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SECRETO DE LA MONTAÑA

AMOR ADULTO
PERSONAJES
ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO (11-01-2008)

   Hay gente que es patética (aunque uno no quiera usar esa palabrita), y hay otros que llevan las cosas al extremo (uno gime: Dios mío, ¡no puede ser!). Uno de esos personajes es este señor, imagino que ya ex fiscal, Isaías Rodríguez. Intentando ser justos, o hasta decentes (se los juro, lo intenté), hay que concluir que hay personas que no tienen salvación. Van de torta en torta, y ya ni se quitan el traje fiestero con el que fueron al anterior. El Fiscal General de la República Bolivariana de Venezuela, Isaías Rodríguez (es decir, el fiscal de la república de quinta, ya estamos por detrás de Cuba y Zimbawe), es uno de esos especimenes muy... Dios, para hablar de él hay que inventar palabras, ninguna lo describe en nuestra lengua y yo no me sé la de los elfos, pero digamos que es: insólito. Para comenzar es un hombre que se autoproclama de la izquierda socialista (pobre socialistas, ya hasta pena dan). Es, por lo tanto, un sujeto que criticó toda la historia de los cuarenta años de la democracia representativa como un periodo cuando no se luchó contra la corrupción del poder, el clientelismo del Estado y las brutales desigualdades sociales. Claro, olvida convenientemente según su psicosis, que un Fiscal General de la República, Ramón Escobar Salom, solicitó y logró que se enjuiciara a Carlos Andrés Pérez por ladrón al embolsillarse 17 millones de dólares que intentó hacernos creer que fue para defender las democracias latinoamericanas (y el muy cínico esperaba que se lo creyéramos). Hugo Chávez, su entorno íntimo y su familia se patearon de lo lindo, en una sentada, dos mil millones de bolívares del FONDEN, sin que les temblara el pulso (no sé cuánto es en devaluados bolívares fuertes), pero ahí sí no había nada que investigar, ni siquiera una sospecha. Así lo dijo ese enemigo de la corrupción y del clientelismo, ese ‘justo hombre de la izquierda'.

   Aunque hay que entenderlo, en una considerable medida, este hombre se desfasa mentalmente cuando matan al Fiscal Accidental Danilo Anderson, el gran gurú de la fiscalía, quien llevaba todos los casos políticos, desde el golpe del 11 de abril de 2002, con un ojo sobre la oposición, pero el otro montado en Lucas Rincón, general trisoleado que esa madrugada anunció que Chávez había renunciado al poder, así como el juicio contra el alcalde de Baruta, Enrique Capriles Radonsky. Según las malas lenguas de mujeres malévolas como la periodista Patricia Poleo, el fiscal Isaías Rodríguez solía encerrarse largas horas en su oficina con Anderson, para penetrar... en el pensamiento marxista (así lo dejó flotar esta fémina, se los aseguro). Él la acusó de difamadora (y de bruja, me imagino), pero en verdad, cuando a Danilo Anderson lo matan en aquel atentado, Isaías apareció llorando y desencajado en televisión, gimiendo que esa muerte si le había dolido en verdad, no como la de su mamá que le dolió menos (pobre señora). Bueno, bueno, tampoco fue así, estoy haciendo una interpretación libre, lo que dijo fue: “esta muerte me dolió más que la de mi madre”. Y desde ese momento, y como ya se la tenía jurada a Patricia Poleo, el fiscal encaminó una investigación judicial destinada a lograr que un grupo de venezolanos dignos se vieran involucrados en el asesinato del Fiscal Accidental. Una doble venganza, y hay quienes lo tienen por idota...

   Policía o funcionario que dijera que las cosas no iban por ese lado, era separado de la investigación, suspendido y hasta pasado a tribunales para que respondiera por esto o aquello (nunca se había visto tanta democracia y legalidad; o como dicen Kirchner, Zapatero y Lula: así, así, así es que se gobierna), y todo culminó con una acusación formal contra Patricia Poleo, acuciosa e implacable periodista enemiga del régimen, como lo fue de los anteriores gobiernos, siempre crítica, ácida y dura; contra el abogado Salvador Romaní, hijo de un opositor a Fidel Castro de toda la vida, vinculado a un activo grupito de venezolanos que ayuda a escapar a médicos y entrenadores cubanos que vienen a las misiones; se acusó al general Jaime Escalante, chavista pero hombre decente, acantonado en el Occidente del país donde denuncia, y es enemigo jurado, los campamentos de la narcoguerrilla colombiana asentados en territorio nacional a quienes ahora no se podía tocar ni con un mal pensamiento, y denunciante del tráfico de drogas en el Oriente, de la gente del llamado Cartel del Sol; y finalmente, pero no menos importante o significativo, Nelson Mezerhanne, un accionista de GLOBOVISIÓN, con quien desearon dar un escarmiento a la planta televisiva.

