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SECRETO DE LA MONTAÑA

AMOR ADULTO

   ¿Puede dudarse que sea amor?

   Digo REGRESO, pero en verdad temo que nunca hemos dejado del todo tan árido lugar. Y lo de árido viene dado por los dolores del alma como dirían personas más sensibles, o cursis,  que yo. Ya ha pasado tiempo desde que Brokeback Mountain (El Secreto de la Montaña) se exhibió como un estreno polémico, pero es hasta ahora que nosotros podemos hablar, así que se la van a tener que calar, ¿okay?

   Cuando fui a verla, con un grupo de colegas de trabajo (de vez en cuando salimos a comer o tomar algo para pasar un buen rato, cosa que no es extraña, a veces se pasa más tiempo con ellos que con la misma familia), me resistí a ir. Me hacía el duro sobre el ir a ver a los dos maricones esos, como creo que hizo y dijo todo hombre venezolano de la boca para afuera, aunque deseara mucho ver la película. No estamos tan lejos en el tiempo del Wyoming del 63, y cada uno tiene que guardar ciertas apariencias, sobretodo con las amigas. Pero a decir verdad, deseaba ir. Siendo sinceros, la promoción del romance homosexual entre dos vaqueros era lo suficientemente escandalosa como para resultar atractiva. Fui. La vi... y me molesté mucho.

   Me sentí desconcertado al ver a tanta gente afectada, incluidos hombres que iban con sus mujeres, aunque intentaban parecer duros, pero era fácil verles... esa angustia extraña en los ojos, al terminar la función. Alicia, una querida amiga, lloraba todavía mientras nos íbamos. Yo no lloré, ni me sentí conmovido. Estaba como seco, paralizado al respecto. Lo que tenía era una madre de arrechera que ni yo mismo entendía. En lugar de sentir la tristeza y desesperación de esos dos hombres, como decía Carmencita, o el gran amor que transcendió el tiempo y los deseos mismos de esos hombres por escapar a lo que sentían, como decía Fátima; yo sólo sentía ese mal gusto de boca, jurándome a mí mismo que iba a convertirme en el peor detractor de la cinta. Y así lo dije, ganándome miradas de rabia de todos, y hasta el mote de odioso, aunque ya en el pasado mucha gente me había acusado de sentimental, con todo y lo feo que eso suena. ¿Por qué la odié tanto?

   Desde que leí en La Voz, el diario mirandino, que iban a realizar la película, un amor sobre vaqueros raros, donde Jake Gyllenhaal y Heath Ledger iban a protagonizarla y había problema con las escenas de amor, me picó el morbo por verla; pensé que tan sólo por esos momentos valía la pena calarse la peliculita. Pero no, yo había salido tibio (de rabia) más bien. Así que al reunirnos un poco más tarde para tomar algo, comencé el ataque feroz contra tan terrible film. Yo insistía en que la trama era muy traída por los pelos, ¿de dónde les salía a esos dos carajos el acostarse así de un momento a otro? ¿Estaban simplemente rascados y calentorros? ¿Locura de la montaña? ¡Ahí me cayeron encima las mujeres!

   Fátima me preguntaba si no había notado la mirada que el tal Jack le lanzó a Ennis (vamos a usar los nombres) cuando llega frente a la oficina del tal Aguirre, y como medio esboza una sonrisa, sintiéndose alegremente sorprendido, y tal vez excitado ante la idea de encontrar a ese apuesto tipo allí.  Qué si no había visto la forma en que Jack lo enfocaba con su espejo retrovisor mientras se afeitaba. Carmencita asentía, recordándome que cuando estaban en la montaña, y Jack se iba a caballo, Ennis lo seguía con la mirada por un rato; y que cuando Jack estaba cuidando las ovejas de noche, miraba hacia el valle, buscando la luz de la hoguera donde estaba el otro, sabiendo Dios en qué pensaba. Alicia me preguntó si no había visto la íntima escena donde Jack, congelado de preocupación, se quitaba el pañuelo y lo mojaba en agua para limpiarle la herida que el otro se hizo en la cabeza al caer del caballo por culpa del oso. Y hasta Ricardo me acotó que la forma en que el tal Ennis salía a buscar algo más que frijoles para que Jack comiera, ya que éste no quería más frijoles, indicaba que algo pasaba. ¡Ah, gente pa'detallista!

   La verdad es que yo no había reparado en nada de eso. Y por ahí siguió la cosa. Se discutía que por intentar llevar dobles vidas, habían lastimado a otras personas, sus mujeres; otros aducían que lo hacían porque no querían ceder a lo que sentían, que luchaban contra lo que en verdad eran. Algunos los acusaban de cobardía, otros decían que era gente que había sufrido y que cuando les llegó el duro momento cuando el destino te obligaba a enfrentar la encrucijada más importante de tu vida, habían hecho una muy mala elección. Todo, todo en la película, había sido captado de forma distinta por todos. Y yo me admiré, porque, personalmente, me pareció que el tal Jack Twist había sido un tonto confiándose así a un tipo tan cobarde, pusilánime y mediocre como el tal Ennis del Mar. Y había sido eso, sobretodo, lo que me había molestado.

