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SECRETO DE LA MONTAÑA

AMOR ADULTO
PERSONAL
ME DESPIDO A LA LLANERA... (18-07-2008)

   ...aunque despedirme no quisiera.

   Como dice la canción: todo tiene su final. Llevo casi un año escribiendo aquí. Parece más tiempo. Quise expresar algo, y saber si ese algo era de interés. Lamentablemente no lo fue, o no lo supe. En todo este tiempo he recibido dos comentarios, uno muy amable en respuesta a uno que yo le había enviado a su blog, uno que el muy flojo dejó perder; y otro, una dura y ácida crítica por algo escrito por mí sobre el señor Obama, ese torpe que está a punto de lograr que los republicanos lo alcancen en la preferencia para la Casa Blanca (Dios, ojalá no ganen los republicanos); del resto, nada. Y aunque me gusta escribir, he continuado como por costumbre porque es fácil subir las entradas y más fácil todavía accesar las imágenes, la verdad es que me deprimí. Casi un año es suficiente para saber que se fracasó. Suena patético sentarse una o dos veces por semana para enviar algo que nadie recibe, o no interesa. Voy a cerrar este portal y dedicarme más al otro, uno donde hablo horrores del gobierno, ese sí sé que lo leen dada la cantidad de correos a favor y en contra que recibo. No se crean, me da algo de vaina terminarlo, pero es lo mejor.  Agradezco los dos comentarios que llegaron; espero que si alguien se decide e inicia su blog con este grupo, me avise, será divertido echarle un vistazo. Adiós.

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 03:34:20 in PERSONAL | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
PERSONAL
RECUERDOS DE LA MONTAÑA (18-07-2008)

   Ahora son leyendas de amor.

   Así como en nuestras vidas hay situaciones y personas que jamás podemos olvidar por mucho tiempo que pase, aunque al final evoquemos más nuestros recuerdos que la realidad, así pasa con Ennis del Mar y Jack Twist. Del Secreto en la Montaña el pedazo que me tocó, grande y fuerte, fue el dolor de vidas no vividas a cabalidad, a plenitud. Me dolió y asustó ver lo poco que se permitieron ser felices, aunque lo fueron, y mucho, estando juntos. A otros les encandiló ese amor que lo resistió todo; un amor que no quería pronunciarse ni ponerse nombre, pero ¿qué dudas caben para nosotros que era eso, amor? Siempre quedará el recuerdo de los dos jóvenes que descubrieron en lo alto de un monte que no era necesario estar solos, faltos de compañía o de cariño, que era mejor contar con otra piel, otra mirada, otra sonrisa.

   También queda el afecto hacia Jake Gyllenhaal, aunque él, viviendo su vida como le guste, nunca llegue a saber de todas estas tonterías, de que hubo un necio en Venezuela que vio la cinta y aprendió a apreciarlo. Y como yo, muchos otros. No lo sabrá, pero a lo largo de los años uno seguirá alegrándose con sus éxitos, aplaudiéndolos, orgulloso cuando alguien diga lo bueno que es; sentiremos pena por sus fracasos, y esperaremos, y ligaremos, siempre por su felicidad. Y recordaremos al chico australiano, con dolor y afecto, con rabia y piedad. ¿Cómo olvidar a Heath Ledger, el hombre que prestó su cuerpo para que naciera Ennis del Mar? Heath siempre será Ennis, el tosco, el serio, el cerrado a la vida que un día descubre que no es necesario vivir sin afectos. Heath-Ennis, es (es, no ‘era') alguien demasiado parecido a uno, y no únicamente en lo afectivo.

   En fin, hay gente a la que no se olvida, ¿bien?

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 03:31:18 in PERSONAL | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
ENNIS DEL MAR HA MUERTO (18-07-2008)

     Al fin la paz...

   Cuando abrí los ojos no sabía lo que había ocurrido, o que hubiera ocurrido algo, simplemente me sentía diferente. Mejor que siempre, mucho mejor a decir verdad: podía erguir la espalda, la pierna dejó de molestarme, la mirada estaba mejor enfocada y sentía la mente despejada, clara, como hacía mucho tiempo que no la tenía. Mi boca estaba limpia, sin el agrio regusto a cerveza o vomito de la noche anterior. Intenté concentrarme porque todo me parecía extraño, no era como despertar de un sueño de repente, o soñar que se está despierto. Ahí estaba yo, de pie, erguido, vestido y mirando al suelo, pero sin saber cómo había hecho todo eso. ¿Desperté en medio de la noche mientras dormía?

   Lo más curioso es que llevaba mi viejo y apolillado sombrero calado en la frente, uno que tenía años de años sin ponerme. De hecho... creía haberlo perdido, porque la última vez que lo usé sobre mi cabeza, de cierto y lo recuerdo bien, el frío y poderoso viento del Oeste barría unas montañas altas, y alguien, de voz riente, había gritado que tuviera cuidado que el sombrero se me iba. ¡Magia! El sombrero había regresado por arte de magia, y yo creo en ella; en esas montañas hubo un ser de esos, mágico, que hizo de ellas y de mi vida, por un tiempo, un Paraíso en la tierra...

   “¿De dónde saliste, viejo sombrero?”, me pregunté, quitándomelo de la cabeza y sosteniéndolo contra mi pecho. Por alguna razón mi corazón latía con más fuerza, y eso fue antes de darme cuenta finalmente de la camisa que llevaba puesta. Allí estaban esas conocidas manchas secas, oscuras, de sangre. A mis ojos volvieron las viejas y familiares sensaciones, era como si alguien hubiera dejado caer vinagre en cada una de mis pupilas. Las lágrimas acudieron, como siempre, como años atrás, cuando ella me dijo por teléfono... (¡y aún no cumplía cuarenta años!). El mundo perdió firmeza, volviéndose borroso a mi alrededor, cubierto por ese llanto que volvía con la misma fuerza de siempre, como si el dolor fuera nuevo, como si el dolor acabara de llegar y no pensara marcharse jamás: murió... murió en un estúpido accidente.