   Y por supuesto, como antes hizo Carlos Andrés Pérez, el fiscal pretendía que le creyéramos todo ese cuento mal elaborado. Recuerdo, con asombro, lo dicho por Isaías Rodríguez en esos días, que esos eran todos por el momento, pero que podía haber más involucrados y que todos serían montados en “el autobús de a justicia”, imagino que camino al salón de la justicia. Más tarde quiso involucrarse al cardenal Rosalio Castillo Lara, que en paz descanse, y a Oscar Pérez, líder del Grupo de la Resistencia, así como a militares retirados del Frente Militar Institucional. Siendo como somos, en seguida se dijo: coño, ¿y dónde conspiraba toda esa gente, en una sala de conciertos? Pero esa era la naturaleza de este sujeto, la de un hombre sin inteligencia o probidad, condenado a arrastrarse a pantanales indecibles para poder mantener un cargo público, un muy buen cargo, gana muy bien. O ganaba.

   Pero Isaías Rodríguez no actuaba tan alocadamente como uno podría imaginarse hasta este momento: ¡tenía un testigo!, el testigo estrella, un hombre al que jamás se le careó con los involucrados o la prensa que no estuviera controlada por el Estado. Nadie que no fuera del Gobierno pudo hacerle una pregunta jamás. La única entrevista que dio fue con la gente de VENEZOLANA DE TELEVISIÓN, donde la todopoderosa fiscal Luisa Ortega, iba dictándole qué decir. Era terrible, ni siquiera intentaron que se aprendiera el guión, por eso les va como les va. Lamentablemente, para Isaías Rodríguez y Hugo Chávez, la prensa investigó y se supo que el carrizo era colombiano y que tenía un expediente criminal voluminoso levantado allá por... mitómano y estafador. Investigado nada más y nada menos que por mentiroso. Ay, Dios mío, ahora cabe preguntarse: ¿es justo que un régimen tan inescrupuloso pero con tantos recursos no pudiera encontrar a alguien mejor para echar el cuento? El caso fue que el sujeto, Giovanni Vásquez, dijo que él y esas cuatro personas estuvieron creo que en una selva de Nicaragua o Panamá, planeando esa muerte el día tal. Y el fiscal Isaías Rodríguez se lo creyó porque, confesado por él mismo a un periodista de VENEZOLANA DE TELEVISIÓN de apellido Villegas, había visto la sinceridad brillar en la mirada de Giovanni Vásquez cuando le contaba todo; argumentación que hizo revolver en su silla al entrevistador como si estuviera sentado, de pronto, sobre un hormiguero.

   Que esas cuatro personas estuvieran en el país para la fecha en cuestión, según Inmigración y testigos oculares, o que sus pasaportes no registraran tal viaje, no lo disuadió. ¡Él tenía un testigo, caramba!, un hombre de mirada sincera y brillante, donde se adivinaba la tortura de un alma que confiesa cosas terribles (ah, no les he contado: el fiscal pretende ser poeta, creo que hasta libros ha escrito). No, este hombre magistralmente ofuscado (¡Danilo había muerto! Dios, ¡Danilo se había ido!) Salió con una nueva teoría, una que lo cubría, explicaba y unificaba todo (todavía no entiendo cómo no lo han llamado de la NASA para que teoricé sobre los campos unificados que tienen a los pobres físicos de cabeza). Todos los indiciados habían escapado por los caminos verdes, porque él sostiene que como nadie custodia las fronteras en este país de quinta (no te digo, atacaba a Chávez), todos salieron por donde entran los irregulares de las FARC; y  remató diciendo que la gente que se vio por aquí, vistos por familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo eran... (ta ta ta tannn) ‘dobles'.

