ADIÓS AL GRAN MAESTRO BOBBY FISHER (18-01-2008)
Hace poco sostuve un acalorado debate con unos amigos acerca de lo que se puede considerar como deporte y lo que no. En efecto, algunos piensan que el tenis de mesa o el ajedrez no se pueden considerar como deportes. Los argumentos son muchos, poco o ningún desplazamiento sobre la superficie de juego, escaso o ningún entrenamiento exhaustivo a nivel físico previo a la competencia, falta de controles anti dopaje y un largo etcétera. Por mi parte el argumento principal para defender a estas disciplinas era que fomentaban la competencia de al menos dos personas. En efecto, si ponemos el caso del ajedrez, es una competencia que incluso puede llegar a durar días y hasta meses. En ese caso supera a cualquier partido individual de cualquier deporte conocido en que hayan adversarios de por medio. Y quise traer a colación justamente el tema del ajedrez porque me enteré a través de un amigo, apenas hoy por la mañana, que había fallecido Bobby Fisher, el legendario gran maestro y campeón mundial de ajedrez norteamericano. En efecto, el deceso tuvo lugar en la remota isla de Islandia, país donde Fisher radicaba ya hace bastantes años luego de que traicionara los intereses norteamericanos.
La historia de Fisher se remonta mediados del siglo pasado cuando se hizo gran maestro de ajedrez apenas a los quince años de edad, desde su natal Brooklyn ya prometía poner en jaque a más de un jugador internacional como lo demostró al darle el campeonato mundial a los Estados Unidos luego de casi un siglo de hegemonía rusa. Sin embargo, la conducta de Fisher siempre fue errática por decirlo menos y una serie de conflictos personales inundaban su brillante mente. Para empezar, era un antisemita consumado y confeso, obsesionado con la doctrina nazi y por otra parte, era uno de los críticos más ácidos de su país natal. No pasó mucho tiempo antes de que este espíritu inconformista y rebelde abdicara el título a favor del ruso Karpov, otro maestro legendario del bloque soviético. Esto a comienzos de la década del 70, luego de lo cual los duelos entre Karpov y su compatriota Kasparov se hicieron tradicionales en las finales de los campeonatos mundiales de ajedrez. Pero volviendo al tema del ajedrez como disciplina deportiva, no me parecía justo que se rebaje la categoría de esta competencia al estatus de juego de mesa como cree la mayoría de la gente. El ajedrez es un deporte de élite y requiere gran destreza mental. El argumento de los que están en contra de considerar al ajedrez como deporte, podría ser el aspecto físico pero el fondo del asunto se cimienta en el hecho de que en todas las pruebas de gran exigencia física como el baloncesto o la lucha libre, el primer mecanismo que entra en acción es indudablemente el cerebro y, en buena cuenta, la capacidad mental del atleta para discernir, en base a destreza, cuál será la mejor estrategia a seguir para la consecución de la victoria. En ese sentido, el ajedrez vendría a ser la quintaesencia del deporte, forzando el estado de concentración y destreza mental al máximo. Incluso son conocidos los casos de grandes maestros del ajedrez que han vivido episodios de psicosis como el caso del peruano Julio Granda y, sin ir muy lejos, el propio Fisher con todos los conflictos que lo aquejaban.
Recuerdo que en la época de la escuela, una de las enseñanzas que más disfruté fue justamente la del ajedrez. En ese sentido, nuestro profesor de Matemáticas del quinto año de la escuela primaria, tuvo la gran iniciativa de alejarse por unos días de la currícula regular de estudios que señalaba el Ministerio de Educación y dedicar ese tiempo a que sus alumnos aprendieran los movimientos de ese magnífico deporte llamado ajedrez. Qué mejor publicidad que estos duelos que comentaba entre Karpov y Kasparov que eran parte de los titulares noticiosos de los años 70's y 80's, incluso revistas como Time editaban artículos periódicos acerca de temas de ajedrez, también había en España revistas especializadas en fascículos de entrega quincenal, si mal no recuerdo, a propósito de la práctica de este deporte. En el ambiente se respiraba el ajedrez, tanto como el fútbol, el deporte rey. Quien escribe tuvo un especial acercamiento a este deporte y llegó a jugar más que regularmente en partidas con amigos y familiares, ocupando varias horas de los fines de semana y hasta de los recreos de la escuela. Aún conservo mi tablero y piezas de ajedrez en miniatura, imantadas y en forma de cartuchera plegable. Gracias Bobby Fisher.
