunca del viejo Ennis, o el calor de tu cuerpo junto al mío, cuando nos fundimos en un abrazo, o cuando dormimos simplemente uno en brazos del otro, con toda las ropas puesta por culpa del maldito frío, me deja mal, indefenso, consiente de cuánto te necesito para continuar viviendo. ¡Y tu mirada, Jack! Pensar en tus ojos, donde puede leerse la alegría y la tristeza, el amor y el dolor, aún ahora, después de tantos años, me llena de ternura, de algo que me debilita. Y que muchas veces me ha lastimado, cuando noto en ellos tu dolor por algo que dije o hice, o que no dije ni hice. ¿Por qué tienes que mirar así, viejo muchacho de rodeos, mostrando sin tapujos ni hipocresías tu alma, tus sentimientos?

   Coño, lo extraño todo de ti, aún tus gritos de demente, de vaquero de comiquitas, o ese ruido infernal que haces con tu armónica y que tú llamas música, como si realmente creyeras que lo haces bien. ¿Pero sabes qué es lo extraño?: cuando no estás, deseo oír tu armónica, y ya me parece realmente algo melodioso, parte de ti, de todo lo que te hace único y maravilloso. ¿Eres realmente un tipo genial e increíble, o me lo pareces sólo a mí? A veces me lo he preguntado, pero cuando cruzamos una poblada, noto que hay momentos en los que alguien te mira, algún tipo silencioso y distante, y me pregunto si no te habrá encontrado tan hermoso como lo hice yo años atrás. Y, no te molestes conmigo, me lleno de rabia contra ti, y me parece que eres un coqueto, un maldito puto, y que un día lo echarás todo a perder, perdiéndonos a los dos en alguna desgracia.

   De todas formas no puedo pensar en eso mucho tiempo, porque nada en mi vida tiene sentido sin ti. Salvo mis hijas, así como tu hijo es tan importante para ti. Siempre noto como tus ojos brillan al hablar de él, aunque siempre intentas hacerlo ver como algo corriente. El mismo amor siento yo por mis niñas ya grandecitas. No pude sacrificarlas por nuestro amor, Jack, ¿alguna vez lo entendiste? ¿Me perdonaste también por eso, como me perdonaste tantas cosas? Te amo, pero también a ellas, y estar así, dividido, me está matando hoy como hace años. Recuerdo que la primera vez que te dije esto, callaste y miraste al cielo, y en tus ojos leí lo que pensabas, que nada de eso habría pasado si yo me hubiera ido contigo ese día al bajar de Brokeback Mountain. Maldita sea, ¿crees que no lo he pensado mil veces en mis momentos de más amarga soledad? Pero no me atreví, dejé que mi tren rumbo a la felicidad pasara y ahora están ellas. Y estás tú. Y debo callar lo que siento, sin entregarme de corazón a lo que en verdad quiero, despertar abrazado a ti cada mañana de mi existencia, abrir los ojos y que seas tú lo primero que vea cada día. Debo callar lo que es mi vida, lo que deseo con todas mis fuerzas, y eso me quema y me duele.

   Pero no lo hago sólo por mí, Jack. No soy tan egoísta como imagino que muchas veces has pensado, aunque al segundo siguiente ya me has disculpado y has olvidado. No, no es sólo miedo a que alguien me grite en la calle... Bueno, tú sabes. Debo mantenerte a distancia, con los pies en la tierra para protegerte, porque me asusta que alguien te vea distinto y busque hacerte daño. A veces creo que no mides el riesgo, que no ves el peligro que nos rodea; yo, de noche, tengo pesadillas ocasionales donde te veo sonriente, joven y fuerte, emboscado de repente en un callejón por tipos que gritan “marica, marica” y se arrojan sobre ti con odio irracional para lastimarte, y que aunque corres y luchas, no puedes hacer nada. Y caes, y gritas, y hasta imagino que tal vez me llamas pidiendo ayuda. Esas noches no puedo volver a dormir, porque siento miedo por ti, Jack, miedo de que te expongas, de que te señalen y te agredan.