   Si, si, sé que suena absurdo y da risa, yo mismo no puedo evitar sonreír aunque la cosa es realmente deprimente, alarmante y doloroso, recuerden que ese señor es el Fiscal General de la República, el que halla llegado ahí por ser sumiso a Chávez no le quita gravedad al asunto. Claro, ante la nueva teoría, todos esperábamos ver a los dobles identificados, desfilando esposados con las cabezas gachas, echando el cuento de cuándo descubrieron que se parecían tanto a fulanito o menganita. Pero por alguna extraña razón, nadie los buscó, ni la fiscalía ni la policía. Ni se dijo cómo hicieron los conjurados para verse fuera de Venezuela. Esos eran detalles nimios, sin importancia. Según Isaías Rodríguez, dicho por él, eran detallitos sin interés levantados como cortinas de humo por los medios de comunicación para salvarle el pellejo a los homicidas. ¡Él tenía un testigo presencial, carajo! Pero el golpe más devastador, uno que ni Kirchner, Zapatero, la Bachelet o Lula supieron como explicar o encubrir de aquel socio que tan generoso era, llegó cuando una reportera de GLOBOVISIÓN presentó una boleta de excarcelación donde constaba que Giovanni Vásquez estaba preso en Colombia el día en que aseguraba haberse reunido con los Cuatro Grandes, las mayores mentes criminales de nuestra era, en la selva. Y aquí, no queda más remedio, uno se lleva las manos a la cabeza y pela los ojos.

   ¿No es insólito? ¿Acaso creyeron que nadie investigaría, qué nadie se enteraría? ¿Qué les costaba elegir otro día, uno cualquiera, pero que el testigo estrella estuviera en libertad? ¿De dónde salió ese testigo? ¿Lo envió la CIA? ¿Bush? ¿El Diablo? A esta alturas pensaran que con eso terminaba el proceso contra esa gente, pues no; se inventaron una figura legal donde ni eran culpables ni eran inocentes, sí, es verdad, no hay pruebas, pero el proceso no se cierra y en cualquier momento, si aparece alguien más, así sea una imagen en una piedra, se les vuelve a encarcelar. Patricia poleo, quien en cuanto comenzó el zaperoco se fue al exilio, aún no puede regresar a Venezuela, porque no hay garantías de que no la encierren y que en una celda le hagan lo que los cubanos acostumbran a hacerle a sus víctimas en Cuba para destruirlas, esas cosas que gente como Sean Penn, el que fue marido de Madonna (su único logro real en la vida) nunca ve mientras se cree un chico terrible al hacerle la barba a Fidel o a Chávez.

   Después de años de verlo desvariar y revolcarse públicamente en la inmundicia, la propia y la ajena, siempre con una sonrisita que daba escalofríos (algo realmente desagradable, créanme), Isaías Rodríguez deja el cargo, rogándole a Dios todos los días, desde ahora hasta su muerte, que el Gobierno nunca cambie y que Chávez pueda mandar hasta que se muera de viejo como Fidel así sea sosteniéndose sobre las armas y la represión, o sus crímenes, los que cometió, los que ayudó a encubrir desde la fiscalía, las persecuciones que personalmente desató contra gente decente que cometió el delito de alzar su voz de protesta ante tantos desmanes, lo alcanzarán. Como finalmente lo alcanzarán ya que es de todos sabidos, y consuelo da, que lo que en esta vida se hace, en esta vida se paga.

   Ah, ya imagino al tragadólares (el avión a todo lujo donde el humilde Hugo Chávez sale a vivir la buena vida, a todo trapo, por esos mundos de Dios, alejándose de Caracas que está tan sucita y fea), escapando a toda prisa por La Carlota, seguido de una multitud que grita y que, como los valientes bolivianos hace poco, llevan palos y piedras que le arrojan. Con lo intrépido que es el Presidente (oculto en el Museo Militar el 4 de febrero mientras otros echaban plomo parejo en su intentona de golpe, y bajo la sotana de los curas el 11 de abril, para que ‘no lo mataran esos muchachos', como confesó al regresar al poder, pero que luego, convenientemente, olvidó mientras echaba el cuento una y otra vez), gritándole al piloto: más rápido, más rápido, métele chola. Y entre el avión y la multitud que grita, Isaías Rodríguez, corriendo torpemente, gordo y fofo por una vida de vicios y excesos, cargando con las pesadas maletas llenas de dólares, gritando que no lo dejen, que no lo dejen o lo joden, para luego, y cómo no, tropezar y caer, como Clim, aquel mapachito que corría tras el tren cuando se iba Candy Candy.

   Ah, hay tanto que contar todavía del fiscal que creo que continuaré después...