   Estuve un rato así, cubriéndome el rostro con las manos intentando contener todo aquel llanto. ¿Fue un accidente realmente? ¿Sólo eso, amigo mío? ¿O te vigilaban? ¿Sabían ellos de ti, ojos azueles, y te despreciaban demasiado? ¿Te golpeó una palanca en un tonto accidente? ¿O te siguieron a través del campo, con risas, con odio, hacia una cañada, siempre hacia la maldita cañada? ¿Pensaste en mí en ese momento? ¿Sonreías todavía, como siempre hiciste, aún cuando sufrías? No, no debía seguir así, ¿por qué me hacía esto? ¿Por qué me torturaba así? ¿Hasta cuándo duraría esto? Pero no había respuestas. Nunca las había para mí.

   Al fin me serené un poco y recorrí todo dentro del trailer con mis nuevos y nítidos ojos. Joder, parecía que llevaba años deshabitado. Nadie se había molestado en sacudir todo el polvo y la arena que el viento del desierto colaba a través de cada rendija. Para colmo de males, la ventanilla de la cocinita estaba abierta de par en par y la arena entraba a mares a través de las cortinas que revoloteaban. Poco a poco la arena lo cubría todo, el suelo, los rincones, los muebles, la cama...

   “La cama... ¡Santo Dios!”

   Bajo aquella colcha de cuadros, vieja, había un bulto cubierto hasta el cuello, un cuerpo humano con el aspecto delgado y despatarrado de un muñeco roto y abandonado. ¡Soy yo! Si, estaba convencido, pero no sentí tristeza, ni pena, sólo... desconcierto y sorpresa, mucho más de lo que había sentido en los últimos años. Sin duda estaba muerto, la piel tenía un color extraño y parecía haberse encogido en torno a las mandíbulas, mostrando los pocos dientes que me quedaban. Por si aún quedara alguna duda por desvanecer, una mosca grande, azulada, voló irrespetuosamente y se posó en mis labios abiertos, luego sobre mi afilada nariz, donde comenzó a frotarse las patas, divertida, sin que aquel Ennis del Mar hiciera el menor gesto por quitársela de encima.

   “No hay duda, estoy bien muerto”, me dije sin pasión, sin interés; sin embargo, una poderosa oleada de autocompasión se hizo presente, de forma avasalladora. Allí estaba yo, muerto, solo y abandonado a merced de los insectos. ¿Cuánto tiempo llevaba allí, así? ¿Es qué nadie me había echado de menos en la taberna o en el viejo rancho? ¿Ni siquiera mi hija Alma? ¿Se iba a convertir el maldito trailer en mi gran ataúd metálico por los siglos de los siglos? Y de pronto sentí miedo, ¿y si debía quedarme allí, mirándome abandonado para siempre en ese trailer cerrado... como un castigo? Porque así había vivido mi vida durante las últimas décadas. Solo, siempre solo, sin que me importara nadie más, encerrado en mí mismo con la única compañía de mis recuerdos, unos pocos alegres, muchos no. Viví encerrado dentro de mi dolor, mi tristeza, mis nostalgias por todo el tiempo que perdí durante los mejores veinte años de mi vida. Mi Dios, ¿esta sería mi penitencia por haberme alejado de todos, aún de mi pequeña Alma y de Francine? ¿O era mi castigo por haberlo amado tanto a él, por haberme muerto con él ese día en ese camino?

   “Que final tan triste, Ennis del Mar. Ni siquiera al final supiste morir con algo de dignidad. Dejaste que toda tu vida pasara y no enmendaste tus errores. No supiste buscarlo y decirle que lo amabas. No te disculpaste con Alma, la que fue tu mujer. No les dijiste a tus hijas cuánto las querías, aunque no pudiste amarlas más o ser un buen abuelo, o uno más feliz, porque estabas triste porque él murió un día en un camino, y estaba solo cuando pasó. No le dije a mi gente que no pude vivir, que no tenía fuerzas para seguir, porque sólo podía llorar al que se fue. Se te fue la vida y no hiciste nada por pactar con el dolor, con la soledad, con la vida. Pudiste seguir queriéndolo, llamándolo cada noche, mojando con tu llanto de viejo tonto y ridículo tu almohada, agradeciéndole a su recuerdo el materializarse como una sombra en los rincones, pero también disfrutar de tu familia, de tus nietos. Pero ahora es tarde”.

   Esta vez no lloré como un momento antes, tan sólo volví a cerrar los ojos y me pregunte: “¿ahora qué? ¿Debo sentarme y ver pasar la eternidad? ¿Es mi castigo, Dios, por todo lo que lo quise? ¿Ahora debo pagar todavía más por aquel pecado infame? Sí es así, perdóname, Señor, pero tampoco Tú me la hiciste nunca fácil. ¿Puedo pensar en los tiempos felices a su lado, Señor? ¿Me quedarán esos recuerdos por lo menos?”

   Descubrí, en ese instante, que el tiempo no transcurre igual cuando uno está muerto, porque aunque me había parecido sólo un parpadeo, de pronto la mortecina luz que entraba por el ventanal había desaparecido. Todo estaba a oscuras, había anochecido. Me pareció mejor, la cruda realidad se difuminaba en sombras difíciles de reconocer, y una suave luz plateada que supuse provenía de

la Luna hacía parecer todo más hermoso.