   En mis pesadillas te he visto tirado en una cañada que vi de niño, cuando mi padre quiso enseñarme a ser un hombrecito y me llevó a ver al tipo brutalmente asesinado porque era distinto y su sola existencia asustaba a muchos. Callo para mantenerte prudente; pero el miedo a veces es más grande, y hay noches en las que el imprudente quiero ser yo y deseo tomar el teléfono, llamar a tu casa y preguntar simplemente: ¿todo bien, Jack? Lógicamente también tengo miedo por mí, a que mis hijas un día me vean con asco, de detectar repulsa en sus caritas. Miedo de que Alma un día las llame y les cuente... Pero no, Alma es una buena mujer y jamás haría eso, aunque me odie y esté lastimada. Eso me atrajo un día a ella, antes de entender lo que era realmente el amor, en tus brazos, sintiendo tus besos, tu entrega y aún tus lágrimas.

   No, no quiero pensar en temores, lágrimas o muerte en este momento. No ahora, porque ya estoy llegando y me parece que es tu camioneta nueva la que está allí. El corazón me bombea con fuerza, locamente, queriendo salírseme del pecho. Sí, eres tú, veo tu sonrisa franca, hermosa y luminosa aún antes de ver los contornos de tu rostro, y no puedo dejar de pensar en pendejadas como que es el rostro del amor. Nuevamente estoy deseando que ya caiga la noche para que entremos en la tienda y que seas mío como yo soy tuyo. Carajo, te deseo tanto que las manos ya me queman por las ganas que tengo de tocarte, de recorrer tus hombros y atrapar tu rostro para apoderarme de tu boca. La mía se seca al imaginarme hundiéndome en ti, saboreando tu aliento, tu saliva, y pegar mi frente de la tuya y que nos quedemos así un rato, como si habláramos de todas las pequeñas tonterías que hemos hecho o dicho en todos estos meses de no vernos. La piel se me eriza al imaginar el momento de separarme de ti y poder mirar al fin en tus ojos, esos ojos dulces, hermosos y brillantes que me dirán sin palabras cuánto me has extrañado y cuánto me amas en este momento, y yo sentiré que vivo nuevamente, feliz.

   Vienes hacia mí y siento que las piernas me tiemblan, me cuesta hasta respirar. No puedo evitar sonreír como un idiota, estrechándote entre mis brazos, sintiendo la fuerza con la que me atas a ti. Y puedo al fin hundir mi cara en tu cuello, sintiendo tu piel rasposa con la sombra de tu barba, caliente contra mis labios, tu olor masculino y dulce inunda mi nariz. Pero aún nos contenemos, porque es de día, porque alguien podría vernos, porque somos dos hombres y los hombres no se miran a los ojos con entrega o ternura, ni se besan con anhelo mientras se dicen cuánto se han extrañado o se juran amor; no sin exponerse a la burla, al odio. Pero no importa, ¿verdad, Jack? Aún estos momentos que la vida nos roba y niega no tienen importancia, porque estamos aquí, juntos. Y estos son los días buenos, los días de la felicidad. Por unos días podremos soñar que esto es lo único real, lo verdadero. Que estamos juntos en el Paraíso. Sé que tú sabes todas estas cosas, aunque no te las diga. Yo sé que tú sabes muy bien hasta qué punto te amo, Jack Twist, mi vida, el único ser humano en todo este mundo al que he amado. Perdóname que no te escriba esta carta entonces... Perdóname como siempre...

   Por cierto, Jack, traigo judías no frijoles, y voy a cocinar otra vez para ti como en los viejos buenos tiempos. Ven a mi lado, vaquero, nota que paz se siente, mira que sereno está el lago y que hermoso está el cielo... El cielo azul e infinito siempre me ha parecido bello desde que me vi reflejado una noche en tus ojos grandes y llenos de amor. Abrázame, Jack, aunque aún es de día y hay luz, abrázame un momento más...

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 03:25:27 in SECRETO DE LA MONTAÑA | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
FETISH
PALADEO (23-02-2008)

   ¿Quién no querría probar un platillo nuevo?

   -Hummm... jefe, es tan larga... -jadeó Víctor temblando todo, las piernas apenas lo sostenían, casi sentado sobre ese mentón; eso parecía que le llegaba, cálida y viciosa, hasta el estómago. Cuando el jefe lo invitó a almorzar en su oficina, y para postre dijo que quería comer papaya, no imaginó algo así, se dice cerrando los ojos, tensa la espalda, abierto de... mente, imaginando qué era lo que tanto le gustaba de la papaya al otro.

