Cuando he de escribir sobre Michelle tomo aire y me quedo... impotente. En el otro sentido. Esa chica es un rompecabezas. No fui el martes aquel que os comentaba en mi último inciso, pero el miércoles ella me llamó, yo decidí ir, luego no pude, volvimos a hablar, al día siguiente lo propio... Y al final fui y fue GLORIOSO. Conocí la mejor cara de Michelle. Y estuve a punto de cortar ahí para siempre y guardarla de ese modo en mi memoria.
¿Qué os puedo contar de aquel Grandioso Día? Ella se arregló mejor que nunca, me confesó que habia estado a punto de caer en la más terrible desesperación al creer que no iba a verme más. La sorprendía mi aparente indiferencia y de continúo solicitaba mis besos. Brillaba una luna llena inmensa y fuimos a mi cala secreta. Hablamos y hablamos y se estaba tan a gusto juntos que ni apetecía hacerlo. Lo hicimos y permaneció un siglo sin dejarme apartarme. Y seguimos hablando, con ella abrazándome y su mejilla sobre mi pecho. Y esa vez se despidió todo lo mejor que pudo. Incluso me acusó de tener prisa por marcharme.
Y cinco días después fui de nuevo, sin haberla llamado en el interludio. Fui con mi hija y sólo me acerqué a su hotel un par de veces. Y Michelle se comportó de manera horrenda. Con diferencia fue peor que nunca. No sé a qué se debe. Había dos nuevas camareras jovencitas que enseguida demostraron interés por mi. Michelle, por lo general, no suele servirme para no dar lugar a los malditos rumores. Y yo, me metí en el papel de que ni conozco a Michelle para evitarle nuevos comentarios sarcásticos de las nuevas empleadas.
Recuerdo que ella estuvo muy atenta con mi hija, pero mi hija ni la recordaba. Fué el típico "¿No me dices nada?" y mi hija reaccionando como "Pero, y tu, ¿quién eres?". Y luego yo estaba distraído y Michelle se atrevió a hablarme en voz baja y me temó que la respondí en un tono como si me molestara su interrupción. "¡¿Quéee?!". Y sus compañeras continuamente me ofrecían cambiarme la coca-cola helada y demás, con lo que no la presté más atención. La vi ir a fumarse avidamente un cigarrillo y me fui sin mirar atrás. A ver, ella quiere fingir en público que no nos conocemos, ¿no? Pues ahí lo tenía.
Y luego, claro, llevé a mi hija a cenar. Michelle se acercó a nuestra mesa lo justo e imprescendible. A la segunda vez que vino a preguntar si nos faltaba algo, aprovechando que mi hija se había ido al baño le dije si nos veíamos luego un rato.
-¿Luego? No lo sé. Se alejó y su actitud me dejó de piedra.
-¿Qué te ha pasado? -inquirí con calma cuando trajo la cuenta.
-Es que ayer salí, me emborraché, volví a las seis, me he dormido, no he aparecido por el trabajo hasta las once, la jefa me ha echado una bronca de espanto y tengo una resaca de muerte.
-Pero, aunque sólo sea media hora -me permití rogar.
-Luego te digo algo si eso, ¿vale?-respondió con ofensivo desprecio y desgana.
Y fue la gota que colmó el vaso. Me olvidé del magnifico jueves. Me levanté y fuí a decirle a la chica de recepción, tras fingir una llamada telefónico que Michelle vio, que me había surgido algo que me impedía ir a la semana siguiente. Habíamos quedado en vernos para entonces ese jueves.
Desde eso han pasado diecisiete días. Por descontado, yo no la he llamado. Ella a mí, tampoco. Y así estamos. Lo peor es que he perdido a Colette. La llamé para charlar de Michelle, y al parecer, Colette creía que Michelle era una invención; una excusa. Y cuando supo que era cierto, dijo de repente que estaba demasiado ocupada y que luego me llamaría. No volvió a llamar. Yo a ella tampoco.
Estupendo, ¿no? Dos mujeres me dejan a la vez, y mi esposa sigue portándose tan poco atenta como de costumbre.
La verdad es que hacerse el duro es un rollo. Es una pérdida de tiempo. Y rememorando los episodios acontecidos con Michelle, resulta que ella nunca me ha llamado. Todos nuestros encuentros se deben a mi. Ella guarda silencio un par de semanas, luego yo aparezco y todo es genial. Después, no. Imagino que lo hace para compensar. Puede ser que ahora, si la llamo, me responda efusivamente. O puede ser que no.
Hay un ingrediente que no he comunicado. Michelle tuvo a un chico que le gustaba mucho, al que dejó porque no era buena persona, según sus palabras. En aquel Glorioso Jueves, imagino que para darme celos, me enseñó su móvil:
-Mira, me ha llamado Ilya. Después de un mes, ya le vale. Y encima para que le rellame yo. ¡Pues va listo!
-Aún te gusta- afirmé amistoso.
-No -negó rotundamente.
No habla de él mucho. Sólo lo ha hecho en dos ocasiones, asi que, imagino que no está demasiado pillada por él. Pero siempre temo que vuelvan. El tal Ilya la llamó un día antes de que comenzaran las fiestas en su localidad. Puede que le volviera a llamar para quedar y que a eso se deba que Michelle se saltara su norma de trasnochar en prime time. Vamos, que cuesta imaginarse a Michelle bebiendo hasta emborracharse y durmiéndose si no es por algo tan trascendental como otro hombre, osea, Ilya.
O ha vuelto con Ilya, o simplemente está esperando a que yo aparezca. Pero no voy a llamarla. Y aparecer por allí... El tiempo enfría las pasiones y la desinformación, en mi caso, también. Ya no estoy con ella en ese plan de intimidad; ya no sé quién soy para ella. Acostarme otra vez con ella sería como hacerlo con una desconocida en un polvo de una noche. Así que... más le vale llamarme si de veras no ha vuelto con Ilya y quiere verme antes de regresar a su país. Yo ya me he mojado bastante, ¿no os parece?