   -Sal fuera, Ennis del Mar. –me sobresaltó un susurro que venía de mi interior, pero también parecía provenir de todas partes. Por un momento pensé que era mi propia voz, aunque no lo creí del todo, porque el tono era mucho más amable y amigable del que suelo emplear conmigo mismo.

   Creí percibir un poco de cariño y afecto en aquellas palabras, como si alguien muy bondadoso comprendiese en toda su extensión mi agonía, y mi temor ante un castigo más allá de mi muerte. Esa voz parecía indicarme que era el momento al fin de curar tantas heridas, de encontrar paz, de descansar. Me fue imposible negarme a obedecer aquella suave orden y casi sin mover los pies llegué hasta la puerta, la abría sin ruido y salí al exterior.

   “Ay, Dios, yo conozco este lugar”, pensé. El suave aroma de los pinos y el aire fresco de la noche golpearon mi rostro de una forma tan real que me resultó difícil aceptar que realmente estaba muerto.

   -¿Ves la luz, Ennis? Camina hacia la luz.

   “Mierda”, pensé. “¿Así que todo es así, como lo describen en los programas de la tele? ¿Algunos recuerdos del pasado, un túnel oscuro y un viaje siguiendo la luz? No, coño, no quiero ir hacia la puta luz. No quiero encontrarme con Dios. ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Pretende que le confiese mis culpas, mis pecados? ¿No los conoce ya? ¿Qué quiere que diga? ¿Qué pida perdón por aquel a quien amé tanto, o que le de las gracias por este amor, o quiere decirme que todo fue sólo mi culpa? Si le pregunto por su muerte, ¿me dirá por qué coño tuvo que irse así, dejándome atrás para llorarlo cada noche? No, no quiero decirle nada. No quiero asistir a mi juicio; no será justo, Dios no fue justo nunca conmigo. Debo alejarme de aquí. Debo alejarme de la maldita luz”. Todo eso lo pensé con miedo, con rabia, con otro temor aleteando en mi mente: “¿y si en la luz están mamá y papá y me preguntaban qué cochinada hice de mi vida?” Hubo un largo silencio.

   -Joder, hijo de puta, camina hacia la luz. –rugio una voz, una con un tono nuevo, uno diferente, pero familiar. La verdad y la comprensión por fin estallaron en mi cabeza, y fue como una explosión de luz blanca y pura.

   -No... no puede ser... -fue todo lo que pude susurrar.

   Con la respiración agitada, busqué. Miré de un lado a otro hasta encontrarlo: un tenue resplandor anaranjado entre las ramas de los árboles. ¡La luz! Y eché a correr hacia ella como un loco, con miedo de estarme engañando, con miedo de que fuera sólo otra ilusión, una prueba más. El corazón lo tenía en la garganta, impidiéndome respirar, palpitando con fuerza, y las lágrimas, otra vez las malditas lágrimas, me corrían a mares por las mejillas, mientras gimoteaba como un niño que sale de un bosque oscuro donde se creía perdido y condenado para siempre y de pronto ve una vereda y al final de ella a una persona amada esperando, llamándolo a la vida nuevamente. La amargura de tantos años, las penas, las noches de desvelo viendo pasar los fantasmas parecían irse diluyendo, quedando atrás, se me olvidaban. Salí a un claro y me detuve en seco, sin aliento.

   Vi una tosca construcción tipo un techo sobre cuatro maderos que servían de pilares, donde dos caballos parecían dormitar sobre el heno. Vi una rústica cabaña levantada en medio del claro. Frente a la vivienda había una hoguera que chisporreaba con fuerza. Y allí estaba alguien agachado metiendo leña al fuego, un carajo de espaldas anchas, de camisa azul, con un sombrero tejano. Sentí temblores por todo mi cuerpo porque yo conocía bien aquellos hombros que había tocado a placer, reconocía el lustroso cabello negro que asomaba bajo el sombrero, en una nuca en la que había enterrado mi rostro muchas noches al dormir, en otra vida. Ese sujeto se volvió y vi unos ojos que iluminaron la noche toda y que me miraban con franca sorpresa, con alegría intensa.

   -Por fin has legado, Ennis del Mar. Ya tenía el culo helado de tanto esperar por ti, vaquero. –sonrió, poniéndose de pie. Joven como lo fue cuando lo conocí. Magnífico como lo fue siempre en mis recuerdos.

   -¡Jack...! Puto Jack Twist... -sólo pude gruñir, corriendo hacia él, con la mirada difusa otra vez, bañando el camino con mis lágrimas.

   Lo abracé con fuerza, como jamás creí que podría abrazarlo otra vez. Mis brazos rodearon sus costados, mis manos atraparon su espalda y lo atraje. Nuestras frentes chocaron mientras decíamos mil vainas, y reíamos, y llorábamos. Ahora podía llorar ante él, ya no había miedo, ni al mundo, ni a mí mismo. Enterré mi cara en su hombro, en su cuello, y lloré todavía más, abrazándolo con desesperación, sintiendo su calor, su fuerza. Era el viejo aroma, el aroma que a veces me parecía imaginado y que me esforzaba por recordar. Pero no, era su olor, mis labios podían percibir su sabor. Dios mío, ¡era el Cielo!, ¡estaba en el Cielo! Dios había permitido que llegara, me habían franqueado la entrada. Estaba allí...

   Y nuevamente me asusté, porque sentí como Jack se movía y temí que se alejara, pero no, sólo buscaba mi boca con la suya. Boca a cuyo encuentro corrí, hundiéndome en ella, sin aliento, sin fuerzas, pero sintiéndome vivo y poderoso al mismo tiempo; notando mis carnes dura, la piel caliente, las ganas a flor de piel. Y entre besos mordelones, miradas y caricias, choques de frentes, narices y de manos que tocaban, Jack me fue contando su historia, y fui enamorándome todavía más, maravillándome de que tal cosa fuera posible; pero claro, ¡estaba el Cielo...!

