Anatomia de una Psicosis es una obra que consta de varios casos de afecciones mentales, derivadas de la infancia en unas ocasiones y otras de casos en los cuales se han dejado secuelas, las cuales, han llegado a perturbar a algunas personas que los han vivido o que han estado muy cerca de poderlos haber vivido.
Todos los casos son ficticios. Cualquier similitud con la realidad será pura coincidencia.
Primer Caso: Amanda y el Cruze
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Amanda tenía que llegar a la ciudad desde el pueblo donde residia.
La única manera posible debido a la hora que tenía su cita era la de atravesar aquel cruze que separaba la ciudad de donde ella vivia.
Amanda arrancó su vehículo y tomó rumbo hacía el cruze, como una temprana decisión de miedo y preocupación.
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El cruze era un lugar en el que desde 1950 hasta 1970 ocurrieron sucesos inexplicables.
El sheriff del condado, así como el FBI, intentaron en aquellos tiempos averiguar que es lo que ocurría en aquél lugar, pero no fué posible para ellos el poder conseguir hechos que solucionaran realmente nada.
Todo lo que obtuvieron fueron conclusiones absurdas y nada lógicas, el cruze parecía ser como un triángulo de las Bermudas, donde desaparecía todo lo que en un momento determinado estuviera en el mismo, daba igual si eran camiones, coches, tractores, personas, animales. Cualquier cosa desaparecía del radio de visión entre las cuatro direcciones de este último durante esos 20 años.
Pasó un tiempo en el que los sucesos fueron en descenso, eso fué a partir de 1972, la situación pareció normalizarse y el FBI, sin cerrar del todo el caso, empezó a despreocuparse del mismo.
Pero los habitantes del pueblo y los de la ciudad, no se olvidaron de todo aquello tan fácilmente como la policia y el FBI.
En el año actual, 1980, 8 años después del último suceso parapnormal, volvió a desaparecer un joven de 32 años con su vehiculo.
El caso fué re-abierto por el FBI, se estudió de nuevo el lugar, pero ni el muchacho ni su coche aparecieron nunca más.
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Amanda paró su vehículo un poco antes del cruze.
Amanda sudaba frio.
Su miedo crecía y su nerviosismo con el mismo, miraba en todas direcciones, sin saber en verdad que es lo que debía de mirar, pues en un tiempo desde el caso de aquel muchacho, nada más, que se supiera, volvió a ocurrir allí.
Sin embargo, ella creía presentir algo no bueno en aquella mañana en que debía de cruzar aquellos 4 caminos.
Amanda volvió a introducir la primera en su coche y empezó poco a poco a adentrarse en la zona del cruze, todo parecía normal, estaba despejado en su totalidad, nada ni nadie sobre el terreno en ninguna de las direcciones, excepto su propio vehiculo.
Amanda, cambiando la marcha, apretó el acelerador a fondo, tratando de pasar cuanto antes aquella pesadilla de asfalto, su cerebro no pensaba nada más que en salir, salir de allí, "corre Amanda, sal rápido, corre Amanda, no queda mucho, ya estás fuera", pensaba en su subsconciente, mientras daba gas al vehiculo, pisaba el pedal a fondo sin darse cuenta de que ya estaba casi fuera del mismo, sin embargo, su pie seguía aprentando el acelerador , dando caña al motor del coche en una forma desesperada por salvarse, por pasar al otro lado, por estar en el otro extremo del cruze.
Su corazón latía de una forma descompensada, respiraba con dificultad y de una forma acelerada, la expresión que se marcaba en su rostro era la de una persona poseida por la angustia y la deseperación.
Después de unos metros de donde quedaba este último, Amanda subió el pie del acelerador y paró el vehículo.
Abriendo la puerta, bajó del mismo, mirando todavía con una mueca de terror hacía el cruze.
Lo había pasado, estaba al otro lado, su cara se llenó de felicidad como si acabara de ganar una carrera y estuviera en la meta.
Se introdujo de nuevo en el coche, conectando la radio y tratando de buscar una emisora con musica relajante, continuó su camino hacia la ciudad.
Su cita la estaba esperando en la misma.
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Amanda no creyó de verdad que estaba sola allí, el cruze nunca estaba solo, tuvo suerte esa mañana, nada más, pero lo que acechaba en aquél lugar no había acabado todavía con ella, siempre estaba allí, esperando una oportunidad para hacerla desaparecer, para llevársela a otra dimensión, a otro lado, a un lugar que nosotros desconocemos.
