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APRENDIENDO A NADAR ENTRE JUEGO Y JUEGO (16-01-2008)
Qué grato es toparse por la calle con amigos que uno no ve desde la época en que abandonó la escuela. Al abandonar quiero decir concluir, no dejar truncos los estudios por si acaso. Si de algo me puedo preciar es de terminar lo que empiezo aunque hubo un curso que nunca logré terminar. Afortunadamente no correspondía a los cursos obligatorios de la escuela. Me refiero a los cursos veraniegos de natación que llevaba en una academia particular. Estos recuerdos vinieron a mi mente instantáneamente al toparme con mi amigo Luis quien, además de la escuela, compartía la piscina con quien escribe. En efecto, cada verano nos reencontrábamos en la academia de natación donde nuestros respectivos padres habían decidido matricularnos. En el caso de Luis, fue por iniciativa propia, lástima que yo no pueda decir lo mismo pues cuando menos me lo suponía ya aparecía con la ropa de baño puesta y en el automóvil de mis padres rumbo a la academia de natación. En esos momentos nunca me imaginé que fuese a ser tan traumático, el hecho es que aún recuerdo con terror el primer día de mis clases en esta disciplina.

Eran comienzos de los años ochenta y quien escribe llevaba una vida relativamente tranquila, era hijo único y pasaba la mayoría del tiempo en casa, viendo televisión, aún no conocía muchos amigos en el vecindario y seguramente por eso mis padres decidieron matricularme en algún curso de verano. No tuvieron mejor idea que mandarme de frente al agua, sin previo aviso ni consulta. Como dije, el primer día me resultó traumático pues prácticamente fui forzado a ingresar al agua entre gritos y llantos. No está de más mencionar el ridículo que estaba haciendo pues evidentemente no era el único alumno y ya los demás niños habían hecho su ingreso a una pisicna bastante amplia para mí gusto. Si fuese en la actualidad, resultaría ridículo pues el agua me llegaría a las canillas a duras penas, pero en aquel entonces otra fue la historia. Habrán perdido cerca de diez minutos entre forcejeos y convencimientos antes de que pudiera hacer mi ingreso al agua. Una vez dentro de la piscina, sólo atiné a sostenerme de una de las canaletas y hacer caso omiso de indicación alguna. El miedo me tenía paralizado. Así transcurrieron las dos o tres primeras clases, después, poco a poco me fui integrando al grupo más que nada por diversión, pero el siguiente trauma vino cuando tuvimos que aprender a respirar bajo el agua. Eso sí que no estaba en negociación y apenas metía la punta de la nariz y la sacaba de inmediato por miedo a ahogarme. Era una sensación realmente abrumadora y me costó casi un mes superar el trauma.

Recuerdo que el siguiente momento traumático vino cuando a nuestro profesor de natación se le ocurrió proponer un juego bastante riesgoso para mi gusto. En efecto, se trataba de formar una fila, luego cada niño nadaba cierto tramo y se ponía en una nueva posición hasta formar una nueva fila y luego el siguiente niño hacía lo mismo y así sucesivamente hasta que una nueva fila se formaba en el otro lado de la piscina. Pero el problema del asunto radicaba en que cada niño que llegaba debía pasar buceando por debajo de las piernas de los que le habían precedido en el turno. Evidentemente a más niños, mayor peligro de ahogo y no supe qué hacer. Fui uno de los últimos y el buceo se me hizo interminable. No era como recoger la piedrita o la monedita en que uno por último se daba media vuelta y regresaba sin moneda o sin piedra según fuere al caso. Aquí no se podía dar vuelta, una vez en el túnel de las piernas, había que seguir, sucediese lo que sucediese. Afortunadamente, también supe superar esa prueba pero como la historia de la humanidad está llena de retos, algo nuevo siempre pasaba cada verano.

En efecto. Todos los veranos éramos promovidos a unas clases más avanzadas, no era gran cosa, pero el gran salto vino cuando nos tocó pasar a la piscina de los niños grandes. Eso sí que fue apoteósico por decirlo menos. Para graficarles mi situación, les diré que en ninguna parte de esa piscina, podía pisar el suelo sin que el agua me cubriese por completo la cabeza. Aquí ya estábamos hablando de supervivencia. Y apenas comenzaba la historia porque seguramente también vendrían más “juegos” y pruebas de todo tipo. Finalmente el tiempo fue pasando y aprendí a nadar bastante bien, aunque me faltó dominar uno de los estilos, pero ya era suficiente.
Publicado por education a 20:30:37 in education | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
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