   Pero esa noche, en mi casa, me sentí desasosegado. Estaba molesto, irritado, y mientras me cambiaba de ropa, comía algo, encendía la televisión y miraba Globovisión, o me daba un baño, no podía concentrarme. Algo me molestaba, me llenaba de una desagradable sensación de insatisfacción. Nada me parecía bien, no podría sentirme tranquilo. La película volvía una y otra vez a mi cabeza, y su drama, su tristeza, me llenaba de una rabia amarga. Me preguntaba: y por qué no hicieron esto o aquello, y si se hubieran ido, y si... Y no pude dormir. Por primera vez en mi vida, pasé una noche en vigilia por culpa de una película; dormía por raticos y creo que hasta soñaba con ella. Y al paso de los días, seguía así, incómodo, funcionaba pero como a dos niveles. Y coño, tuve que volverla a ver, aunque sabía que me exponía a más intranquilidad del ‘alma'.

   Y allí estaban todos esos detalles que Alicia, Carmen, Fátima, Ricardo y los otros me indicaron. Y vi otros. Y ya no era el morbo de verlos besándose, o ver nuevamente las escenas dentro de la carpa; ya no me parecía algo vulgar, o excitante como ver una porno. Eran dos carajos que se ahogaban con algo que sentían, que estaba allí y no lo habían dicho hasta que el tal Jack, más valiente o más loco, no pudo aguantarlo más y decidió actuar, desencadenando toda esa tormenta. Tormenta que terminaría amargamente, pero ¿cómo podían saberlo en ese momento? La vida es eso, o debería ser eso, arriesgarse por saber si eso que se quiere, que se sueña, que se anhela de una forma que te roba la calma, la paz, la vida o la felicidad si no lo tienes, se te da.

   La segunda escena dentro de la carpa me pareció entonces algo más poético. No eran dos carajos que deseaban tirar para pasar una noche. Allí estaba el tal Ennis que gruñó que no era un marica y que eso no volvería a suceder y culpaba a Jack; pero que al llegar la noche, humilde, confuso, asustado ante lo que sentía, algo que iba contra lo que quería ser, va hacia la tienda porque su deseo o necesidad de ese otro sujeto era más grande que sus miedos. Y allí estaba el tal Jack. Y no parecía un marica vulgar esperando que otro tipo entrara para que le diera lo suyo. Era un hombre (que hasta se veía bien con esa luz rojiza) que esperaba al que ya sabía dueño de su vida, tal vez temeroso de que Ennis no fuera; pero esperándolo, con esperanza, porque ¿qué otra cosa puede hacer quien ya no es dueño de su destino sino que lo sabe en manos de otro?

   Y cuando el otro entra, casi con la cara enterrada en la tierra, Jack se sienta, lo soba, lo besa, lo acuna (y vaya mirada que le lanzó, realmente parecía alguien que esperaba a su amante). Lo recibe sin exigencias, sin reclamos, sin rencores por lo que el otro le había dicho. Ese tipo era eso, el que se entrega, el que se disculpa, el que siempre estará dispuesto a esperar y a entender, quien al ser ofendido, callará y esperará, para luego ir hacia el otro que llora amargamente y acunarlo con amor, aunque Ennis intente golpearlo como en la escena de la despedida final. Jack era ese, el que amaba, el que se entregaba y que seguramente esperaba que un día le dijeran, que se yo: te amo, Jack...

   Ya no era una trama morbosa o ridícula de dos maricos que se escondían para tirar de vez en cuando, por sinvergüenzas o sin oficios. Era una historia dura, terrible, la de Ennis, un tipo tosco, inexpresivo, luchando contra lo que siente, peleando contra su naturaleza, luchando para cambiar lo que desea, aislándose cada vez más de todo el mundo, intentando se duro (un macho), pero que jadea, vomita y golpea una pared cuando se separa de Jack la primera vez, tal vez porque le dolía mucho esa separación y no pudo decirlo, o no quería admitirlo, o por no haber besado por última vez a ese carajo de mirada triste y anhelante (y bonita) que se iba de su vida, sin saber si volverían a verse. Cuando se reencuentran, cuando se ve el nerviosismo de Ennis, su angustia ante la espera,  y como corre hacia Jack abrazándolo, besándolo con rudeza, casi mordiéndolo, frotando su frente de él una y otra vez, sus acciones te dicen que eso era lo único que ese hombre siempre había querido en esta vida, a su Jack a su lado; pero ni cediendo aún en ese momento, ¡porque él es un hombre! Y los hombres duros ni bailan ni aman a otros carajos. Por su lado, Jack era... Jack. El amor que se entrega y dice acabemos con todo y vivamos lo nuestro, pero siendo siempre rechazada y alejada su generosa oferta.

