Manuel Lozano nació en Córdoba, Argentina. Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista, Prof. de Literatura, Máster en Historia de
la Cultura Argentina, Máster en Comunicación, Doctor Honoris Causa en Educación y Doctor en Filosofía de
la Educación del Consejo Iberoamericano de Educación, ha escrito 15 libros entre los que pueden citarse a "Libro de Amenemope", "
La Línea y el Círculo" , "
La Rueca Dorada", "El Enigma Silvina Ocampo:
La Paradoja y lo Sublime". Su obra fue traducida al inglés, francés, italiano y árabe, encontrándose en más de 180 websites, habiendo realizado crítica literaria para importantes diarios de su país y publicaciones de Europa.
Ha recibido 54 premios nacionales e internacionales como Primer Premio Fondo Nacional de las Artes, Beca del Ministerio de Asuntos Sociales de España junto a los Premios Nobel José Saramago y Wole Soyinka, Jorge Amado, Juan José Arreola y Juan Goytisolo; Fue Faja de Honor de http://www.poetasdelmundo.com/verInfo.asp?ID=594, y "Ambassadeur de
la Sociedad Argentina de Escritores, Premio Federación Universitaria de Buenos Aires, Premios 2004 y
la Argentina (de
la Cámara Junior, votado por unanimidad). Considerado una de las voces jóvenes más potentes de su país, en 2006 fue designado "Embajador para Argentina" del mega proyecto "Poetas del Mundo" -Chile-
la Paix" del Cercle Universel de
la Paix, con sede en Ginebra Suiza.
Creo en 1999
la Fundación FIED (Fundación Interdisciplinaria de Estudios para el Desarrollo), con sedes en las ciudades de Buenos Aires y de Córdoba, con el objetivo de afianzar la capacitación e investigación en torno al paradigma de la interdisciplinariedad, de la que es Presidente del Consejo Académico. Coordina también la "Escuela de Escritura Silvina Ocampo", destinada a la recuperación e investigación de escritores y pensadores eclipsados o parcialmente olvidados de latinoamérica.
Ha recibido elogios de grandes escritores de Argentina y del mundo como Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Olga Orozco y Juan José Arreola. Siendo Lozano un adolescente, Jorge Luis Borges escribió sobre su obra: "(...) Nos deslumbra con páginas memorables. Descubro que tiene el hábito de frecuentar el universo, de traducirlo en misteriosas y afortunadas invenciones" (1984)
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Querido Feliciano: Este es uno de los tres poemas que dediqué
a James Ossco. Un fuerte abrazo.
Manuel
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CONSTRUCCION ALEGÓRICA
SOBRE EL VIENTRE DE
LA ARAÑA
La araña que atrapas con la mano,
y está en palacios de rey.
Proberbios, XXX, 28
Para James Oscco, con una lluvia de memoria
Me arrojan a paredes, me sumergen, me sepultan
donde nunca he de estar,
allí mismo donde irrumpen las crueles dinastías de fantasmas,
el deseo y sus aves de marfil incandescentes.
Éramos el tiempo de la dicha.
La luz languidecía entre las arpilleras
y los objetos carnívoros y los estibadores.
Mi brazo arrancaba piedras de tu sexo
para el júbilo interior de los pequeños altares.
¿Qué lenguaje de hiena silba en la tierra del desquicio?
¿Y esas risas estriadas por los ruines,
parodias del Hijo de Hombre?
El tacto diminuto sube por las pieles
haciendo del mundo la grandiosa impostura.
¿Quién, pero quién arroja el saldo
de tu desesperante errar por la noche?
¿Por qué no confiesan el asco de volver
con un grito sobre las plumas de mi carne,
la soledumbre, las babas, el temblor?
Serán membranas revelándose
ante una cueva de forajidos, tatuados
en las cámaras del odio.
Hoy se extinguen los silenciadores.
Bajo cualquier mutación, entreabierto,
se retuerce un latido, desvaría,
como la puerta avara en los ojos de una loca.
Está crucificándose este gesto
sobre el pedernal desollado
en que colocan tu cadáver.
Pero ese cuerpo es una llama que contagia.
Hazme una señal.
Repliégame entre los alcatraces
para despedazarme de a poco.
¡Mamparas anómalas del hambre,
pezones cortados en la guerra!
Te recogerían, lo sé, aquellos súbditos
con sus sacos de lluvia
como al dios de la leyenda,
o tal vez como a Lázaro en el alba del terror.