   Y sí que le gustaba, se dice el jefe. Estaba fresca, jugosa, temblorosa, casi rosada como una fresa. La sentía vital al paso de su lengua, casi la penetraba con ella. Increíblemente Víctor nunca había probado eso, sonríe el tipo, vicioso, sabiendo que de ahora en adelante el otro no podría dejar de esperar una invitación así, y que comieran su papaya... dejada sobre la mesa. Le gustaba abrirlas sobre un mesón exponiéndolas a su boca golosa, piensa el carajo; siempre era así, primero comer fruta y luego clavarle la carne.

   Este fetiche se explica sólo, imagino. Desde muchacho recuerdo esas películas cuando el tipo abría a las chicas y... Y luego vino lo otro. No lo sé, pero ver a un carajo acostado, agitando el rabo y chillando como la propia puta de puro gusto, y otro trabajándolo así, siempre me ha parecido increíblemente erótico.

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 03:20:51 in FETISH | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
MOMENTO 'G'
ENEMIGOS CAEN EN LA CAMA (23-02-2008)

   Sólo somos amigos... con derechos.

   Así como hay series que se vuelven de culto, también hay personajes. O tal vez sean los actores. Dos de ellos son Tom Welling, Clark Kent, y Michael Rosenbaum, Lex Luthor en SMALLVILLE; en muchos portales aparecen sus fotografías, aunque no como en esta composición. Aunque parezca difícil de creer, es forjada. O a menos  eso me dijeron. Seguramente sus admiradores fantasean más de la cuenta. Pero es fácil imaginar a estos dos discutiendo, yéndose a las manos, mientras se abren las camisas, se gritan al rostro, cada uno goteando de saliva al otro, manos que tocan y tratan de someter, alientos que caen en la cara del otro, miradas encontradas, acusándose, todo como preludio al beso, uno lengüeteado y mordelón, muy esperado, que los obliga a caer sobre algo, un sillón, una mesa, una cama, abrazados, pecho con pecho, pelvis con pelvis. Como soy medio fetichista, siempre me agrada la idea del más fuerte sometido. Imaginar ese cuerpo con esa cara, Clark, sin nada más, gimiendo montado y cabalgando sobre Luthor, quien le preguntaría: quién es el jefe ahora, es algo realmente estimulante, ¿no les parece?

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 03:18:09 in MOMENTO 'G' | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
PRESTADO DE OTRAS PÁGINAS
TIENEN TIEMPO PARA TODO EN UN DÍA (23-02-2008)

   Favor hombres, no estorbar...

   Como hombre que actualmente vive solo, que da gracias al Cielo porque existe el microondas y la comida para llevar o pedirla, con una madre lo suficientemente alcahueta como para ocuparse todavía de mis ropas a la hora de lavarla, no puedo más que admirarme de la energía de las mujeres. Dios, ¿cómo pueden hacer tanto en un día? No soy particularmente flojo, no más que muchos a los que conozco; tuve un amigo que se fue de la casa de los padre para la de lo suegros (pobre gente) y la mujer y él eran tan cumbres que no colocaban sábanas sobre el colchón donde dormían para no tener que tenderlas. Sí, sé que suena extremoso, pero así era. Tampoco la muchacha servía para mucho, pero era una carajita floja de esas a las que la mamá le lavaba hasta la ropa interior.

   Cuando vivía con Alicia, que primero fue amiga antes que pareja, antes de dejarme (ah, que aliviado me sentí, pero eso no duró, cómo la perseguí después), me admiraba algo que ya había observado en mis hermanas. No era de las que simplemente pasaban una escoba por la casa, no, también un trapo húmedo para recoger pelusas; sacudía con trapos húmedos muebles y estantes; bañaba de cloro el baño cada día; lavaba cerros y cerros de ropas, y con parte del agua jabonosa fregaba los baños y remataban el día coleteando los pisos de arriba abajo. No sólo eso, mientras esperaba que la lavadora hiciera su trabajo, cortaba vegetales, montaba más café, sacaba cuanto perol había en los gabinetes y aseaban la nevera. Yo me preguntaba, ¿cómo coño?

   Estando a solas, lavar los baños me lleva un día, a veces dos. Planchar una camisa es una tortura, se alisa una manga y esta se arruga mientras se atiende la otra, y si no se tiene cuidado, uno le pisa un faldón en el suelo (ahora lo hago descalzo). Preparar cualquier tontería en la cocina me lleva tanto tiempo y da tanto trabajo, que a veces lo dejo así. Y no es todo, aunque no cocine nada en aceite, este se las ingenia para aparecer y mojar todo, y para freír un simple huevo parece que ensucio media cocina.