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 04:40:38 in PERSONAJES | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
FETISH
UN AMANTE PA' LO QUE SALGA (11-01-2008)

   -Saluda, cariño; Roberto, te presento a mi marido...

   Tal como imaginaba el pobre Fermín, Sandra lo engañaba con un carajo con pinta de malandro de los malos. Arrecho fue contra ellos, con tan mala suerte que lloriqueó un poquito, y Sandra que andaba molesta con él, insatisfecha con él como hombre, lo cacheteó arrojándolo sobre el sofá mientras le gritaba que no era más que un pobre maricón.

   -Ayúdame a darle una lección, Roberto. -exigió, furiosa y vengativa como toda mujer decepcionada, al amante.

   Y la ayudó, empujando duro, sin piedad, hasta casi voltear todo y sofá con la fuerza de las embestidas contra el rival. Fermín gritó, se quejó, lloró ante la injusticia... hasta que comenzó a entender que si se movía también, era menos doloroso y más...

   -¡Mira como se menea y aprieta...! –gritó riente Sandra, viéndolo morderse los labios para no gemir.- Ah, ya veo, con razón andaba yo tan mal amada. Te gusta, ¿verdad? Ya veo que sí. Ajá, así, menéalo y aprieta ahora, ¿lo ves? ¿No es increíble? –ríe al oírlo gemir ocultando la cara en el mueble para que no vean cuánto...- Ahora vas a tener que venir por los dos. –dice riente al amante.

   No me van a decir que semejante idea para un dibujo, serie fotografiada, relato o película no es increíble. Imaginar a un tipo molesto ante la actuación de una pécora, al que le cae encima el amante y le da lo suyo, gozándolo delante de ella que se convence que el marido no es más que otro amante de los falos, es algo realmente excitante, dígame si gruñe y se menea...

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 04:37:43 in FETISH | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
RESORT
PROVOCANDO AL GAY (11-01-2008)

   Machos burlándose de uno no tan macho...

   El equipo de béisbol felino había bajado ese fin de semana al resort para aligerar tensiones ante el avance de sus eternos rivales. Roger y Andrés, dos buenos cuartos bates, estaban decididos a molestar y a probar que Clemente era gay. Así que se desnudan y se pasean frente a él, pero queriendo incitar más, se pegan cerca de la piscina.

   -¿Nos está mirando? –pregunta Andrés.

   -Claro, ¡es un maricón! –gruñe Roger.- Tócame las nalgas, eso lo enloquecerá...

   -Está bien. Vaya, qué duritas, cuesta meter los dedos. Sóbame tú. –consintió, notando el roce de esas manotas callosas.- Pellízcame las tetillas...

   -Sí, eso lo matará. Lo tenemos loquito, seguro que ya va a declararse gay ante nosotros, pidiendo cacao.

   -Hummm, sí, apriétamelas así... seguro que se excita. –jadeó, llevando sus manos a la raja del otro, apretando duro también, con los toletes ya algo crecidos.- Creo que quiere vérnoslos parados...

   -Mete los dedos en la raja... ahhh... Eres un pasado, metiste un dedo... te voy a... -se quejó riente.

   -Ahhh... sí, cómete mi teta... eso lo va a volver loco.

   “¡Par de maricas! ¡Ya lo sabía!”, pensó Clemente sentándose a llevar sol, cerrando los ojos para no ser testigo de lo que no le importaba, por lo que no vio como los otros, intentando excitarlo más, caen sobre una silla plegable y practican matemáticas raras, comenzando con un sesenta y nueve todo movido y gruñido.

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 04:34:05 in RESORT | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
CUADERNOS DE TRABAJO
EL 2000 Y LOS BUENOS DESEOS (11-01-2008)

   Así es más rica la vida...

   Lamento parecer algo necio y maniático, pero siempre me ha parecido que cualquier actividad, sea leer, escribir, pasear, hablar, pensar, debe llevar consigo un fin, un propósito. Una meta, pues. Aunque no se me mal interprete, puedo ser bien vago cuando me lo propongo y hacer cosas simplemente por hacerlas... o no hacerlas. Sin embargo toda vida debe tener utilidad, como la de aquel que siembra una planta que luego será enorme, dará oxígeno y sombra bajo la que otros se cobijaran en un momento dado; o el que levanta a una familia donde existe el deseo de superación, de ser mejores, de visitar mundo, de conocer lo que fue antes que ellos, de vivir mejor de lo que se vivió antes. Creo que a eso le llaman transcender, y es un concepto bonito. Aquí, como una introducción, me voy con unos comentarios sobre cosas que me preocupan, que me afectan... y que me arrechan. A estas altura de la vida, toda persona mayor de veinte años debe saber, o sospechar, que los problemas de su comunidad, del mundo, no pueden ser dejadas en manos de los políticos, porque al parecer, y que Dios me perdone por ser tan mal pensado, estos muchas veces sólo piensan en su conveniencia... cuando no son personas rematadamente inútiles. Peor, hay locos que no lo parecen hasta que se sientan en una Silla con poder, y luego la riegan. Pero comencemos hablando del año dos mil...