Espumarajos salen de esta boca.
Incrústame, coagúlame
en el ruinoso zaguán de los exilios.
¿Toda plegaria es un perverso guijarro
contra la pasión y la fuga?
La vagabunda tiene el cuerpo de los profanados.
¿Han de envolverla, al fin
con las fisuras de tu transparencia?
¿Cómo un quejido entre risas?
¿De qué revelación de atribulados
para tocar mi herida en vuelo?
Curtida en el sordo ronquido de la emboscada,
invadida por tenues mareas de otro adiós,
escupe el veneno hasta nosotros.
Así nazco al alba amamantada de mi grito.
Manuel Lozano
Buenos Aires, mayo 2006
VOLVÍ HERIDO DE LA HERIDA
Para James Ossco Anamaría
De un manantial de oscura sangre subo a estas grietas
con mi piel aterida, con mis huesos cortados, con los ojos vacíos
que ayer miraron y soñaron y pisaron la tierra de los hombres.
¿Quién es el peregrino aquí?
Coronándome de espinas, un ataúd del aire
sella la fiebre en el relámpago.
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Trepo desnudo con mis ajadas pertenencias
la ruindad de este mundo,
escalo los sucios peldaños de un hospital sumergido,
convivo ya con sangre y pus y calientes algodones
bajando por mi carne de cielo.
El dolor quedó afuera.
Las puertas se cerraron, blasfemadas.
¿Y qué jardín nocturno aguarda por el crimen?
Me jacto ahora de la usura
extendida sobre los corazones.
No soy el sobreviviente.
Soy el testigo fiel de la tiniebla.
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Todas las potestades del bien y del mal
han de caer en estos basurales.
El maná de las criaturas enviejadas -el agua misteriosa-
ya no brota de los surtidores.
¡Dime cómo llorar a lágrima viva
por este ejército de escorias en la noche!
Vuelves a leer, a suplicarme esta lenta genealogía:
Traspasaron mis manos y mis pies,
y contaron cada uno de mis huesos.
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¿Qué raíz del comienzo traigo a cuestas,
qué miserias de Cristo laten en el estigma?
Que el brote se abra.
Que esta arena se abisme.
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Arrojo un Memorare al país lacerado.
Principio un sol nocturno como llaga lustral,
como lepra urgente en el corazón que se enfría.
El asesino huele la sangre,
no cicatriza el asesino.
Sus ropas fueron teñidas
con las babas mordientes de otro escalofrío.
Ahora rugen.
Un olor silenciario está subiendo por los pies.
Mis manos que son aire y tierra y agua con sacratísimo fuego
labran el altar del hilandero.
Manuel Lozano
Puerto Valdivia (Chile) febrero de 2006/
Buenos Aires, mayo de 2006
PALIDO CERCO DE LA SOMBRA
Manuel Lozano
La vejez mecía mi corazón, como mece
una loca a un niño muerto. El silencio no me
amaba ya. Y la lámpara se apagó.
O. W. de Lubicz Milosz
El visionario ha desollado la hendidura
por donde cae el amor, infancia adentro,
y en que aguardo el frío amante
del rumor de un irse de la tierra.
Perdido entre los tuyos,
te devorabas con fiebres
que engarzan y abandonan
el exacto rumor del bosque incendiado.
¿A qué crías, a qué sed, a qué funesta tribu
reclamaste por el oro de la lluvia?
¿Pero por qué se entregan esos hijos
que vienen con la esfinge tatuada de su lepra?
Nunca terminan los viajes bajo el puente,
bajo el puente donde un cuerpo tiembla:
tajo libérrimo de la separación.
Hoy has llorado el mundo.
Huye todo presente.
Sin número, la música y el alba
calcinan los huesos de los hombres.
¿Quién acuña el hocico del ronco gemido del yacente?
Ahí tienes la tormenta.
Un ciruja en Bagdag bebe su sopa larvaria.
Pitágoras se sepulta en un sueño
con ataúdes de hierbas sin descanso.
Las viejas matronas alzan cucharas.
Whitman resplandece hasta doler.
París, tarde del 26 de diciembre de 1996
RUNA, Cas(z)a de Poesía en un soporte más de comunicación poética de Runa, Asociación Pro Cultura y su revista en papel.
Queremos ser un encuentro rápido de poetas, poemas, poesía e intercambio de ideas sobre arte y literatura.
El cuadro aquí debajo pertenece al pintor HERBERT RODRÍGUEZ.