Eso es lo que aún permanecía como secuela en la mente de Amanda, nadie la haría cambiar de opinión, seguro que a su vuelta al pueblo, algo iba a pasar, esta cita sería tal véz lo ultimo que Amanda haría en la ciudad, lo último que haría antes de entrar de nuevo en aquella maldición de lugar del demonio.
Calló su mente y se relajó con la musica, no quiera llegar mal y que su amado la viera en ese estado.
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Amanda llegó al lugar de la cita, aparcó su coche frente al café donde había quedado.
Se encontraba traquila, pues había controlado sus miedos y deseaba pasar el día con el chico de sus sueños.
Durante las horas en las que estuvo con este, comiendo en el restaurante favorito de ambos, haciendo el amor en el hotel donde siempre tenían una habitación preparada, Amanda era una mujer feliz y sin problemas psicólogicos aparentes.
En verdad, Amanda era una mujer de bandera, bella y dulce, una mujer a la que desde luego se la podía amar con decisión y profundidad.
Cuando llegó la hora de volver a sus respetivos destinos, Amanda abrazó con fuerza a su estimado compañero sentimental, como si fuera la última vez que pudiera estar con este.
El la abrazo y al tiempo la dijo que no se preocupara, volverían a verse muy pronto de nuevo, tan solo unas semanas de espera.
Amanda calló y sonrió de forma dulce, pero su mente volvia a tener miedo, volvia a tener terror de su vuelta, de llegar al cruze.
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El coche de Amanda estaba a unos metros del cruze de nuevo, agarrada al volante con una fuerza que no correspondia a como ella era normalmente, su cara desencajada, su mirada perdida entre las 4 direcciones, Amanda pisaba el acelerador del vehiculo, sin dar salida a este, esperando que en un reprix pudiera huir de estampida y cruzar de golpe hasta el otro lado.
De pronto se decidió, el coche salió despedido, sin control, Amanda no podia controlarlo, el coche se desvió de su ruta, Amanda trató de corregir la trayectoria del mismo, pero fué demasiado tarde, el vehiculo se metió de lleno contra el tronco de un fornido árbol de los que quedaban a los lados de la carretera, el golpe fué tan fuerte que Amanda se golpeó contra el volante y su cabeza dió de lleno contra el asiento, dejandola inconsciente.
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Pasadas unas horas, Amanda se despertó bruscamente, miraba a todos lados, el cruze seguía allí, Amanda no había pasado, ¿ el golpe provocó que el coche volviera de nuevo al lado de la ciudad ?, pero aquello no podía ser, ella se movió en dirección al pueblo, ella había pasado el cruze, ¿ ó no ?, Amanda no podia creerlo, sencillamente, no podia pensar que tenía que volver a cruzar de nuevo, que tenía que volver a pasar otra vez el calvario del maldito cruze.
Se tocó su cabeza, le dolía horrores, pero más le dolia tener que volver a cruzar, no quería, se resitia, volvió la mirada en sentido a la ciudad, pero su casa estaba en el pueblo no en la ciudad.
No tenía más remedio que ir en esa dirección, que cruzar de nuevo, su destino estaba hechado, no había más elección.
Volvió a arrancar el coche y a meter primera, entrando en el cruze suavemente esta vez, miró a todos lados, se decidió a seguir poco a poco, pero con la conciencia de que si veia algo, apretaria el aceleador a fondo, podía cruzar, "vamos Amanda, crúzalo de una vez por todas". Y lo cruzó.
Lo cruzó de nuevo, esta vez sin problemas, pero no se paró, siguió adelante hasta el pueblo. NO queria parar, no queria mirar lo que pudiera haber, tal véz, allí esperandola alguna otra vez, alguna otra vez, queriendo llevársela.
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Segundo Caso: Adrián y el Teléfono
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La nueva casa de Adrián situada en el centro de la ciudad contenía 3 plantas y un bonito jardín.
La casa fué comprada al contado, pues Adrián no tenía vida social, no gastaba dinero en nada y todo lo que cobraba por su sueldo era depositado en su cuenta corriente, de la cual solo usaba algo para vivir y pagar algunas facturas.
Adrián sólo tenia una cosa que le hacía ilusión en la vida, su teléfono y un número, sólo un número desde donde recibía todos los días a las 20:30 una llamada de una hora apróximadamente.