   ¡Y así quedé atrapado en esa maldita película! Sólo podía pensar en eso. Esos personajes, Jack y Ennis salieron de la pantalla, como lo hacían los personajes en La Rosa Púrpura del Cairo, y se convirtieron en personas de carne y hueso. En gente que sentía y sufría. Eran, ahora, dos tipos que habían pasado por todo eso, que se habían amado y lo habían perdido todo. Y eso me arrechaba otra vez, porque me parecía que los había visto padeciendo. Que yo los conocí, porque se me volvieron demasiado reales; y sentía, en la escena final, cuando Ennis tenía esos ojos cuajados de lágrimas, como un vacío maluco en... no sé dónde. Y me preguntaba qué podía haberse hecho para ayudarlos, para que encontraran la paz, para que Ennis entendiera que debía aceptar el regalo de Jack y ser feliz y hacer feliz a Jack.

   Sí, me obsesioné. Y me pegó duro, no se imaginan cuánto. Como a muchos de mis conocidos. Y por culpa de ellos caí en blogs y páginas en la Web que sólo empeoraron la cosa; pero de eso hablaremos después. Sin embargo, antes de despedirme, quiero compartir una imagen que me persigue aún todavía: Ennis del Mar debe tener más de sesenta años ya, si sigue vivo y no se suicidó o algo así, y ya debe haber pactado con la soledad y la nostalgia. Pero estoy seguro, no sé por qué pero lo estoy, de que cada noche, antes de dormir, y aún en sus sueños, llama a su Jack... Y Jack aparece, mirándolo con afecto, con su sonrisa suave y hermosa, como era en esos días en la montaña, acostándose a su lado, acompañándolo; porque Jack era eso, el que acudía, el que disculpaba, el que se entregaba. Era el que más amaba...

   Julio César.

Publicado por Julio Csar a 21:26:21 in SECRETO DE LA MONTAÑA | Comentarios(1) |  Permacoplamiento
PERSONAL
EL 'ARTE' DE ESCRIBIR (15-09-2007)

   Como ya he indicado por ahí, desde hace mucho he deseado escribir cosas. Siempre fue una necesidad para mí desde que me aficioné a leer historietas tipo Kalimán y Tamacún. Al terminar de leerlas podía imaginar más y más tramas. ¡Cómo gasté real en esos suplementos! Mi mamá sospechaba que la robaba (y no entremos en explicaciones), aunque jamás pudo probarme nada. De toda la vida me ha parecido que tomar un libro y sumergirse en él es una gran aventura, donde te pierdes a conciencia y con placer en sus narraciones, sobretodo en aquellas que son capaces de recrearnos en la mente la imagen fiel de una montaña alta, un desierto árido o una tundra hostil pero hermosa. Fuera de los personajes o tramas, hay libros que realmente te atrapan, que te obligan a seguir leyendo hasta el final... Cosa que lamentablemente está sucediendo cada vez menos. No sé cómo será en otras partes, pero uno entra en cualquier cuchitril que llaman librería y sólo encuentra textos de autoayuda, de espiritualidad o los de santería (cómo hay de estos). No tengo nada contra Conny Méndez o Pablo Coello, pero no me gustan sus obras.

   Entiendo que en verdad no soy un ‘escritor', y que tal vez no tenga los méritos o la capacidad para criticar o clasificar, pero un libro como Cien Años de Soledad es mil veces mejor que una trama superficial y mal elaborada como El Código da Vinci. Y ya que nombramos al Gabo, ésta, su novela, es infinitamente superior a El General en su Laberinto o Memorias de mis Putas Tristes. Pero eso no es grave, es algo que termina afectando a todos los grandes que escriben (y al decir esto me refiero a los capaces de crear suspense con sus narraciones) como Stephen King con sus cuentos más recientes o las últimas novelas escritas por la gran Ágatha Crhistie, que nada tenían que ver con sus primeros trabajos (a decir verdad me siento mal al hablar así de ella).

   En fin, siempre quise escribir. Me atraía la idea de elaborar historias tan interesantes que todo el mundo deseara leerlas y no pudieran dejar de hacerlo hasta llegar al final, y lamentando que el final llegara. Llevo años, pero años de verdad, intentando hacerlo. Creo que ya hay gente dentro de las editoriales que conocen mi nombre y se me niegan (¡y para colmo existe el identificador de llamadas!); aunque eso es, en cierta medida, éxito, ¿no? Recuerdo que uno de mis primeros intentos literarios fue algo llamado La Caída de la Civilización (vaya nombre, ¿ah?), novela con una trama que abarcaba el mundo entero y de cómo llegábamos a una crisis socio-cultural que iniciaba un declive mundial. Era terrible, claro (no que fuera bueno y absorbente, sino malo temáticamente), y así me lo hicieron ver con toda sinceridad (fueron devastadores).