   Alicia y yo no tuvimos hijos, cosa que también lamento ahora, pero me imagino que la mujer promedio debe ser así: despertar primero que todos, montar el café mientras cepilla sus dientes, ocupándose de que todas las ropas estén a punto, llamando a todos, dar de comida, vigilar que los muchachos estén listos para la escuela, asear antes de salir (a Alicia le aterraba dejar corotos sucios y que fuera a aparecerse mi mamá), dedicarse a ella y salir a laborar en este mundo no sólo competitivo, donde la mujer ha ido desplazando al hombre de tantos cargos de autoridad y responsabilidad, sino por necesidades económicas. Es la mujer quién piensa en el futuro, el de los hijos y el propio, la que teme no halla dinero para médicos o medicina si hacen falta. Planea el colegio, las vacaciones y la compra de ropas para los muchachos con meses de anticipación; lleva en su cabeza una agenda de deberes y haberes. Llega y se apresta a prepararlo todo, y todavía de noches tiene tiempo para oír, conversar y hasta ser cariñosa.

   Realmente no me explico cómo lo hacen; tienen tiempo para calmar las rabias, frustraciones y temores del marido que piensa que todo va mal, no se le valora en el trabajo o teme el fin de mes por la cantidad de giros atrasados; saca tiempo para detectar, como el campesino que adivina en la intensidad de la luz solar si la tormenta llega, cuando los muchachos tienen un problema, y van, y oyen y entienden, calman miedos infantiles y juveniles, aunque deban soportar gritos y malacrianzas. Tal vez se deba a que vengo de una familia numerosa donde las mujeres eran así, trabajadoras, con una madre centro de nuestras vidas, con mi papá a su lado, como el compañero y proveedor no amenazante, que no puedo entender que halla quienes lastiman, golpean, vejan y atormentan a sus mujeres.

   Debe ser que en el fondo no las quieren en verdad, porque aquello de que celos es amor puede ser, es lindo saber que la pareja te cela, pero llegar a la violencia física o verbal es síntoma de que algo funciona muy mal dentro de una cabeza, y  no hablo del simple odio o miedo que tantos carajos que se las dan de machos y arrechos les tienen. De pequeños, mi señora madre nos enseñó el respeto hacia ella, y mi padre nos entregó a sus hijos la responsabilidad de cuidar, proteger y dar seguridad a las mujeres a nuestro alrededor, sean hermanas, futuras hijas, sobrinas y primas. Mis hermanos son tipos temperamentales, como yo mismo (mal genio, dicen muchos), pero jamás se les ocurriría levantar una mano contra sus esposas... y creo que de atreverse, y saberlo mi madre y mis hermanas, los matan entre todas. Quien ataca, abusa o asesina a una mujer, sintiéndose ‘hombre' sólo en ese momento, es un pobre enfermo que va, como decía una canción de Ali Primera, un gran compositor venezolano, en contra de él mismo...

   Salud, bellas...

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 03:14:34 in PRESTADO DE OTRAS PÁGINAS | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
HISTORIAS  CORTAS...
EL JEFE DE OBRA (23-02-2008)

   Por alguna razón lo obsesionaba ese tipo...

   No podía seguir permitiendo que Murphy, el capataz de la obra me tratara como un peón. Yo soy el ingeniero, carajo. Está bien, el tipo sabe lo que hace, todo marchaba bien, a tiempo. Pero era altanero. Cuando le pedía un cambio, o a uno de los obreros que levantara, moviera o sacara algo, no hacían nada hasta recibir una mirada imperceptible del tipo. Eso me tenía arrecho, y hoy terminaría. Es temprano, había poca gente todavía. Levanté la mirada, el esqueleto metálico alcanzaba ya las seis plantas. Lo vi moverse. Era fácil saber que era él. Tenía porte de sabrosote, se comportaba como el macho alfa en todo momento. Apretando los labios me dije que hoy lo ponía en su sitio. Me coloqué el casco y entré al estrecho ascensor, y subí. No lo vi de entrada.

   -Murphy, tengo que hablarle...

   -Estoy ocupado ingeniero. –gruñó su respuesta habitual, como si le molestara tener que tratar con un pobre idiota, es decir, yo. Ah, maricón...