Adrián había comprado una butaca muy cómoda que instaló cerca de la mesita del teléfono.
Una butaca que le servía de reláx durante esa hora de comunicación telefónica.
Durante 3 largos años, fué el receptor y el psicólogo de una voz femenina que le llamaba y le contaba su vida, sus historias, sus estudios, sus desvaríos con los jovenes que la rodeaban.
Aquella mujer de 25 años de edad, de origen polaco, instalada en España desde hacía 5 años, cuyo nombre conocía Adrián muy bien, Ana Rytom, era la causante de esas llamadas diarias de una hora.
Ana sólo llamaba a Adrián, pues no tenía a nadie más en quién confiar sus secretos.
Sabía que aquél hombre, dulce y educado, entendía todo sobre ella y que la escuchaba cada tarde con una paciencia de médico psicólogo, alguién que nunca dejaba que sonara el teléfono más de dos veces antes de descolgar el auricular.
Una de aquellas tardes en las que Adrián, después de ponerse cómodo una vez llegado a casa de su trabajo y de cenar alguna que otra cosa de las que él siempre tenía preparadas de antemano, se sentó en su cómoda butaca para recibir la consabida llamada de las 20:30, el teléfono no sonó. Simplemente no sonó.
Adrián miró si tenia linea. La tenía.
Entonces se levantó de la butaca extrañado y fué a buscar su agenda de teléfonos, en la cuál, sólo había un numero apuntado, el de Ana Rytom.
Adrián descolgó el auricular, esperó a que saliera la señal y marcó el número, al otro lado del aparato nadie cogió el teléfono.
Volvió a colgar. Repetió la operación, pero nadie cogia el teléfono.
Adrián empezó a preocuparse de verdad, aquello no era normal, ella le llamaba siempre a la misma hora, todos los dias.
Pensó "tal véz, Ana tuvo algún motivo esa tarde para ausentarse de su llamada ..... " "esperemos a mañana", se dijo.
Adrián se fué a la cama temprano, pues no había mucho que hacer, sin la llamada de las 20:30, parecía que algo le faltaba al día.
El siguiente amanecer llegó, Adrián acudió a su trabajo como siempre, pasó el día y volvió a su casa como cada tarde.
Se puso cómodo, cenó lo habitual y de nuevo se sentó en su butaca al lado de la mesita del teléfono, esperando la llamada puntual de Ana.
Llegaron las 20:30 y la llamada no se produjo, está vez si que Adrián empezó a preocuparse seriamente.
Se lavantó de su butaca, empezó a darse paseos por la casa, no entendía porque Ana no le llamaba.
"¿ No le hacía falta llamarle ? ¿ Habría encontrado una estabilidad emocional, en la cuál Adrián ya no le era indispensable ? ". Su mente formulaba preguntas cómo éstas.
No cabía en la lógica de Adrián que después de 3 años, si en verdad no la hacía más falta, por lo menos no le llamara para decirselo.
"Pienso que algo la ha pasado, algo que no es precisamente bueno y que la tiene alejada sin posiblidad alguna de llamarme", se contaba a si mismo como hipótesis lógica sobre lo que podía estar ocurriendo.
Adrián se vistió y salió de casa en busca del periódico, cómo una alternativa para distraerse un poco aquella tarde-noche.
La televisión aburría a Adrián someramente y la radio le hacía dormirse.
A veces las usaba para ese propósito.
Pero en esta ocación Adrián no quería quedarse dormido, estaba muy preocupado.
Adrián se acercó al kiosco de prensa que casi estaba cerrando, compró el periódico y se adentró en un bar al que a veces acudía a tomar una cerveza, sobre todo los domingos antes de la comida.
Miéntras saboreaba su jarra de cerveza, Adrián ojeó el periódico, los titulares, pués a Adrián no le gustaba leer demasiado entre lineas.
Pasó las hojas del informativo hasta que llegó a la zona de las esquelas.
Adrián solía mirar estas páginas, aunque no conocía en verdad a nadie, siempre cabía la posiblidad de encontrar un nombre que le sonara allí.
Y desde luego lo encontró.
Ana Rytom, 25 años, fallecida hace 2 días en accidente de coche.
Adrián casi se le cayó el periódico de las manos, su cara se contrajo en un mudo eco de dolor y consternación.
No podía ser .... Ana nooooo .... noooo Dios mio ... ella no ... ¿ por qué Ana ?