   El 2ooo, fue particularmente esperado por muchos, entre ilusiones y temores. Parecía un número grande, redondo... casi misterioso. Hacía pensar en casitas en la Luna, las que estaban debajo del mar o las colonias en Marte; pero también en desastres y desgracias. El fin del mundo, motivado por un sin fin de variantes, era algo que alarmaba a mucha gente, y no sólo en el Tercer Mundo, aún en la poderosa Norteamérica o la culta Europa. Eran miedos de las masas, los atávicos, los que cada uno guardaba en su cabeza o su corazón, y estos eran universales. El fin podía ser por una peste, una hecatombe nuclear, un desastre atmosférico que desencadenaría terremotos, maremotos y tornados. Incluso se hablaba de objetos que podían caer del cielo, al parece estamos cruzando una zona del espacio particularmente cargada con todo rastros de rocas, y la Tierra pasa por ahí como perro en cancha de bolas criollas, esperando en cualquier momento el perolazo en la cabeza. Hercobulus aterrorizó a muchas almas sencillas. Nada de eso se cumplió, pero ya anda un grupo por ahí con un libro que habla de un planeta rojo que se acerca a la Tierra, el cual hay que comprar si queremos saber cómo salvarnos. Dios, había prometido no burlarme más de los místicos...

   Hay un aspecto de la llegada del dos mil que me inquietó como empleado publico destinado a llevar cifras, cuentas y estadísticas sanitarias, que ahora no se pueden, las cantidades que anuncia el Gobierno, no digamos que son inventadas, pero eso se le parece mucho; ahora debo trabajar únicamente con cifras pasadas. En los años previos al singular número, las Naciones Unidas todas se había abocado a la exitosa culminación de un programa de gran alcance en tiempo y lugares, destinados a combatir las enfermedades productos de la desnutrición, algo que se llamó LA CARTA DE OTTAWA, que debía mostrar todos sus triunfos en el dos mil. Pasado siete años ya es posible medir en todo su alcance el fracaso (¿fracasó un plan implementado por la ONU y sus líderes? ¡No puede ser!). No sólo no se redujeron dichas cifras, atacando sus causas, sino que no se ha tocado ninguno de los otros problemas que le van aparejados, obligación también de las Naciones Unidas, como era la reducción de armas, no solamente las de destrucción masiva, y una efectiva disminución de la contaminación ambiental.

   ¿No es curioso como fallamos siempre en cuestiones importantes? Por suerte al fracaso no se le dice así, no a nivel de la ONU al menos, y a nadie le interesa mucho tampoco el tema. ¡Es tan aburrido pensar en problemas! Claro, un tornado en Sumatra es un asunto feo, pobre gente, pero pasa a cada rato y ya nos acostumbramos. Un hermano mío comentó en estos días, ¿y por qué esa gente no se va de ahí? Este hermano mío, Miguel, es así, muy folclórico. Recuerdo una tarde que estábamos en casa de nuestra madre, sentados a la mesa él, mi hermana Luisa y yo, comiendo. Eran granos muy sabrosos con carne de cerdo, unos bistecs a la plancha, ensalada de pollo, mucho aguacate y jugo de naranja. Él repitió... y pidió un tercer plato. Yo le dije, ¡muchacho! Luisa le preguntó si no sabía que había mucha gente muriéndose de hambre en el mundo. ¿Saben qué contestó?: Hummmju, y por qué no se vienen para acá para que coman.