   Él se había estado preparando desde cierto tiempo atrás para mi llegada, sabía que pronto estaría ahí y quería estar listo. Estuvo dormido, no recordaba más, despertó y encontró ese paraje hermoso. Y algo le dijo que debía construir un hogar. Desde ese día se dedicó a eso, a nuestra casa, una cabaña humilde pero cómoda, con una chimenea y un gran mueble acogedor, al frente. En los estantes de la cocina no había frijoles. Un solo dormitorio fue levantado, con una gran cama, solo una, donde dos personas podían descansar, pero sobretodo buscar compañía, amor y satisfacción. Era una cama donde yo podría dormir abrazado a él durante toda la eternidad, oliéndolo, tocándolo, besándolo, y cada día sería como el anterior, sin cambios, sin sorpresas, sin sobresaltos, quietos en la tierra de no pasa nada, y el Paraíso duraría para siempre. Los dos caballos habían pasado por ahí, y ahí se quedaron, y él les hizo un cobertizo primitivo, con heno, agua y todo. La cabaña estaba cerca de un cristalino y ancho arroyo, que cantarino, se mostraba lleno de truchas. Había árboles y montañas, coyotes y búhos, praderas, flores y cielos azules e inmensos, pero no hacía frío. Esta vez sin frío, por fin un lugar cálido para vivir juntos.

   -La espera ha sido larga, vaquero, pero ha valido la pena. –me dijo al final, mirándome con sus ojos grandes, llenos de amor, de picardía, de deseos.- Ven, Ennis, dame esos besos con los que tanto hemos soñado. Tócame como le has pedido al Cielo poder hacer cada noche desde que me fui. Estoy aquí, Ennis, soy yo, tu Jack, el puto Jack Twist...

Julio César.

..........

   Esta es una historia publicada el cuatro de mayo del dos mil seis, no sé bien si en el blog EL PUTO JACK TWIST, o en A RAS DEL SUELO, o en UN ANGEL. No estoy seguro. Sólo sé que fue increíblemente buena. Curiosamente, mientras lo releía y lo medio adaptaba a la forma en que veo el mundo (y que me perdone el autor de tan maravillosa historia), me fui encariñando con Ennis del Mar, un tipo al que nunca le he tenido mucha paciencia. Sin embargo, el cuento, me hizo verlo bajo una luz nueva. Y vamos a estar claros, los que vimos la película y nos enamoramos de Jack Twist, debemos entender que para este tipo debió ser el infierno conocerlo, tenerlo, amarlo y perderlo. Por ello me costó incluirlo aquí, perder a Ennis también duele; realmente pensar en eso, me llenó de nostalgia y tristeza. En fin, aquí va el relato; a propósito, en un comentario enviado por el cuento, alguien también hizo una bonita aportación que incluyo aquí.

   La historia termina casi con una posdata del autor, y una exhortación final que habla del gran cariño que también él siente por los dos hombres de la historia; aquí la transcribo literalmente: No sé si Dios me fulminará con un rayo divino por esta imagen del Paraíso, porque en este punto en el que acaba el cuento Ennis y Jack están a punto de hacer el amor frente a ese fuego. Pero sí creo que Dios representa precisamente ese Amor, debo creer que todo ocurre de este modo, y que los dos vaqueros al fin juntos se aman por toda una eternidad (o dos, porque tratándose de Amor con mayúscula a veces una eternidad no es suficiente), de manera que... Que Dios los bendiga por siempre...

NOTA: Esta adaptación la hice en mi otro blog el año pasado, mucho antes del mal momento de la muerte del chico australiano. Este cuento me gusta, como me gustan CABALGATA, FRONTERAS, ANTES DE

LA DESPEDIDA Y UN DÍA, MUCHOS AÑOS DESPUÉS, pero ahora me parece más intenso. Debe ser por su partida.

Publicado por Julio Csar a 03:18:20 in SECRETO DE LA MONTAÑA | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
RELATOS DE MALDITOS
EL SUEGRO… (4) (18-07-2008)

   Lo tenía prácticamente ya cogido...

   -Noooghhh, Félix, reacciona, estás cometiendo un error. Félix, nooooghhhhh... -Pablo grita de desesperación sabiendo que se encuentra en una desventajosa batalla en la que no desea perder lo más preciado para un hombre heterosexual, "su virginidad anal", y menos ante un tolete como el que tiene su suegro.

   El joven siente que las fuerzas empiezan a regresar a su cuerpo, las ligaduras de sus manos empiezan a ceder, poco a poco, aunque aun no puede soltarlas, el forcejeo, lo ha ayudado, quizá si logra defenderse unos minutos más pueda liberarse, aunque era difícil teniendo al otro montado sobre su espalda.

   Félix se da cuenta de que está venciendo la atadura de sus manos, no puede permitir que se libere, no debe dejar que ese perfecto culo se le vaya de las manos, a como de lugar tiene que someterlo, que dominarlo, que hacerlo suyo. Imaginarse penetrándolo, convirtiéndolo en suyo, lo tiene casi enfermo de calenturas. Pero la furia de Pablo y su afán de defender su hombría lo hace redoblar esfuerzos, hacerlo mas fuerte; la desesperación lo hace enfrentar y defenderse como nunca antes lo había hecho. Logra con un gran esfuerzo, aventar a Félix sólo unos cuantos metros, hacerlo trastabillar, y aprovecha ese momento para tratar de ponerse de pie. Debe actuar rápidamente si quiere tener esperanzas de salvar su culo intacto.