Adrián acabó la jarra apresuradamente, pagó la misma y se fué a casa.
Entró en esta última con los ojos empañados, la mirada perdida entre el dolor y la incredulidad de que Ana estuviera muerta víctima de una accidente de coche.
Se cambió la ropa poniéndose su pijama, sólo quería meterse en la cama y olvidarse de todo.
Antes de irse a la misma, Adrián se sentó un momento en la butaca, abriéndo el periódico de nuevo, volvió a leer la esquela donde se anunciaba la muerte de su estimada amiga Ana.
Adrián se fijó que debajo de los ruegos de la consabida oración por el alma de la misma, venía el cementerio dónde fué enterrada.
Adrián se levantó, fué a la cocina, cogió las tijeras y recortó la esquela.
Mañana iría al cementerio y buscaría la tumba de Ana.
Adrián volvió sobre sus pasos y se sentó de nuevo quedándose en la butaca, en señal de duelo, sin hacer el más minimo ruido, la casa entera estaba sumergida en un silencio total.
De pronto, el teléfono sonó, Adrián lo cogió a la segunda vez, como siempre hacía cuando este sonaba cómo un movimiento casi mecánico al que no le dió importancia.
Trás una corta pausa y tragando saliva, preguntó con una voz media apagada: "¿ Dígame ? "
Al otro lado del aparato, sonó una voz como muy lejana: "Hola Adrián".
Adrián saltó de la butaca, era la voz de Ana, su voz, desde el más allá .....
Adrián exclamó "Ana" casi gritando ... "Ana no puede ser, tú estas muerta .... ¿ desde dónde me estás llamando ... esto es una broma verdad ?
Ana respondió: "Adrián no es ninguna broma, no importa desde donde te esté llamando, escúchame con atención, por favor, no tengo mucho tiempo".
Adrián inquirió: " ¿ Tiempo para qué ?, Si eres Ana de verdad, la Ana que conozco y según la esquela que viene en el periódico, la cuál tengo aqui delante de mí, tienes todo el tiempo del mundo ahora".
Ana contestó: "Adrián querido, estoy todavía en este lado, pero pronto vendrán a por mi y me llevarán a un nuevo destino. "
Paró sólo un instante y continuó de nuevo: "Ahora escúchame con mucha atención ... Adrián, siento mucho haber desaparecido de esa forma y haberte dado este disguto, no fué culpa mía, fué mi destino, el cuál quiso llevarme a una nueva forma de vida, a un lugar diferente. Ahora quiero decirte, gracias por esos tres 3 años en los cuales fuiste tan paciente conmigo cada tarde que te llamé, quiero decirte adiós, esta sera mi última llamada Adrián, ¿ lo sabes verdad ?, no habrá más llamadas. " Y continuó: Pero te ayudaré a que no te encuentres solo. Ahora puedo y haré para tí el pago de todos los años que tu me diste de felicidad, tendrás a una persona para tí, alquien que me suplantará en esta mi ausencia". Adrián no me queda tiempo ... ya vienen a por mi ,,,, ya vienen Adrián ,,,, adiós querido .... nunca te olvidaré ,,, siempre estaré a tu lado aunque no me verás, ni me sentirás .. se feliz en tu vida, Adrián ..."
La comunicación se cortó de pronto ....
Adrián, todavía con el auricular en la mano pegado a su rostro, no salía de su asombro. Trataba de recordar cada una de las palabras que Ana desde el lugar dónde estuviera le dijo.
Colgó el auricular .... se sentó de nuevo en la butaca .... estaba desvariando ..... volvió a coger el auricular y gritó al mismo con todas sus fuerzas.: "ANAAAAA" "ANA" .... " te has ido de verdad para siempre ... ahora si te has ido para siempre" .... y acto seguido comenzó a llorar amargamente .... lloró hasta que se quedó extenuado durmiendose en la butaca ... en aquella butaca que compró para oir la voz de Ana todas las tardes.
Al día siguiente, Adrián no se despertó a la hora habitual para ir a trabajar, se despertó más tarde.
Se vió en la butaca, en un momento quiso recordar por qué había dormido en la misma esa noche.
Se acordó de la llamada de Ana. Volvió el dolor a su corazón y las lágrimas a sus ojos. Sacó un pañuelo de uno de los bolsillos de la chequeta del pijama y se limpió las lágrimas.