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APRENDIENDO A NADAR ENTRE JUEGO Y JUEGO (16-01-2008)
Qué grato es toparse por la calle con amigos que uno no ve desde la época en que abandonó la escuela. Al abandonar quiero decir concluir, no dejar truncos los estudios por si acaso. Si de algo me puedo preciar es de terminar lo que empiezo aunque hubo un curso que nunca logré terminar. Afortunadamente no correspondía a los cursos obligatorios de la escuela. Me refiero a los cursos veraniegos de natación que llevaba en una academia particular. Estos recuerdos vinieron a mi mente instantáneamente al toparme con mi amigo Luis quien, además de la escuela, compartía la piscina con quien escribe. En efecto, cada verano nos reencontrábamos en la academia de natación donde nuestros respectivos padres habían decidido matricularnos. En el caso de Luis, fue por iniciativa propia, lástima que yo no pueda decir lo mismo pues cuando menos me lo suponía ya aparecía con la ropa de baño puesta y en el automóvil de mis padres rumbo a la academia de natación. En esos momentos nunca me imaginé que fuese a ser tan traumático, el hecho es que aún recuerdo con terror el primer día de mis clases en esta disciplina.
Eran comienzos de los años ochenta y quien escribe llevaba una vida relativamente tranquila, era hijo único y pasaba la mayoría del tiempo en casa, viendo televisión, aún no conocía muchos amigos en el vecindario y seguramente por eso mis padres decidieron matricularme en algún curso de verano. No tuvieron mejor idea que mandarme de frente al agua, sin previo aviso ni consulta. Como dije, el primer día me resultó traumático pues prácticamente fui forzado a ingresar al agua entre gritos y llantos. No está de más mencionar el ridículo que estaba haciendo pues evidentemente no era el único alumno y ya los demás niños habían hecho su ingreso a una pisicna bastante amplia para mí gusto. Si fuese en la actualidad, resultaría ridículo pues el agua me llegaría a las canillas a duras penas, pero en aquel entonces otra fue la historia. Habrán perdido cerca de diez minutos entre forcejeos y convencimientos antes de que pudiera hacer mi ingreso al agua. Una vez dentro de la piscina, sólo atiné a sostenerme de una de las canaletas y hacer caso omiso de indicación alguna. El miedo me tenía paralizado. Así transcurrieron las dos o tres primeras clases, después, poco a poco me fui integrando al grupo más que nada por diversión, pero el siguiente trauma vino cuando tuvimos que aprender a respirar bajo el agua. Eso sí que no estaba en negociación y apenas metía la punta de la nariz y la sacaba de inmediato por miedo a ahogarme. Era una sensación realmente abrumadora y me costó casi un mes superar el trauma.
Recuerdo que el siguiente momento traumático vino cuando a nuestro profesor de natación se le ocurrió proponer un juego bastante riesgoso para mi gusto. En efecto, se trataba de formar una fila, luego cada niño nadaba cierto tramo y se ponía en una nueva posición hasta formar una nueva fila y luego el siguiente niño hacía lo mismo y así sucesivamente hasta que una nueva fila se formaba en el otro lado de la piscina. Pero el problema del asunto radicaba en que cada niño que llegaba debía pasar buceando por debajo de las piernas de los que le habían precedido en el turno. Evidentemente a más niños, mayor peligro de ahogo y no supe qué hacer. Fui uno de los últimos y el buceo se me hizo interminable. No era como recoger la piedrita o la monedita en que uno por último se daba media vuelta y regresaba sin moneda o sin piedra según fuere al caso. Aquí no se podía dar vuelta, una vez en el túnel de las piernas, había que seguir, sucediese lo que sucediese. Afortunadamente, también supe superar esa prueba pero como la historia de la humanidad está llena de retos, algo nuevo siempre pasaba cada verano.
En efecto. Todos los veranos éramos promovidos a unas clases más avanzadas, no era gran cosa, pero el gran salto vino cuando nos tocó pasar a la piscina de los niños grandes. Eso sí que fue apoteósico por decirlo menos. Para graficarles mi situación, les diré que en ninguna parte de esa piscina, podía pisar el suelo sin que el agua me cubriese por completo la cabeza. Aquí ya estábamos hablando de supervivencia. Y apenas comenzaba la historia porque seguramente también vendrían más juegos y pruebas de todo tipo. Finalmente el tiempo fue pasando y aprendí a nadar bastante bien, aunque me faltó dominar uno de los estilos, pero ya era suficiente.
