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SECRETO DE LA MONTAÑA

AMOR ADULTO
A LOS VEINTE… (15-02-2008)

   Si estuvieras aquí...

   Se hacía tarde, lo sabía. Ella lo esperaba, pero no le ilusionaba llegar. Le gustaba la joven, con su fuerza, su rostro fresco, limpio, casi pillezco. La amaba sobre un caballo, dominándolo. Le agradaban sus atenciones y sus caricias, la forma en que tomaba la iniciativa a la hora de amarlo; le divertía y molestaba la forma resuelta en la que le tomaba el rostro y lo llamaba dulce y bello tonto cuando lo llevaba a comer o tomar una cerveza, cargando resuelta con los gastos, como una niña mimada acostumbrada a eso. Incluso el compromiso, el noviazgo, estaba bien. No así el trato con los padres. A ella no le agradaron los suyos, y los ignoraba. Él deseaba poder hacer lo mismo con los de ella, pero siempre estaban ahí, invitándolos a almorzar, a cenar, de visita. Eran orgullosos, soberbios y unos hijos de perra. El viejo lo odiaba, lo creía poca cosa y no se molestaba en disimularlo. Y él no tenía fuerzas ni bríos suficientes para mandarlo al carajo.

   Tiene veinte años y se siente atrapado. Necesitaba eso, una copa, un cigarro. No pensar. Necesitaba... y otro rostro, uno menos armonioso pero firme, resuelto, huraño, se dibuja en sus recuerdos. No era un rostro que destilara dulzura, y sin embargo esa persona hosca, silente y distante era quien llenaba sus pensamientos, a quien anhelaba ver en cada esquina. Era la voz que soñaba que lo llamaba de noche. Aquella persona que no había sabido amarlo, para quien él fue únicamente una aventura de paso, unas cuantas noches de revolcadas desenfrenadas, no obstante había significado lo más importante de toda su vida. Recordarlo lo lastimaba, pero también le gustaba, porque unas cuantas veces había creído notar en esa otra mirada... ternura, afecto; y él se ilusionó creyendo que era amado, querido como él lo hacía, con fuerza, con entrega. Anhelaba y extrañaba ese amor tosco, esa ternura ruda, ese entendimiento de miradas, de gestos, de manos que tocan, sin palabras dulces. Lo extrañaba, y tenía veinte años, su carne estaba presta a levantarse reclamando atenciones, su piel anhelaba ser tocada, y tocar. Besar y ser besado, entregarse y poseer de forma violenta, sin barreras, sin pensar en lo que se hacía. Esperaba...

   -¿Tienes fuego, amigo? –preguntó una voz ronca a su lado, a tiempo que una mano grande y pesada cayó sobre su hombro, como casualmente.

   Alzando la vista descubrió a un tipo alto, cargado de hombros, de mirada dura, pero también extraña, brillante y oscura, directa y evasiva. Y esa mano no se retira de su cuerpo, y es cálida y fuerte, la del tipo acostumbrado a dominar y controlar la situación. El toque de un hombre hecho y derecho, tal vez cuarentón ya. Donde cae la mano el joven de cabellos negros y ojos muy azules siente que emana un calor abrasador que llena todo su cuerpo. Se estremece. Y no sabe de la intensidad y poder de su mirada clara que atrapan la del sujeto; sus ojos parecen confusos, anhelantes, temerosos y decididos; y cuentan, como parecen contar siempre, su historia a ese tipo de rostro severo pero no hostil, quien entiende que ese joven, con no más de veinte años, tiene un cuerpo que arde con deseos, con ganas de ser mordido y tocado, que su sangre corre.