Adrián miró el reloj de su muñeca .... las 11:30 ... exclamó: ¿Qué???? ¡¡¡ Dios Mio ... me he dormido !!!!! Adrián se encontraba cansado, llamó a la oficina y comentó que se encontraba mal y que no iría a trabajar ese dia.
Después hizo un esfuerzo por tratar de ducharse, tomar un café caliente y salir a la tienda de comestibles a por algo para comer después.
Adrián salió a la calle en dirección a la tienda.
Cuando entraba por la puerta de la misma, pudo ver a una joven a la cuál se le había roto la bolsa dónde llevaba su compra. Todo lo que esta última contenía estaba desaparramado por el suelo de la tienda.
Adrián, caballeroso y gentil, se ofreció a recoger la compra de la joven.
Cuándo hubo acabado de recogerlo todo en una nueva bolsa que obtuvo de uno de los mostradores, fué en dirección a la joven, quién todavia buscaba alguna que otra cosa desaparecida en la desafortunada rotura.
Adrián fué a entregarle la bolsa, cuando de pronto, gritó: " ¡¡¡ ANA !!!
La mujer que tenía frente al mismo era igual que Ana Rytom.
La chica se asustó y dijo: "Si, ese es mi nombre .... preguntándole ¿ Cómo lo sabe usted ? perdone ¿ Me conoce de algo ? y después sin salir de su asombro, comentó: ¡ ni que hubiera visto un fantasma !.
El no sabía que decir ... estaba blanco como la nieve ... de pronto se decidió y la preguntó: "Cuántos años tiene ?".
La mujer se le quedó mirando y le respondió: "¡ Vaya pregunta ! ¿ Nunca le han dicho que eso no se le pregunta a una mujer ? ¡ hummmm vaya !
Adrián la volvió a preguntar: ¿ Cuantos años tiene ? por favor, necesito saberlo ....
Ella le dijo: ¡ Usted está loco ! ¿ Pero que le pasa hombre ? resulta que me recoge la compra del suelo y ¿ luego se porta asi ? digame que le pasa, por favor.
Adrián tratando de serenarse y con la bolsa de la joven todavía en el brazo, la dijo: "tenía una amiga que murió hace dos dias, era igual que usted" y añadió: "se llamaba Ana y tenia 25 años".
La joven aluncinando dijo: "Yo me llamo Ana y tengo 25 años".
Adrián no podía creerlo, no podía ser verdad, aquello no podía estar ocurriéndole.
Adrián pidió perdón a la joven y la entregó la bolsa. La chica agradeció la ayuda a Adrián.
Este fué al mostrador y comenzó a realizar su compra.
Cuándo salía por la puerta del establecimiento, se encontró con la joven, esperádole en la salida de este.
Ana acercándose le preguntó: ¿ le hace una taza de café ?
Fué el comienzo de una relación, una relación que acabó en matrimonio, Ana fué a vivir con Adrián a casa de este último.
Todavía a veces, Adrián se sentaba en la butaca y esperaba la llamada a las 20:30 de la otra Ana.
Adrián quería darla las gracias por lo que hizo, ella cambió su vida e hizo que Adrián conociera un mundo de sociedad, el mundo de esa Ana que actualmente llenaba su vida.
Tercer Caso: Sonia y el Espejo
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1. En la Tienda de Lucas.
En la mañana temprana de un lunes de noviembre de 1850, la tienda de Lucas García, fué abierta como un día más.
Mientras se realizaba dicha apertura, inicializando la caja y el libro de contabilidad, un misterioso hombre entraba por la puerta de la misma.
Se detuvo frente al mostrador y preguntó por el dueño del establecimiento.
Lucas apareció de detrás de unas cortinas que aislaban la tienda de la tras-tienda.
Trás una corta presentación y un choque de manos, el misterioso hombre preguntó: "¿ Tiene esposa ?.".
Lucas respondió: "Si señor, la tengo. ¿Por qué?".
El hombre volvió a preguntarle: "¿ Le interesaría adquirir un espejo para ella ?". Y continuó: Le aseguro que no es cualquier espejo, este no lo encontrará en ninguna tienda del gremio.
Lucas inquirió: "¿ Y que tiene de especial ese espejo ?". Perdone mi pregunta.
El hombre invitó a Lucas a que saliera de la tienda un instante y pudiera comprobarlo por si mismo.
Lucas accedió a la petición y salió de su tienda.
Una vez en la calle vió un enorme furgón tirado por 2 caballos. El hombre abrió el furgón y dentro del mismo estaba el espejo.