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ENCONTRANDO TIEMPO PARA ESTUDIAR DE LA MANERA MÁS INSOSPECHADA (15-01-2008)
Ahora que los tiempos modernos corren con bastante vértigo, arrastrándonos consigo en su carrera, he notado que uno de los lugares donde uno encuentra mayor tiempo libre a disposición es la clínica o el hospital. En efecto, hace falta caer enfermo o accidentado para recién disponer de un espacio de tiempo en que podemos leer con tranquilidad, incluso podemos estudiar alguna lección de la universidad que se nos haya retrasado por dedicarle tanto tiempo al trabajo sin mencionar a las obligaciones familiares. Pensaba en esto a raíz del internamiento de mi novia en una clínica local ya que fueron unos días que ella aprovechó para poder ponerse al día en cuanto a las lecturas que le habían dado en la carrera de Administración de Empresas que sigue en la universidad. Ella está a punto de terminar su carrera, apenas faltan dos escasos meses y por supuesto hay que apretar el paso, las lecturas abundan y las prácticas también, al tiempo que hay que ir avanzando y calibrando lo que será la sustentación de la tesis que le permitirá obtener el grado de Licenciada en Administración. Como digo, mi novia encontró el tiempo de estudio en el lugar menos sospechado, en una clínica. Su internamiento se debió a un problema de índole digestivo y requirió prácticamente una semana en observación, semana en que ella, dando un ejemplo de fuerza y entereza, avanzó con las separatas que le fueron entregadas antes de arrancar el último semestre de su carrera.
Mi novia ingresó a un programa de estudios especial para gente que labora en empresas, de esto hace ya más de tres años. Evidentemente, sus tiempos se acortaron y tuvimos que sacrificar mucho de nuestro tiempo libre para que ella pueda finalizar con éxito su carrera. Era una oportunidad que su centro de labores le brindaba y no convenía desaprovecharla. En ese sentido, me sumé sin mayores quejas al objetivo. Paralelamente a esto, mi novia es madre soltera de dos niñas en etapa escolar y no podía descuidarlas, máxime que el padre de las muchachas prácticamente no colaboraba en nada. Pero no era tiempo de quejas y pusimos manos a la obra. Estos tres años se han pasado volando pero finalmente tuvieron que pasar la factura. Noté durante este tiempo que la disciplina que mi novia tenía para su dieta había caído a niveles insospechados, evidentemente la ansiedad por terminar la carrera pudo más y poco a poco fue adquiriendo costumbres que no tenía, como picar alimentos entre comidas, generalmente dulces. Junto a esto, fue dejando poco a poco el gimnasio, que mantenía su disciplina. La falta de horas de sueño y el stress propio del trabajo, del estudio y de la crianza de los hijos terminaron de complicar el cuadro de tensión que esta vez se manifestó a nivel estomacal. En efecto, hace dos fines de semana, mi novia amaneció con un fuerte dolor en la parte baja del abdomen. Creímos que se trataba de un simple cólico o una indigestión pero al día siguiente los dolores no se habían ido pese al tratamiento doméstico que seguimos a base de infusiones y analgésicos. Decidimos entonces acudir a la clínica donde ella estaba asegurada.
El ingreso fue por la zona correspondiente a emergencias y el doctor que la examinó creyó conveniente que se internara. El dolor había ido en aumento y era insoportable. Se creyó en un primer momento en una apendicitis, descartada de plano pues años atrás el apéndice le había sido retirado a mi novia. Los exámenes debían proseguir y se realizó una tomografía que arrojó la presencia de divertículos. Estas molestas cápsulas que se forman espontáneamente en el intestino, atrapando ciertos alimentos, como las pepitas de tomate por ejemplo, pueden resultar muy dolorosos y hasta mortales si desembocan en una peritonitis que se puede extender a otras zonas del organismo comprometiendo órganos vitales. El tratamiento a seguir, debía efectuarse con antibióticos específicos y por varios días. Pero la técnica más extrema consistía en dejar de probar alimentos y agua por cuatro días. Mi novia sólo recibiría asistencia endovenosa de suero mezclado con vitaminas. Era una dura prueba, quizá pensada por el Destino para que ella pueda retomar su disciplina dietética y renunciar a la vida fácil y ansiosa que le permitía picar alimentos durante todo el día con las consiguientes consecuencias negativas en el organismo a mediano y largo plazo.