   Con el tiempo mejoré un poco, aunque me esté mal el decirlo. A los que les enviaba algo les gustaba, les parecía interesante y hasta novedoso, pero al final no llegaba a nada. Realmente existe algo como una logia literaria secreta y terrible, y quien no esté ahí, queda fuera por toda la eternidad condenado al limbo (no, no creo que sean los Illuminati). Imagino que debe ser porque editar y distribuir un libro es costoso, así que creo que ninguna casa grande se arriesga. Por ello olvidé lo de la escritura durante años, hasta que participé en dos concursos de cuentos, y en uno me fue bien (era un relato corto de suspenso), pero no pasé de ahí. No habo interés, hasta que...

   En Venezuela existía hasta no hace mucho (la crisis acabó con muchas publicaciones) una revista llamada Enlaces Calientes, y con tal nombre se imaginarán por dónde iban los tiros, la cual se dedicaba a concertar citas entre personas, para conocer gente (personalmente me parece extraño eso de conocer a alguien así; es como esos cursos para mejorar la personalidad). Dicha publicación realizó un pequeño concurso y envié dos cuentos. Ah, sorpresa, a todo el mundo les encantó. Y me pidieron nuevas historias (así, para sorpresa mía, pedidos y cancelados monetariamente), pero me señalaron que los deseaban sobre el tópico gay. Me dijeron que el mismo tenía mucha demanda y seguidores dentro de la población, y al parecer, dentro de los lectores de la revista. Para mí fue una sorpresa realmente (lo del tanto público para las historias gay, como el que desearan algo escrito por mí). Lo hice. Gustaron, pero la revista llegó a su fin inesperadamente, los conocidos me acusaron a mí y a mi eterna mala suerte, un día les hablaré de ella. Pero yo deseaba seguir escribiendo, y al decidirme por una novela larga, con muchos personajes y subtramas, me fui por algo que ya había probado que interesaba y gustaba en mis cuentos, la temática homosexual en lo... ¿sentimental?

   Con eso en mente me puse a escribir un cuento largo, de unas veinte tantas páginas, LUCHAS INTERNAS, relato que fue creciendo con vida propia y se me escapó de las manos. Lo comencé con una escena en concreto, que no sabía como unir a otras, pero todo fue ganando tamaño y complejidad. La escribí en un tiempo relativamente corto, pero corregirla me llevó casi al doble, Dios, qué cantidad de errores ortográficos cometía (y cometo aún). Lo imprimí, lo encuaderné; no yo, claro, y fue horrible verme expuesto a la mirada de la joven que lo recibió, siempre he temido que leyera algo porque me miraba como cajera de banco que desconfiara de un cheque. Lo envié a varias editoriales, siempre con la misma vergüenza al ser recibido por recepcionistas y editoras, no sabía donde meter la cara cuando me preguntaban de qué trataba. Lo interesante es que la pasaban a fulano o mengano para que la evaluaran, y después de bastante tiempo me llamaban para decirme que no era procedente para la línea de la empresa. Lo más curioso fue que una vez no me regresaron la copia que envié, sino una distinta.

   No hubo manera de una oportunidad aunque más de una persona me dijo que la trama resultaba atractiva. Los tiempos no están como para que mono cargue a su hijo como decimos por aquí, así que nadie ensaya con algo nuevo. Y como, para colmo, me fui por una de criticar al Gobierno (Dios, que gente tan inútil y cruel, al estilo cubano), y aquí no es como en otros países donde las Instituciones y las Leyes pueden proteger a cualquier pelagatos de un mandatario enloquecido y furioso, eso terminó por cerrarme las puertas. Por eso escribo aquí y así... No importa nada más. Sólo espero que alguien lo lea y le guste, tanto como para volver una y otra vez. Lo demás... al coño...

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 20:50:27 in PERSONAL | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
AMIGOS
EN LA PISCINA (15-09-2007)

   -Querida, no te molestes, el compadre y yo sólo estamos jugando...

   La junta de condominio del edificio estaba pensando seriamente cerrar la piscina, ya que todos los sábados, después de las prácticas de futbolito, los maridos en lugar de regresar a sus hogares se emborrachan y se ponen juguetones en el agua y eso molesta a algunas esposas. Bueno, ya sabemos que hay mujeres que celan a los maridos hasta de los amigos, ¿no?

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 20:47:35 in AMIGOS | Comentarios(0) |  Permacoplamiento

Sobre mi

   Saludos a todos,

   Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:

-         Escribir, o hacer el intento de escribir.

-         Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.

-         Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.

Espero les agrade mi trabajo...

 

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