   -Venga. Quiero discutir el relleno del segundo piso, quiero que lo desmonten y levanten nuevamente, con hormigón. –exigí, sabía que era una necedad, pero me atrincheraría allí, no podrían sacarme de esa exigencia y lo que vendría sería guerra. Después de todo mi suegro era quien pagaba toda esa vaina. Y el ingeniero era yo, ¡coño!

   -¿Seguro, ingeniero? Eso llevará mucho tiempo y trabajo... -fue la suave replica irónica, y el corazón me saltó en el pecho al verlo aparecer frente a mí.

   Jamás lo había visto así. Era un carajo alto, recio, treintón, de cuello y brazos fornidos. Y estaba prácticamente desnudo, vistiendo un corto shorts jeans, unos botines marrones sucios de polvo y cemento, y su casco. Una leve sombra de barba ensombrecía su mentón. No podía despegar mis ojos de esos pectorales, de esas piernas y el bulto enorme entre sus...

   -Murphy... yo... yo...

   -Mire, ingeniero, no quiero faltarle al respeto. Sé que sabe mucho, es un muchacho estudiado... –dijo acercándoseme, clavándome la mirada en los ojos, quitándome con un leve alzar de mano el casco.- Pero le falta mucho por aprender y probar todavía... y algo me dice que quiere aprenderlo y probarlo todo, ¿por qué no resuelve eso primero?

   -¿Probar... aprender...? –tartamudeé, con los ojos sobre esas tetillas ahora.

   -Si, aprender a oír a sus mayores. Esto es lo que quiere, ¿verdad? Por eso me pelea y discute, pues dese gusto. –gruñó, atrapándome la nuca y halándome.

  Gemí, me revolví, pero no mucho. Y abrí la boca cuando caí sobre su tetilla, mordiendo automáticamente ese pezón duro y tibio. Lamerlo y chuparlo lo hizo crecer más, y a mí me llenó de candela. Ese carajo me atrapó y me trataba como su muñeco, diciéndome así, hazlo así, ahora esta, guiándome de una tetilla a la otra. Sonriéndome, masculino y dominante, me empujó por un hombro y con mi traje de dos piezas (más tarde pasaría por el banco) caí de rodillas, y sin que me guiara froté la cara de ese entrepiernas donde una erección escandalosa abultaba. Esa vaina estaba caliente, dura, ¡y vaya que era grande! La lamí, la mordí, la chupé sobre el jeans, estaba como loco. Dios, ese carajote me había gustado desde que lo vi y eso me asustaba, así que había intentado mantenerlo a distancia, pero ahora me sabía marica y nada me impediría probarlo todo...

   Abriendo el botón y bajando el cierre dejó salir esa barra titánica, nervuda, gruesa, rojiza, azotándome la cara, ardía. Y yo quería tragarla ya. Me ordenó desabotonar mi pantalón, alejando su verga, y frenético lo abría. Sonriendo ante mi obediencia me metió el güevote en la boca ahogándome, llevándolo a mi garganta, aplastándome la lengua y casi desencajándome las mandíbulas. Esa vaina vibraba, quemaba, dejaba regueros caliente sobre mi lengua, y chuparla y apretarla con mis mejillas era tan delicioso que creí correrme dentro del pantalón. Jamás había imaginado que tener un güevo así, en mi boca, podría ser algo tan excitante. Inclinándose sobre mí metió la mano dentro del pantalón y mi bóxer, mis nalgas temblaron, sus dedos iban hacia mi raja interglútea a tiempo que decía “seguro tienes un rico botoncito color fresa que quiere ser comido por un hombre de verdad”. Y su dedote frotaba, acariciaba, y yo temblaba. Dios, qué rico era sentir ese tolete en mi boca, llenándola de jugos, y ese dedo cosquillando en mi culo, sin entrar, aunque ya me temblaba de ganas.

   Pero faltaba mucho, el sátiro dándome la espalda bajó su shorts, ofreciéndome esas nalgotas musculosas, abiertas, y metí mi cara allí, frenético, gimiendo, lamiendo, chupando, saboreándole el culito titilante. Intenté meterle la lengua. Parecía un loco dándole lengua a ese hueco. Él se volvió, saliendo del shorts, halándome por la corbata, levantándome y obligándome a caer de culo sobre un mesón. Bajó mi pantalón y bóxer hasta los tobillos, mi güevo babeaba, mi culo temblaba con ansiedad. Motando mis dos piernas en su hombro derecho, mirándome, diciéndome que había sido un niño malo, comenzó nuevamente a tocar mi culo, sobándolo, se escupía los dedos y frotaba. Yo gemía, me tensaba, me arqueaba, esperando, deseando, hasta que un dedo se hundió, lento, victorioso, y sentí que me calentaba y mojaba todo por dentro.