   Un nombre llega a la mente del muchacho y el corazón duele; y confuso y culpable tiene que alejarlo por unos segundos de su mente, porque esa mano que se retira, el cuerpo que cae en el taburete de al lado, ordenado dos copas, con donaire, como quien tiene más experiencia en esas cosas, lo tiene subyugado. El hombre joven saca sus cerillos, enciende uno y lo ofrece. Son dos manos ahora las que caen sobre la suya, y esos ojos atrapan los suyos, proponiendo, haciendo promesas de brindar un rato de placer, de caricias que serán regaladas encendiendo la piel para luego calmarla, sosegando el cuerpo y la mente también; habla de pasiones que se compartirán, sin pensar, sin esperar nada más. Esos ojos le dicen que lo adorará, que lo tocará todo, que lo besará y lo amará. Y el joven teme, su corazón quiere detenerse en su pecho, la carne endurece y desea. Quiere y necesita eso que se ofrece sin palabras, que lo toquen, que esas manos lo recorran. Quiere carne contra carne, placer, quiere ser sometido, rodeado por esos brazos, ser estrechado contra otra persona, sentir la fuerza de ser seducido, tomado; quiere ser copado... y en ese momento cerrar los ojos y soñar que está en otra parte, con otra persona, y la memoria conjurará olores, voces y sonidos que no puede olvidar; y por unos instantes será, si no feliz, al menos satisfecho.

   Estará engañándose, y engañará a una bella joven que lo espera y a un recuerdo que era algo más importante que su vida misma, pero tiene veinte años y se siente solo, abandonado, a la deriva, no sabe quién es o qué espera, y eso lo asusta; y el deseo llamaba a su puerta. Requería de eso, la carne pedía atenciones con gritos demasiados desesperados; se negaba a callar, a someterse, insistía en aclarar que no eran las manos de ella, sus besos ni su amor lo que esperaba. Todo eso pasa por su mente en segundos, mientras el otro sujeto fuma y toma, diciéndose para sus adentros que el joven era atractivo, y no sólo por eso, por joven, sino por su estampa, y por un algo indefinido que no comprende pero sabe que está allí. Intuye que disfrutará mirarse reflejado en sus ojos cuando fuera suyo, aunque algo, un instinto de cazador, le advertía que si el muchacho se descuidaba en el momento de alcanzar las cumbres, tal vez un nombre escaparía de sus labios, uno que él no habría oído jamás, pero que nunca era grato comprobar.

   Realmente no esperaba nada al entrar en esa cantina, pero lo miró cabizbajo y lejano, infeliz. Por eso fue a su lado y lo tocó. Y cuando este levantó la vista se sintió un tanto débil de tanto deseo que esa mirada despertó en él, aunque sus carnes sí ganaban en vigor. Ahora estaba allí, a punto de coronar la noche, y ¿qué había de malo? El lunes volvería a su vida, pero por esa noche dejaría salir su necesidad, lo que le gustaba, aquello que jamás pidió pero con lo que nació, lo que debía disimular, esconder, siempre temeroso de verse expuesto, descubierto, y al mismo tiempo desesperado ante su carencia. Y en este caso el muchacho sería un bonito recuerdo para otras muchas noches de soledad, negación y extrañeza en medio de su vida diaria, su trabajo y su familia. Esos ojos, mirarse en esos ojos será maravilloso, se dice, tan excitado ya que espera que el otro no dude más.

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 02:33:26 in SECRETO DE LA MONTAÑA | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
PARA OPINAR
EVO MORALES Y EL DESTINO DE BOLIVIA (15-02-2008)

   Me cuesta mucho ser objetivo al respecto. Odio demasiado al chavismo como para sentirme cómodo con este títere del eje La Habana-Caracas, aunque uno sospecha que a los venezolanos, a Chávez, se lo están viviendo esta parranda de chulos caros que lo saben... eh, bueno, no muy centrado y sin mujer y sin familia. Durante la cumbre en Chile, famosa porque un rey soltó la frase ¿por qué no te callas? (cómo les dolió), al señor Morales se le notaba apartado, callado, no se sumaba a ningún grupo de participación, temeroso de hacer un acuerdo que fuera a traer sobre sí las iras del venezolano. Parecía un empleadillo de esta Asamblea Nacional, temeroso de expresarse por si al Comandante no le parecía. Cuando Álvaro Uribe Vélez, ese hombre odioso, se le acercó ofreciéndole que hablaran con los delegados de Perú y Uruguay, fue lastimoso verlo negarse, evasivo. No se movió hasta que Chávez llegó, ¿cómo puede eso ser presidente de una nación soberana, y que encima le reclama a los que se le oponen en su país? ¿Con qué cara?