Lo tomamos así y ella siguió el tratamiento al pie de la letra. Al quinto día recién pudo probar algunos alimentos blandos como las típicas gelatinas y mazamorras que dan en los hospitales, luego el caldo de pollo fue introducido en la dieta y el doctor comprobó que la peristalsis del intestino funcionaba correctamente, sin embargo en quince días se debe hacer otra tomografía para descartar cualquier otro problema que haya quedado sin resolver. Por lo pronto, mi novia tiene la mente puesta en su recuperación total y en su examen de Administración del fin de semana. Sin duda, un ejemplo a seguir.
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EDUCANDO AL COMPRADOR DISIPADO (30-11-2007)
Siempre he pensado que si en las universidades se educan los mejores vendedores, pues otro tanto se debería hacer para educar a los buenos compradores. En efecto, muchos compradores hacen sus transacciones sin ton ni son, arrastrados por modas u ofertas pero no llevados por lo que debe ser el verdadero motor de compra: la necesidad. Quienes mejor nos damos cuenta de esto somos los acuciosos hombres al ver como nuestras mujeres revientan literalmente las tarjetas de crédito o gastan todo el efectivo en cosas sin sentido o, mejor dicho, en cosas inexplicables para un hombre. El escenario que mejor plantea esta situación de compras compulsivas, es, aunque no lo parezca, un inocente supermercado. En efecto, que mejor manera para camuflar al enemigo, llamado compra superflua, que entre las compras realmente necesarias. Al respecto el mercadeo ha hecho su trabajo muy bien y diseña una serie de estrategias para engatusar a desprevenidos compradores que no caen en un análisis más profundo de la situación y que no se concentran cuando compran.
Actualmente en muchos supermercados la administración de espacios es un proceso asistido por cámaras que, además de prevenir robos, permiten monitorear lo que mejor se vende y lo que necesita ser expuesto para llamar la atención del comprador. ¿Alguna vez se han preguntado por qué las carnes siempre están al fondo? No es casual que para comprar alimentos de necesidad básica, uno tenga que recorrer de ida y vuelta pasillos por donde se exhiben otros artículos de menor interés y demanda pero que se pueden antojar. Pero esa es sólo una de las tácticas de estos adiestrados y sigilosos escuadrones de venta. Otra estrategia es la conocida oferta, lo cual no está mal, pero la verdad, bien puede no ser cierta. Digamos que yo tengo un producto que vendo a 2 euros y de pronto hago una rebaja a 1.95 euros, esto puede atraer al comprador pero en su entusiasmo puede olvidar que en verdad no necesita ese artículo. Otra estrategia que he notado que usan, es que ponen los productos que más les interesa vender a la altura de nuestros ojos. La próxima vez que vayan al supermercado fíjense en los productos que están a la altura de sus ojos y muy probablemente encuentren la misma coincidencia que yo: son productos fabricados por el propio supermercado, café por ejemplo o azúcar.
Aún hay más, como diría el finado presentador mexicano Raúl Velasco. Otra técnica utilizada es la de aprovechar los productos que tienen salida continua para colocar junto a ellos productos de igual calidad pero a un precio inferior con el fin de promoverlos. Está técnica es muy versátil, tanto así que puede ser utilizada al revés. En efecto, en los supermercados también existen los llamados puntos muertos que son las zonas poco visitadas por los compradores, como lo puede ser la sección muebles o juguetes en temporadas que no corresponden a su compra. Pues bien, los estrategas aprovechan las cercanías a esta zona para colocar atractivas ofertas, induciendo al despistado consumidor a acercarse hasta ese punto y quién sabe, se termine interesando por algo. Cuando se cree que a uno ya no lo pueden bolsiquear más, es cuando más debemos cuidarnos. Estoy hablando ahora del momento en que hacemos fila para cancelar los productos que hemos escogido. En efecto, junto a las cajas generalmente encontramos golosinas, cervezas y cigarros, justamente los calmantes de la ansiedad por excelencia. Son momentos en que precisamente hay ansiedad porque la fila avance y somos muy vulnerables, además están los niños que nos tiran del pantalón para que les compremos dulces. Y casi me olvido, también hay revistas en la zona de las cajas, muchos las cogemos para hacer tiempo mientras la ojeamos y terminamos comprándolas. ¿Casualidad? No lo creo.