   El otro se repone en un instante, a tiempo para ver como Pablo está casi de pie, casi logrando soltar sus manos. No puede dejar que haga eso, no debe permitir que Pablo se libere o le será muy difícil dominarlo, así que tomando impulso se lanza para taclear a Pablo y hacerlo caer dentro de la bañera.

   -Nohhhhhhh. Ghhhh... -se oye el ahogado grito de Pablo al caer dentro de la tina llena de agua, sin que el joven lograra aún tener sus manos libres.

   Félix rápidamente evita que su futuro yerno se levante de la tina, aprovechando que está fuera de ella, y su posición le permite sentarse sobre el musculoso cuerpo de Pablo, quien ha caído boca abajo en la tina de agua. No puede levantarse y Félix se acomoda mejor sobre su musculosa espalda para evitar que pueda salir de la tina. Con una sonrisa sádica lo toma rápidamente de los cabellos y con ambas manos hunde la cara del otro en el agua.

   -Gghhhhh. Hummm... hummm... -los gemidos de Pablo y el forcejeo por liberarse y tratar de respirar son intensos, pero la fuerza de Félix es suficiente para mantener la cabeza del musculoso macho militar sumergida en el agua. El intenso forcejeo del rebelde varón es intenso, pero al no recibir oxígeno, sus músculos se fatigan más rápidamente que antes.

   Ante la falta de oxígeno, Pablo siente que sus pulmones no pueden aguantar más tiempo sin estallar, sus manos están aún atadas y no puede soltarse, y sus muslos están fatigándose rápidamente; por otra parte el peso de Félix sobre él le impiden salir y poder respirar. Su cabeza está firmemente sujeta por los cabellos, sin dejarla salir del agua para poder tomar aire. Félix disfruta viendo como el musculoso cuerpo de Pablo se contorsiona con el violento forcejeo, sin resultado alguno. Los músculos de la espalda de Pablo se hinchan, pero no puede ponerse de pie, con ambas piernas trata de levantar su espalda aún con el cuerpo de Félix sobre el, pero el agua lo haces resbalar una y otra vez. El intenso movimiento hace que pierda fuerzas más y más rápidamente; siente que va a perder el sentido por la falta de oxígeno, cuando su cabeza es sacada del agua. Félix estira los cabellos de Pablo, permitiéndole respirar.

   -Ahhhhhh... ¡Cof! ¡Cof! ¡Cof! -la boca de Pablo se abre de forma grotesca mientras trata de llenar de aire sus pulmones para recuperar fuerzas.

   Félix sabe que de la cantidad de oxígeno que Pablo inspire depende su resistencia, aún tiene bastante fuerzas para luchar, así que sólo son unos cuantos segundos los que le permite a Pablo tener su cabeza fuera del agua, para después volver a hundírsela en ella; sabía como dominar a un hombre.

   -Nghhhhhhhhh. Mgghhhhhh. ¡Cof! ¡Cof! ¡Cof! Hummm... -Pablo nuevamente se encuentra con la tortura de la asfixia, aunque esta vez cuenta con menos fuerza, hay menos resistencia, aunque de todos modos el forcejeo se mantiene.

   No puede permitirse ser derrotado tan fácilmente. Pelea, pero ningún macho por musculoso o fuerte que sea puede dar una buena batalla sin oxígeno, el poco aire que Pablo respiró mientras Félix se lo permitió, es usado casi inmediatamente por cada uno de sus músculos para continuar la desesperante batalla por defenderse, por evitar lo inevitable, se violado por ese enfermo lujurioso. Nuevamente llega la falta de aire, sus pulmones empiezan a presionar más y más. Félix, sintiendo que el musculoso cuerpo de Pablo se afloja, vuelve a levantarle la cara para que tome aire.

   Para Pablo el hecho de verse a punto de la derrota lo hace sentir humillado, avergonzado; como militar siempre había sido lo suficientemente hábil para salir de cualquier situación por precaria que esta fuera, aunque jamás imaginó que Félix podría atacarlo a traición y con las intenciones que tiene sobre su trasero. De hecho jamás imaginó que alguien pudiera atacarlo así. El coraje es mayor al sabe que su único enemigo dentro del cuartel había sido él, Félix, y que en el tiempo que ambos estuvieron juntos en el ejercito ninguno jamás había dado su brazo a torcer. Ambos habían sabido defenderse limpiamente, sin doblegarse; pero ahora la hombría de Pablo estaba en juego, a punto de ser no sólo derrotada sino penetrada.

   -¡Cof! ¡Cof!, Ahhhhhhhhhhhh... Ahhhhhhhh... Nnnnngggggghhhhh... Hummm...

   En esta ocasión el tiempo que Félix le permite estar fuera del agua es menos, nuevamente vuelve a hundirle la cabeza para irle mermando las fuerzas para debilitarlo rápidamente, agotarlo físicamente para que no ofrezca resistencia cuando lo viole, penetrándolo desde todos los ángulos; para que no pueda evitar que su culo sea propiedad de su suegro, quien se lo lamerá, tocará y penetrará; para que su cuerpo se convierta en un instrumento de placer sexual para el hombre que es el padre de la mujer que más ama.

   -Ríndete a tu destino, puto, ¿quién es mejor de los dos cabrón? –le repite Félix, para hacerle sentir su superioridad física en ese momento previo a la posesión sexual que el culo de Pablo experimentará.

   -Hummm. Ghhg... -aún debajo del agua siendo torturado con la falta de oxígeno, el musculoso militar da una buena pelea, son ya varios minutos lo que ha estado bajo la tortura de la asfixia y su atlético cuerpo está agotado, pero las últimas fuerzas no lo abandonan y su orgullo herido y su hombría le permiten dejarse vencer.