   La forma en la cual la oposición boliviana enfrenta los garrotazos bárbaros es notable, pues hasta instituciones como la Corte de Justicia se entrega al poder del momento sin sopesar las cosas duraderas como la nación, la república, las leyes, de lo que se colige que magistrados de verdad, no son. Por suerte esta oposición actúa de una forma coordinada, ojala no sigan llegando maletas y petro dólares, por experiencia sabemos que eso calla muchas conciencia. Pero eso es nada comparado con el valor y el arrojo con el cual la gente común se lanza a las calles, a favor o en contra, por lo que cree. Hace tiempo trabajé con una boliviana, eran los tenebrosos tiempos de Carlos Andrés Pérez cuando todas las semanas había un rumor del golpe de estado; ella me dijo que aquí en Venezuela no sabíamos hacer las cosas, que en Bolivia la gente se cansaba del gobierno, se juntaban cien e iban y lo tumbaban. Así me dijo. Por ese entonces pensé: que envidia, y aún ahora lo pienso; aunque por otro lado, ningún país del mundo avanza así.

   No se trabaja, no hay un esfuerzo largo, sostenido y constante. Un país donde cada cierto tiempo todo comienza, con la dichosa costumbre de países pocos serios donde la historia, el progreso y lo bueno comienza con el gobierno de turno, y siempre se empieza de nuevo abandonando lo ya hecho, no hay tiempo para cosechar metas pasadas. Si todos los años se saca la mata de mango que se sembró el año anterior para plantar una nueva ¿cuándo llegan los mangos y la sombra? Como en muchas otras naciones sometidas a los abatares de la pobreza y la improvisación de años y años de malos gobiernos, los bolivianos parecen querer dar un salto al vacío a ver si todo lo resuelven con un golpe de suerte; un grupo recorre las calles gritando abajo lo viejo, péguenle candela a todo y luego levantaremos algo mejor, y muchos prestan oídos. Por suerte hay gente común, sensata, que notan que quienes gritan no dicen cómo, ni cuándo ni con qué van a levantar ese mundo mejor (lo único que parece importarles es la reelección, y si es indefinida mejor), y se resisten a quemar la sabana. Ante eso, acosado por Caracas y La Habana, Evo Morales y el MAS se lanzan en una de cogerse todo el poder para ellos, vía habilitarte y reconstituyentes, ilegalmente, ya que las normas que la propia Constitución prevé, se la saltan a la torera, porque son arrechos y el resto no cuenta, reunidos entre media noche y gallos para dar el madrugonazo.

   Sin embargo no todo le salió bien, hay sectores y provincias enteras que le salieron respondonas, y ante la imposibilidad de matarlos a todos, aunque talvez lo deseen, deben pactar. Hace tiempo viene barajándose la idea de ‘separar' provincias, cosa que no quiere Evo Morales ni su gente ya que al parecer son las más ricas, cosa curiosa, las separatistas. Y al parecer no se trata únicamente de que sus dirigentes o ricos defiendan lo que tienen, sino la gente común que vive en esas zonas. Tal vez relacionan seriedad, gerencia, ley y orden a ese progreso, cosa que no se ve en otras provincias más dadas a quemar lo viejo y saltarse la ley a lo macho. Un dirigente del MAS, no apunté su nombre pero aparecía en CNN, gritaba que era una barbaridad, que no permitirían la desintegración del país ahora que esos separatistas intentaban llamar a una consulta popular. En todas partes los vagabundos son iguales. Es legal, porque él y Evo lo quieren, modificar la Constitución en una encerrona sin los dos tercios del Congreso, pero es un delito que otros pretendan algo que ellos no quieren. Es la vieja ley del embudo, ellos pueden llamar a un referéndum para hacer lo que quieran con las leyes, pero si otros llaman a una consulta para algo opuesto, es una monstruosidad.