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UNA BUENA EDUCACIÓN PUEDE SIGNIFICAR NADA (28-11-2007)
La elección de los estudios que uno va a seguir luego de egresar de la escuela es un tema que compete a toda la familia. Muchas veces la orientación vocacional de un estudiante se ve muy influenciada desde el seno del hogar, y cuando digo muy influenciada, me refiero a que a veces los padres presionan demasiado para que el hijo elija la carrera que ellos (los padres) quieren. Y esto puede ser realizado sin que se den cuenta, en base a comentarios y hasta gestos que el joven estudiante va decodificando. Incluso si se trata de una familia con más de un hijo y el padre es médico y los dos hijos mayores también lo son, el tercer y menor hijo prácticamente se verá arrastrado por la corriente sin que la Medicina sea precisamente su vocación. En este sentido, los padres debemos ser muy cautos a la hora de conversar con nuestros hijos y constantemente darles la confianza para que ellos elijan la carrera que deseen. Lo mejor que se puede hacer es reinventarse y ya no ser padres sino pasar a ser hermanos o amigos, se logrará una comunicación más efectiva con ellos y las ideas fluirán con mayor naturalidad. El principal problema que afrontan los hijos es la descalificación de sus propios padres. Llega un punto en que la confianza se quiebra después de haber recibido muchas críticas y descalificaciones, el hijo asume que lo que hace siempre estará mal para los padres y prefiere no decir nada, es así que se refugia en el consejo de amigos, que, por otra parte, carecen de tanta experiencia como él. Además se crea un escenario peligroso en que el joven puede entablar amistades peligrosas y caer en adicciones que terminen por marcar su destino.
Pienso que lo más sensato que pueden hacer los padres es transmitir toda su experiencia al hijo, contarle anécdotas por las que han pasado y, sobre todo, lo que aprendieron a partir de ellas. En ese sentido, es importante que el padre sepa conjugar sus historias y orientarlas a los distintos campos de la educación en los que se puede presentar este escenario. Además la información debe ser complementada con una adecuada lectura de la actualidad y una visión aguda de los próximos años y de cómo se puede presentar el escenario cuando el hijo termine su carrera universitaria, analizar posibilidades laborales y de éxito personal en buena cuenta. No basta con ingresar a la universidad y obtener buenas calificaciones para luego graduarse. El mundo actual exige habilidad para desenvolverse en la carrera elegida y es algo que los padres debemos remarcar y enfatizar en nuestros hijos. Incluso se puede presentar el escenario en que el hijo no desea realizar una educación universitaria sino trabajar y ganar dinero de frente. En estos casos, los padres suelen contrariarse y tomar la decisión desesperadamente, se les viene el mundo encima. Simplemente decir que no debe ser tan así y más bien un aliento de este ímpetu es lo mejor, no todos tenemos la misma cronología en la cabeza, escuela-universidad-trabajo, lo cual no quita que el hijo, más adelante, cuando ya esté consolidado en su trabajo, quiera realizar sus estudios universitarios. La misma necesidad de crecer en su trabajo o ver crecer la pequeña empresa que ha formado, lo conducirá naturalmente a una búsqueda de su propia perfección. De nuevo, los padres debemos alentar esto y sembrar la semilla del estudio en sus mentes, pero no debemos esperar las últimas instancias para realizarlo, el gusto por la lectura, debemos inculcárselos desde pequeños, no de lo que nos gustaría que lean sino lo que ellos quieran leer.
Quiero terminar este post con una anécdota que me sucedió, justamente por no elegir la carrera más adecuada. No entraré en detalles del por qué de mi equivocación, simplemente diré que, merced a mi elección tuve que llevar el curso obligatorio de Cosmología y dentro del mismo se nos encargó hacer un trabajo de investigación sobre determinados temas. Los grupos eran de a dos personas y mi compañero estaba tan extraviado como quien escribe. El tema que nos tocó en la balota fue La Nada y la entrega del trabajo debía ser en el plazo de un mes. Tenía 18 años en aquella oportunidad y, la verdad, me hallaba en un terreno en el que no deseaba estar. El mes se fue volando y sólo nos reunimos una vez con mi compañero asignado, recopilamos un poco de material pero no concretamos nada, el destino se burlaba. Llegado el día de presentación del trabajo, se pasó lista y, llegado nuestro turno, nos pusimos en pie. Nuestra maestra dijo: Martínez-Palomino, ustedes tienen el tema de La Nada, entreguen el trabajo por favor. Fue mi amigo quien se encargó de decir que lo que habíamos hecho, era precisamente eso, nada.
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