Con el apoyo de una polea lo bajó desde el furgón hasta la acera y dejó que Lucas le echara un vistazo.
Lucas dijo: "No le veo nada especial, es un magnifico espejo, eso si, pero pienso que hay más como este en las tiendas".
El hombre le contestó: "Aparentemente es un espejo como los demás y es cierto que se podría encontrar en alguna tienda, pero lo que este espejo posee no lo tiene ninguno otro, creáme".
Lucas se rascó la coronilla y preguntó confuso: "¿ Qué puede tener este espejo de especial ?, ¿tal véz, el material con que está hecho el mismo ?"
El hombre se le quedó mirando con cara de incredulidad y le respondió: "¿ Pero no se da cuenta de que este espejo perteneció a alguien importante de la alta burguesia ?" y continuó "Este espejo tiene un gran misterio que debe ser desvelado por alguien como usted. Los reflejos del mismo son a veces extraños, no refleja a las personas frente al mismo, a veces el reflejo es su interior, su alma, otras veces, su karma
y algunas otras veces proyecta el futuro de estas. y por ultimo añadió: Este espejo fué el que enseño en imágenes a su anterior propietaria cómo moriria, ella vió su propia muerte en esas imágenes mostradas como una sarcástico carrusel de horror y crueldad hacía esta.."
Lucas preguntó un poco asustado: "¿ Y usted quiere que este espejo se lo lleve a mi esposa ? ....
El hombre le dijo: "Lo que deseo es que usted descubra el misterio que ronda al mismo, una vez lo haya descubierto y extraido, el espejo no tendrá ningún peligro para su esposa".
Lucas respondió: "muy bien, imaginemos por un momento que descubro lo que hay en el alma de este espejo y que después se lo puedo regalar a mi esposa como un buen presente, ¿ usted que gana en todo esto ?".
El hombre con una sonrisa en su rostro dijo:"Tranquilidad y una gran felicidad de ver que ya no hay nada que temer en este magnifico espejo, que por otra parte si se da cuenta, es todo de nacar". "amigo es una gran oportunidad para usted, puesto que yo no le cobrare nada por el", y continuando le preguntó ¿ sabe cuanto vale un espejo como este ? ".
Lucas moviendo las manos respondió: "está bien, está bien, me quedo con el espejo y tratare de averiguar cuál es el misterio que rodea al mismo".
Mientas subía el espejo de nuevo al furgón, el hombre le preguntó a Lucas por su domicilio.
Al tiempo que le entregó una tarjeta de visita, le comentó: Cuando tenga resuelto el problema llámeme, por favor. Yo llevaré en persona el espejo hasta donde usted vive.
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El hombre condujo su furgón hasta la entrada de la vivienda de Lucas.
Llamando a la puerta esperó que alguien la abriera, en verdad, tenía ganas de perder de vista aquél maldito espejo que tantas desgracias había ocasionado a quienes fueron sus anteriores dueños.
Por fin la puerta de la vivienda de Lucas se abrió y apareció una dulce mujer vestida elegantemente.
El extraño hombre comentó que debía de dejarla el espejo en su casa, pues fue el trato que hizo con su marido.
La mujer dio paso al hombre con el espejo, una vez que este lo bajó del furgón ayudado como la vez anterior de su polea.
En el transcurso llegado a cabo, el hombre se hirió con uno de los bordes del espejo soltando una exclamación maldito seas, cuanto antes estés fuera de mi vista mejor.
Una vez el espejo fue dejado en un lugar seguro en la vivienda, el hombre se despidió, marchando con rapidez por el mismo camino por el que llegó a la casa de Lucas.
Cuando llevaba la mitad de su recorrido hecho, comenzo a sentirse mal, su corazon parecía no responder adecuadamente al ritmo con que debía latir, su sangre empezó a no recibir la oxigenación requerida, todo empezó a darle vueltas de una forma alarmante.
En ese momento y como si algo hubiera provocado a los caballos, estos parecieron volverse locos, saliendo de estampida, una de las ruedas del furgón entró en un rellano y este volcó, el hombre ya estaba muerto antes de que acabara de volcar el furgón por completo.
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De nuevo el maleficio del espejo se cobró otra victima.
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2. En casa de Lucas.
Continuará ....
Escrito por Carlos Them.
(C) Carlos Them 2006. Todos los Derechos Reservados.
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