   Los segundos que Félix le permite respirar al otro, van siendo más cortos aunque mas frecuentes, no quiere que pierda el sentido, solo las fuerzas, quiere que esté conciente cuando lo desflore, que lo sienta bien, que esté en sus cabales cuando se lo clave todo.

   -Así me gusta, cabrón, que te resistas, que no te des por vencido, puto. Serás un puto en unos minutos, Pablo; el sargento Pablo Arenas "cogido", jejejeejejeje. -le dice mientras bruscamente le mantiene la cabeza sumergida debajo del agua.

   Pablo va perdiendo más y más sus fuerzas, sus músculos están tan fatigados por la excesiva falta de oxígeno, que apenas puede moverse para tratar de oponerse a los deseos de Félix. Comprende que la batalla esta casi perdida, no puede hacer nada más para oponerse. El aire se le acaba y su vista se pierde en la oscuridad, casi a punto de perder el sentido. Félix lo intuye y le levanta la cabeza, le permite que respire por unos instantes, para volver a hundirlo es sólo cuestión de segundo. Desea con todas sus ganas someter al macho militar, adelantarse a su hija para involucrar al viril varón en la sexualidad familiar. Todo le ha salido a la perfección, no así para Pablo y su trasero, que están siendo transportados sexualmente al lado contrario donde jamás habían estado

   Después de, casi 20 minutos de estar torturando al musculoso sargento, el mayor Félix Santos siente como el atlético cuerpo del militar se pone flácido, sin fuerzas, suelto completamente. La batalla es ya nula, su asombrosa resistencia llega al límite y el dominio de Félix sobre su fuerte cuerpo es total. Aun así Félix le permite respirar una vez mas, la cabeza de Pablo está suelta completamente.

   -¡Cof! ¡Cof! ¡Cof! Ahhhhhh... -respira con avidez aunque sin forcejear como en las ocasiones anteriores.

   -Ya estás listo, cabrón, jejeje... -le dice Félix mientras mueve la cabeza de Pablo de un lado a otro sujetándolo de los cabellos, sin encontrar resistencia del rebelde militar.- Ya estás listo para conocer a tu hombre...

   -Nogghhhhh... ¡Cof! ¡Cof! ¡Cof! Ahhh... -aún en ese estado semiinconsciente, Pablo trata de protestar verbalmente al menos.

   -¿Aún no, cabrón? ¿Quieres más, putico? -le pregunta Félix, furioso, volviendo a meterle la cabeza en al agua, para acabar con la poca resistencia que el militar aún ofrece.

   Como médico, Félix sabe perfectamente la capacidad de resistencia que tiene un hombre, aunque Pablo es un hombre fuera de seria, ninguno antes había aguantado tanto como su futuro yerno. Félix sabía que Pablo era diferente en cuanto a resistencia desde que lo conoció en el cuartel, y ahora lo comprobaba. El cuerpo del joven queda inmóvil en la tina de baño, boca abajo, ni siquiera tiene fuerzas para ponerse de pie a pesar de que Félix se levanta de su espalda. Las manos de sátiro caen con codicia sobre las duras nalgas de Pablo, por encima de la mojada truza de algodón que se pega como segunda piel a la perfecta anatomía masculina de otro. Estaban calientes, firmes, redondas. El musculoso cuerpo del piloto militar queda flotando sin fuerzas para proteger sus nalgas de las obscenas caricias que el mayor Félix Santos, su futuro suegro, le hace.

   Félix continúa acariciando esas deseadas nalgas con mayor libertad aún entre el agua, con la boca abierta ante tanta belleza, probando las fuerzas de Pablo, viendo que realmente está agotado y no puede evitar la violación. Sonriendo cruel, Félix levanta la cabeza de Pablo y la pone al borde de la tina mientras continua explorándole las nalgas. Sin aguantar más mete la mano dentro de la trusa, temblando de lujuria, llegando con sus dedos hasta el culo mismo de su futuro yerno, sintiendo como el esfínter anal del rebelde militar está aún duro, herméticamente cerrado, listo para defenderse de la futura penetración.

   Pablo, por su parte, ahora con el rostro al borde de la tina puede respirar más libremente, aunque el agotamiento físico es excesivo, el recuperar sus fuerzas totalmente es algo casi imposible; pero su resistencia de súper hombre es un caso único, aun así se mantiene quieto mientras deja que Félix le siga acariciando las nalgas. Cazándolo. Debe tratar de ganar tiempo para poder defenderse, solo necesita que Félix se entretenga unos minutos y lo deje respirar libremente. Aunque esas manos entre sus nalgas le producían una repulsa terrible.

   Pero Félix, no es tonto, tiene todo perfectamente planeado; cuando nota que el amplio tórax del militar empieza a expandirse normalizando la cantidad de aire que requiere para empezar a recuperar fuerzas, sospecha perfectamente lo que Pablo está pensando, así que antes de que Pablo pueda recuperar su asombrosa fuerza física y su resistencia, bruscamente lo vuelve a tomar de los cabellos y le hunde la cara en la tina.

   -Noogghhhhhhhh... Mghhhhhhhuummmmm... -Pablo, tomado por sorpresa cuando apenas comenzaba a recuperar sus fuerzas, nuevamente ve como sus esperanzas de poder salvar su trasero se evaporan; Félix está decidido a cogérselo, a desflorarlo y usar eso como un trofeo, como una victoria sobre el arrogante y altanero macho militar.

   -No te me vas a escapar cabrón, serás mi puto esta noche, ya te tengo en mis manos- le dice mientras el forcejeo continua entre los dos militares aunque es mucho menor en esta ocasión, Pablo apenas recupero una décima parte de su fuerza, no es nada contra la fuerza que el deseo sexual y de venganza le dan a Félix.