   Es realmente una pena que los problemas no puedan solucionarse así, tan fácilmente, con tan sólo cambiar de dirección, como piensan tantos que hacen un desastre de la zona donde viven y creyendo que mudándose dejarán lo que son y lo que provocaron atrás. Lamentablemente tampoco hay soluciones rápidas o sencillas a estos problemas (no, no se vayan todavía). Aunque la desnutrición, la pobreza extrema y la violencia sean problemas localizados, focales, estos son universales, aunque los grandes países quieren desentenderse del asunto. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que las diferentes ligas de países y presidentes no sirven sino para reunirse, firmar papeles huecos que dan una falsa sensación de que algo se hace, que se sacan fotos, discuten, chismean y se atacan por allí uno que otro para mostrarse más en plan de farándula que de estadista. ¡Y con el realero que gastan en esas cumbres!, la cosa es eso, cumbre. Las Naciones Unidas han ido quedando relegadas, como lo será finalmente la OEA en su triste papel de incapaz para sostener reglas claras, justas y equilibradas que protejan a los americanos como ciudadanos de los regimenes políticos. ¿Para que le sirve a un perseguido político, que languidece en una cárcel y su familia, amigos y conciudadanos, la existencia o no del Secretario General o toda la OEA? ¡Para arrecharse! Y este, el señor Insulza, es increíblemente inepto, casi criminal en su negligencia.

   Aunque es posible encontrar gobiernos locales capaces y responsables que deseen afrontar cambios y dar soluciones, el político en sí está controlado por las urnas. Un político no puedo sencillamente mandar a la gente a bañarse y que dejen la pedidera y se pongan a trabajar, o “pierdo a mis electores y me jodo”. A un candidato a una gobernación en Venezuela, Enrique Mendoza, se le ocurrió como slogan de campaña: trabajo, trabajo y más trabajo... y así le fue. Por otro lado, un buen gobierno puede terminar y llegar otro que no sirva ni para limpiarse la nariz con un dedo frente a un espejo; en Latinoamérica el espectro está muy copados de esa fauna de oportunistas gritones de la internacional socialista, con su ya más que demostrada incompetencia, siempre cazando un descuido de los ciudadanos para echar la vaina. La solución, aunque más difícil que encontrar o elaborar una piedra filosofal, es que los ciudadanos tomen conciencia a nivel de su región, de su calle, de su urbanización, y adopten medidas sencillas para encarar los tres puntos básicos de problemas mayores, tres desequilibrios suficientemente conocidos:

-Los sanitarios.

-Los sociales.

-Los ambientales.

   Tendrá que ser la gente común la que tome el control de la situación y diga: hasta aquí, esto hay que resolverlo. Y no es tan complicado, las soluciones ya están establecidas (educar y trabajar, producir y ahorrar), serían baratas económicamente hablando, y de simple sentido común, sin embargo eso oculta el principal problema. El sentido común no es tan común como muchos creen. Y encontrar a alguien que quiera reunirse con otro para discutir el futuro de su ciudad es casi tan complicado como encontrar a dos personas que hallan atestiguado un mismo hecho y lo cuenten de igual manera, como lo sabe todo el que haya pertenecido a una junta de condominio (Dios, qué infierno). Ah, las cosas que he hecho yo mismo escapando de ellos, aunque sé que a la larga el no hacer nada me perjudica en mi edificio. Por nuestro bien, esperemos que surja la gente responsable que quiera tomar sobre sí el peso de estos problemas, sin deseos de figuración, sin que necesiten llenar un vacío patológico de protagonismo.

   En alguna parte leí hace tiempo que el noventa por cierto de todas las ideas que mueven al mundo proviene de un diez por ciento de la población, que el resto es relleno y se conforma con que la dejen en paz en su vida de cabeza metida en la arena. Supongo que en lo tocante a la responsabilidad de luchar, echarse un problema a los hombros y trabajar para resolverlo, así lleve años, también recae sobre un número igualmente reducido. Que lástima que no seamos para trabajar como lo somos para opinar sobre el cómo deben hacer las cosas los demás. Pero en algún momento la gente común, el ciudadano de a pie, el pela bolas como decimos aquí, tendrá que botar aire, enderezar los hombros, echar la cabeza hacia atrás como diciendo “por qué yo, Dios”, y tomar la responsabilidad de pensar en su futuro, el de sus hijos y sobrinos, el de sus amigos y su país, de forma local, sin pretensiones de salvar el mundo. Como gente normal, pues...

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 04:28:23 in CUADERNOS DE TRABAJO | Comentarios(0) |  Permacoplamiento

Sobre mi

   Saludos a todos,

   Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:

-         Escribir, o hacer el intento de escribir.

-         Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.

-         Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.

Espero les agrade mi trabajo...

 

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