   Y ese mete y saca me hizo gritar más. Confuso oí voces: “miren esa vaina”, “coño ingeniero”, “eso es Murphy, haz gozar a ese carajito”. Siete sujetos habían aparecido atraídos por mis gritos, rodeándonos, mientras el capataz hundía tres dedos a estas alturas en mi culo, que se abría, rojo blanquecino, dejándolos entrar, atrapándolos. Dios, me habían sorprendido así, pero no importaba, esos dedos que me cogían era lo único real. Uno le tendió un destornillador de gruesa cacha, y mirándome hizo que lo tragara, lamiéndolo. Luego Murphy fue metiéndomelo por el culo. Gemí, apreté los labios, arrugué la frente, levante la mirada, lo vi sonreír. Y lo metió todo, y lo agitó un poco, y era frío. Pero el roce, el rasca y frota, la metida y sacada me hizo gritar nuevamente. Esa vaina entraba y salía frenéticamente. Algo golpeo mi cara, gimiente y casi desmayado de gusto como estaba no noté que era un nuevo güevo erecto, que se frotaba, luego otro del otro lado, y un tercero y un cuarto, todos pegando de mí. Murphy prohibió que me hicieran mamar, lastima, con lo caliente que estaba lo habría hecho gustoso.

   Obligándome a tener los pies sobre el suelo, y la panza en la mesita, dándole la espalda, Murphy se metió entre mis piernas, y sin preámbulos me clavo de un golpe su verga de semental, haciéndome arquear la espalda y echar la cabeza hacia atrás. Eso caliente, grueso y largo me rasgaba, pero también me llenaba. El mete y saca me hizo estremecer todo, mi culo subía y bajaba acompañándolo, con ganas de ser cogido. Todos me gritaba puta, calentorro, y no me importaba. Mi culo iba y venía goloso y ávido sobre la gruesa barra que entraba toda, hasta los pelos que arañaban mis nalgas. Sus bolas me golpeaban cuando me cabalgaba. Pronto estuve de espaldas otra vez, si pantalones, siendo cogido duramente, cabalgado como una yegua, mientras yo babeaba y gemía, sudaba a mares, agitando mi culo de arriba abajo todavía. Murphy gritó ahogado que yo era su puta ahora, cuando comenzó a llenarme con su leche caliente; de mi tranca salió un disparo que cayó sobre mi pecho y rostro, arruinándome la camisa y la corbata. Luego vino la lluvia, esos carajos que se masturbaban mientras Murphy me hacia su hembra, se vaciaron entre gritos sobre mí. Sus leches quemaban y olían fuerte. Yo estaba en la gloria mientras el capataz continuaba corriéndose y llenándome.

    -¿Le gustó, ingeniero? –preguntó burlón.

   -Santana, ¿Murphy te preguntó si apruebas el relleno del piso dos o hay que cambiarlo por hormigón? –preguntó la ronca voz de mi suegro al lado, sabiendo de mis problemas con el capataz.

   -Si, suegro. Está bien. –dije rojo, cerrándome bien el saco para que nada se me notara bajo el pantalón. Dios, ¡qué fantasía tan vivida! Mi suegro me miró extrañado, pensó que usaría lo del relleno para buscarme un peo con Murphy; pero había decidido que... tal vez podría buscar otro tipo de acercamiento. Algo en la sonrisa del capataz me indicó que era posible. Dios, qué culo tenia bajo ese viejo jeans...

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 03:10:33 in HISTORIAS CORTAS... | Comentarios(0) |  Permacoplamiento

Sobre mi

   Saludos a todos,

   Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:

-         Escribir, o hacer el intento de escribir.

-         Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.

-         Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.

Espero les agrade mi trabajo...

 

SECRETO DE LA MONTAÑA

Archivos

< Février 2008 >
DiLuMaMeJeVeSa
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
242526272829 

Buscar

  • Valid CSS!
  • Valid XHTML 1.0!
  • valid RSS
  • RSS
  • votre blog sur blogg.org
  • Podcast