   Hace tiempo se corrió el rumor en Venezuela de que el Gobierno iría contra la gobernación del Zulia, en manos de la oposición, porque planeaban separase del territorio, por intrigas de Estados Unidos (Dios, que mentes tan siniestras; pobre chavismo, no duermen ni trabajan pendiente de esa gente). Yo dije, y creí ser original pero como cien ya se me había adelantado en la oficina, que si el Zulia se separaba, yo vendía todo y me iba para allá antes de que cerraran la frontera. Como juego, broma, está bien, pero eso de separar un país así como así es un asunto delicado, sobretodo con Perú y Brasil ahí, como caimanes en boca de caño, esperando caer sobre los más débiles; y que no se engañen los bolivianos como una vez nos engañamos los venezolanos, aún con Colombia y Brasil; si llegan a tener problemas graves, no esperen ayuda de nadie, no existe eso de países hermanos, sólo hay intereses de bolsillos.

   Pero, por otro lado, caer bajo la bota de la sanguinaria represión castrista, como en Venezuela, o la incapacidad y corrupción descarada y muerta de hambre (no disimulan los cobres) de la izquierda tampoco es grato. Las opciones parecen pocas, delicadas y contrapuestas. Llegados a esa encrucijada muchos prefieren no hacer nada y ver si la cosa se resuelve sola. Esa forma de pensar y actuar es peligrosa, y peor, nos responsabiliza totalmente después de lo que pase; aunque hay personas que lanzan un escupitajo por una ventana y jamás parecen meditar en: ¿y si cae sobre alguien? No les importa porque carecen de un sentido natural de responsabilidad. También el miedo, legitimo o no, paraliza. Se quiere actuar, se piensa mucho en ello... pero no se hace nada sólo para lamentarlo después (como pudo pasarle a un tipo en una tienda de campaña en una montaña una noche si no se hubiera decidido a levantar una mano). Dicen que el mal triunfa cuando la gente buena se abstiene de actuar. Será.

   ¿Qué puede hacer Bolivia?:

-¿Dividirse, desgarrando a la pequeña nación, con el riesgo de que una porción se empobrezca más y la otra quede bajo la tutela' de otros, y aún a riesgo de que se desate una guerra civil?

-¿Someterse a la bota cubana y soportar por quién sabe cuánto los dictados de diosecitos que se creen dueños de vidas y destinos (y dígame si el líder está loco)?

-¿Llamar a elecciones anticipadas y comenzar de nuevo?

-¿Fingir pactar y rectificar sin hacerlo en verdad, siempre en pugna mientras el tiempo pasa?

   Todas tienen trampas, son delicadas y no pronostican nada bueno, ni en lo inmediato ni en el futuro; no se puede comenzar indefinidamente, los recursos ni la paciencia soportan tanto. Ojala tengan suerte, aunque no parecen tener mucho sentido común, es raro que no vieran que ese desastre estuvo pasando en Venezuela antes. Parece que sólo Perú prestaba atención, y a México lo salvó la Guadalupe. Dicen que la patrona de Venezuela es la Coromoto, yo ya estoy recogiendo firmas para pedir cuentas...

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 02:28:40 in PARA OPINAR | Comentarios(0) |  Permacoplamiento

Sobre mi

   Saludos a todos,

   Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:

-         Escribir, o hacer el intento de escribir.

-         Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.

-         Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.

Espero les agrade mi trabajo...

 

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