   En esta ocasión Félix ni siquiera tiene que sentarse en la musculosa espalda de Pablo, con una mano lo toma de los cabello y le hunde la cara en el agua, mientras con la otra lo toma de las nalgas y lo mantiene presionado para continuar con la tortura de la asfixia.

   -Hummm... Ghhhh... -los gemidos de Pablo, de furia, de impotencia, se escuchan aún fuera del agua, sus muslos tratan de usar la poca fuerza que tiene para salir de esa precaria situación, no darse por vencidos.

   Pero la batalla es más corta esta vez, la falta de aire en un cuerpo musculoso que se agita vigorosamente, hacen que se consuma rápidamente las reservas de oxígeno y de energéticos celulares. Pablo repara nuevamente en como sus fuerzas lo abandonan, como sus músculos fatigados dejan de responderle para dar la pelea. El joven militar nuevamente ve esfumarse sus esperanzas de poder liberarse, mientras siente como la mano de Félix le continúa explorando el trasero, la yema de un dedo cruel, insistente, atormentador, le frota la entrada de su cerrado ano. Siente que el aire se le termina, y que se acaba su vida heterosexual tanto como el oxigeno en su cuerpo y las fuerzas en su musculoso cuerpo.

   La manos de Félix, al sentir como el cuerpo musculoso del rebelde militar se afloja, le empiezan a romper la truza, desgarrándosela, dejando las perfectas duras y torneadas nalgas expuestas, mirarlas lo deja sin aliento, el bronceado perfecto y uniforme en toda la piel del rebelde macho es adorable; aunque sabe que su culo está protegido por la firmeza de las duras nalgas. Pablo apenas se da cuanta de que Félix le ha roto la truza. Luchar con en la asfixia es lo primordial ahora para el. Félix, rápidamente, mostrando experiencia en esos menesteres, deja desnudo a Pablo aún en la tina; le permite que respire unos segundos, mientras mantiene su cabeza fuera del agua, aun sujeta por los cabellos.

   -¡Cof! ¡Cof! ¡Cof!, Ahhhhhh... -Pablo trata de recuperar las reservas de oxígeno en su atlético y agotado cuerpo cuando, con un rápido movimiento, los restos de la desgarrada truza son metidos bruscamente en su boca que está abierta a toda su capacidad para respirar una mayor cantidad de aire.

   -Es suficiente cabrón, esto te ayudara, jejejeeje... -le dice mientras con una de sus manos empuja los restos de la truza en la boca, impidiéndole así que pueda seguir respirando por la boca y dejándole únicamente la nariz para recuperar sus niveles de oxígeno. Sabía su trabajo. Volviendo a hundir la cara del joven en el agua.

   -Hummhum... -para Pablo es más difícil ahora poder tomar aire, cuando hay asfixia el oxígeno que entra por la boca lo hace en mayor cantidad para restablecer los niveles normales, ahora sólo podrá usar la nariz cuando Félix se lo permita.

   Félix mantiene un tiempo prudente al musculoso militar sumergido, la resistencia en Pablo es casi nula, las fuerzas se agotan y siente que va a perder el sentido, su cuerpo se afloja completamente. Cuando Félix percibe que el musculoso cuerpo de su futuro hijo político está completamente lacio, saca la cara de Pablo y la deja a la orilla de la tina, sin que el joven se mueva, esta vez solo puede respirar por la nariz, sus fosas nasales se le hacen insuficientes para la cantidad de aire que necesita, su boca amordazada con la truza no puede recibir oxígeno por esa vía. Félix lo sabe y con ese propósito lo hizo. Sin dejar de verlo, fijando la vista en las bronceadas y perfectas nalgas, se quita el pantalón y la camisa, desnudándose en poco minutos. Su dura y gruesa verga está paralela al piso, nervuda, babeando el espeso líquido seminal, ansiosa por entrar en ese apretado culo tan ansiado, deseando abrirse camino, aunque lo sabe protegido por esas dos montañas de musculosos, duros y firmes glúteos.

   -Llego la hora, Pablito, la hora de que seas realmente mi puto, jajaajajaja... Vas a ser parte de mi familia, cabrón, jejejejeeje... -le dice burlonamente mientras el cuerpo musculoso e inerte de Pablo trata de recuperar algo de fuerzas dilatando sus fosas nasales al máximo, sin obtener los resultados adecuados.- ¡Dios, que nalgas tienes...! Se ven tan apetitosas... Hummm... será rico poseerlas.

   -Hughg... Mghhhhh... -gime a través de la mordaza, aterrado, pero vencido.

   Mientras Félix se mete a la tina, parándose primero en medio de los gruesos y duros muslos del macho militar, hincándose para poder meterle la verga, Pablo se tensa, intentando tomar más aire, quiere recuperarse cuando siente las manos de Félix separar sus duras nalgas, con Félix usando toda su fuerza.

   -Ah, yerno, esto me va a encantar...

CONTINUARÁ... (no es mío)

......

   Continúa esta historia de sadismo, violencia sexual, masoquismo y sometimiento. En este pedazo hay tortura sicológica y física. Como ya dije antes, es dura pero buena. Si no te atraen estos temas no sigas leyendo. Aún así, felicito al autor, me encantó: CAPRICORNIO 1965. Disfrútenla, a pesar de ser algo lenta.

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 03:13:02 in RELATOS DE MALDITOS | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
GENTE MUY RARA...
HUGO CHÁVEZ Y LOS SHOWS (18-07-2008)

   Show el que puedo armar yo en un submarino...

   No lo entiendo. La verdad es que no sé si ando pediendo facultades mentales, pero no lo entiendo en verdad. La tarde del día miércoles 2 de julio, yo me encadené después de las tres de la tarde a la televisión, estaba ocurriendo la noticia más importante y sensacional de los últimos días: aparecía Ingrid Betancourt; también los otros, pero el reflector estaba montado sobre ella. Yo escuchaba, miraba, casi sentía lo que esa gente estaba contando. Estaba tan contento que medio gimoteaba; buscando más comentarios me di un paseo por todos los canales nacionales y regionales que sintonizo, con y sin el DIRECTV, y todos, todos, estaban enganchados con la noticia. Bueno, no todos, los canales controlados por el Gobierno, que son muchos en su hegemonía mediática que no sirve porque nadie los ve (puro real botado), no se habían enterado, o al menos no lo transmitían. ¿Y cómo, si esa gente había sido arrebatada a la pobre narcoguerrilla por la fuerza, estaban todos vivos (nadie tuvo el detalle de caer del helicóptero), detuvieron a sus dos captores jefes, y Uribe había triunfado? Pobre Chávez, imagino que andaba de cama, igual que Rafael Correa. La mediocridad no tolera la eficiencia, eso hay que recordarlo siempre.

   Como sea, desde ese  momento quedé enganchado hasta bien pasadas las doce de la noche, me calé hasta los discursos y las ruedas de prensa. Yo mismo creí que me había excedido, pero luego escuché que esa fue una de las noticias más seguidas del país, ganadora de todos las rating, así supe que muchísima gente hizo lo mismo, quedarse despiertos para terminar de conocer cada detalle. Ah, pero no, no a todo el mundo le pareció que la cosa había sido buena y equilibrada. Hubo voces discordantes, gente inteligente y honesta... no eran. Se trataba de nuestra honorable Asamblea Nacional, la que es, dicha con orgullo por ella misma, roja rojita, esa que fue elegida con un ocho por ciento del electorado nacional (de 16 millones de votantes no concurrieron ni dos millones), de los cuales un tres por ciento eran votos nulos (y sin embargo allí se criticó un referéndum en Bolivia porque no había concurrido el cuarenta por ciento; lo dicho, son gente extrema... damente necia). En el honorable parlamento se criticó la forma círquense de dar la noticia, tachando, con una rabia verde, caliente y feroz, todo el rescate de los rehenes como un show televisivo.

   Dios, ¡cómo les duele! Échense árnica que eso se hincha. Señores honorables parlamentarios rojos rojitos, cuando Chávez y la impía de Piedad iniciaron las conversaciones para la liberación de aquellos rehenes en diciembre, donde Chávez invitó a medio mundo, dio ruedas de prensas a diestra y siniestra, habló de ir a la selva por ellos, se llevó con él a Kirchner, a Sarkozy y a medio mundo porque iban a liberar a esa gente (Uribe no estaba, ese muergano sabía), hablando con lágrimas en los ojos de ese niño que luego le dio nombre a la operación, Enmanuel (¡para necios...!), contando incluso con don Oliver Stone, quien demostraba en la zona que el mundo del espectáculo es sólo eso, circo sin pan; y allí pasaron días en ese vacilón: que si hoy sí los liberan; no, que será mañana; que hoy no porque amaneció nublado; que mañana sí porque las runas dicen que será un buen día; hasta que Uribe, compadeciéndose de esa gente, dijo que no los iban a entregar porque no tenían al niño. Y ahí les cayó la gota fría.

   Pero al punto, ¿no fue todo eso un circo? ¿No fue un show con bailarines, coro y público de utilería? ¿Por qué la Asamblea Nacional le hace eso a Chávez, por qué lo ponen en evidencia, a él que ya tiene tantas deficiencias? ¿Es justo acaso tanta maldad para con ese pobre hombre acogotado? De gente  bruta pero gritona como Carlos Escarrá, quien decía ser abogado pero sabe de leyes lo que yo de física quántica, uno espera esos exabruptos, ese hombre no piensa, sólo hala mecate (dicho por la gente que lo conoce), pero ¿no había nadie que dijera dejemos eso así y pasemos agachados para que nadie relacione el rescate de esa gente con posibles datos encontrados en las computadoras de Raúl Reyes, o para que no parezca que nos duele que se los quitaran a la guerrilla, o que nos da tibiera que Uribe quedara como un tipo eficiente? ¿Era tan difícil? Sólo bastaba con cerrar la  boca y simular que pensaban en otra cosa, así sólo se estuvieran pasando la lengua por un comillo.

   Imagino que tuvieron que lanzarse en una de arrojar... caca, porque, como dije, demasiado público siguió la noticia, con esa felicidad desprovista de egoísmo de todo el mundo al saber libre a esa pobre gente, y se notó la diferencia entre un político como Uribe Vélez y uno como... Hugo Chávez; y de un ministro como Santos que puede unir verbo con predicado, en constaste con nuestro Ministro del Interior quien dice que cien muertes semanales no significa necesariamente hampa desatada e incontrolada. Pero debieron pensar en algo mejor, ¿verdad? Que alguien del gobierno de Chávez denuncie un show televisivo montado por otros, es como la mujer que habla de las coqueterías de una vecina díscola... en la cama con el amante mientras el marido anda trabajando.

Julio César.

Publicado por Julio Csar a 03:08:21 in GENTE MUY RARA... | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
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Sobre mi

   Saludos a todos,

   Como notaron si entraron y leyeron algo, hay tres cosas que me encantan:

-         Escribir, o hacer el intento de escribir.

-         Me encantó Brokeback Mountain. Me volví fanático.

-         Me encanta la pornografía, y tengo facilidad para comentarla.

Espero les agrade mi trabajo...

 

SECRETO DE LA MONTAÑA

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