En la imagen, el almendro rojizo frente a la casa amarilla, donde se oculta un encuentro de prohibida pasión. (Barrio residencial de Stuttgart)
Visto que el tema suscita mucho interés, tanto para serlo sin ser descubierto cómo pillar al que lo practica, os ofrezco aquí una serie de testimonios de aventureros con suerte y muchos consejos.
- Nunca te líes con alguien de tu barrio, pueblo o vecindad. Siempre, siempre hay alguien que lo ve. Y puede que esa persona que lo ve no se lo cuente directamente a tu pareja, pero cien por cien seguro se lo contará a alguién más y pronto no estarás seguro de quién conoce tu secreto. Vivirás en la angustia constante de que en cualquier instante salga a la luz. Incluso en una noche de copas, un conocido mal avenido puede soltarlo en plan de broma, inconsciente del mal que causa.
- Claro que si estás leyendo esto, puede que sea porque ya tienes a alguien en mente. Bueno, puedes arriesgarte UNA VEZ a llevártelo a tu casa. Si vives en un bloque de pisos es más fácil: las entradas y salidas pasan desapercibidas, pero ¡cuidado! ¿Quién no tiene la típica vecina ociosa que se pasa el día ajetreada entre la ventana y la mirilla? ¿O el vecino jubilado que se baja a las inmediaciones del portal para charlar con quién se preste? ¡Esos se enteran de todo!
- Quedad, dentro de lo posible, en horario diurno, donde sonidos tales como el portero automático, pasos en la escalera o el ascensor no distraen y nadie se entretiene en ver a qué piso van. O que te llame por teléfono en cuanto llegue al portal y le abres inmediatamente, para que no tenga que hacer sonar el portero. Como he dicho, UNA VEZ pasa desapercibida. Ven a un desconocido, y se encogen de hombros. Lo ven dos veces, y comienzan a preguntarse "quién será" y "adonde va". Claro, puede pedirle que se ponga traje y se pase por testigo de Jehová, pero cuidado, porque como esté demasiado bueno, tus vecinas también querrán convertirse, y ahí le ves al pobre: inventando charlas religiosas para salvar el pellejo.
Yo me le llevé a mi casa. Y donde vivo, no es que me conozcan por el nombre, pero si de vista. Fue una imprudencia, pero en pleno ardor, la mente no está para razonar. E incluso me lo llevé al pub. Menos mal que nadie me conoce lo suficiente como para decirme "¿Quién era ese rubio con el que estabas el otro día tan acaramelada?". Pero sí he notado miradas curiosas al ir después acompañada con mi marido y con diferentes amigos de éste. El mayor error fue llevármelo a casa y dejar su coche aparcado bajo la ventana: nada menos que un corvette blanco. ¿Quién no se fija? Pues debió ser un milagro, pues nadie hizo ningún comentario del coche. Entramos juntos y sólo al salir tomamos la precaución de que él se adelantara y me esperase en la puerta de atrás del bloque. Pero, era tal el gozo de ir a su lado en tal vehículo, que no pude resistirme a que parase delante del supermercado, a la vista de todas las cajeras, y éstas si que me conocen bastante bien. Y de nuevo tuve suerte. Nadie se fijo. Pero no volví a arriesgarme. Sí que seguí viéndole, pero sólo en lugares donde nadie supiera nada de mí.
Charlotte.
- Ella tuvo una suerte inmensa, tenedlo en cuenta. Y además, él no era del pueblo. Pero, ¿y si lo es? Si lo es, no podrás controlar a quién se lo dice. Es muy difícil callar un secreto así. Si te has líado con alguien cercano, más vale que pueda convertirse en tu siguiente marido si el tuyo se entera.
- Eso me recuerda un peligro de las relaciones extra-conyugales. Si es algo que surge inesperadamente una noche con una desconocida muy dispuesta, lo normal es que el asunto no pasé de ahí y que el marido se dé por satisfecho con esa aventurilla. Mas, si te enrollas con alguien de tu entorno, lo probable es que esa relación a ocultas continúe, y con cada nuevo encuentro con la misma persona, el peligro aumenta. Piénsalo a fondo: si os seguís viendo es porque os gustáis y tarde o temprano, uno de los dos se hartará de andar en secreto y querrá pasar a otra fase. Se mencionará la terrible palabra "divorcio". Si te ocurre algo así, recuerda cómo te sentías los primeros meses o el primer año con tu pareja y posiblemente descubras que te sentías igual que con tu amante. Este conocimiento es suficiente para que te des cuenta de que si dejas a tu pareja por tu amante, pronto el amante carecerá de interés. Lograrás poner de nuevo el máximo cuidado a vuestros encuentros. Con el tiempo, uno baja la guardia, y eso es altamente peligroso en todos los aspectos.
Mi matrimonio era un desastre. Mi mujer llevaba año y medio durmiendo en otra habitación. Había que rogarla para poder hacer el amor. Se pasaba el día enfurruñada, mal arreglada, siempre en bata, nunca quería salir ni hacer nada divertido. Y juro por todos los santos que yo no pensaba engañarla, pero un día llegó una compañera nueva al trabajo. Sí, vale, lo típico. Para quedar bien y que se sienta integrada, te la llevas a tomar una copa. Pues bastó ese par de horas para que yo me quedará hechizado. Sí: ella tenía que ser una bruja, porque yo no me explico cómo pude perder la cabeza de ese modo. Ella era todo lo que mi mujer no era. Casí temblé al pedirle salir a tomar otra copa una semana después. Yo estaba ciego por su belleza y su personalidad. Y encima, ella era soltera y sin novio. Cuando se enteró de que yo estaba casado y con hijos, casi le da un infarto, lo noté. Y me sentí tan mal para con ella que, bueno, le hice ver que estaba dispuesto a dejarlo todo. Eso la asustó aún más. Empecé a tratar mal a mi mujer, en el sentido de exponerle mis quejas en voz alta, de decirle que era la peor esposa del mundo y demás. La envié con sus padres a pensar. Pero para mi, la otra era ya mi siguiente esposa. La seguí viendo varias veces y todas las veces fueron gloriosas, y no me refiero al sexo. Mi mujer jamás sospechó nada. Luego, ella... Una amiga le había dicho que no se liase con casados, acabó comiéndole la cabeza y me dejó. Pasé un infierno. Por suerte mi mujer reflexionó y cambió de comportamiento. Ahora han pasado dos años desde entonces, con mi mujer me va "normal", pero a ella, la otra, no puedo olvidarla. No dejo de pensar que seríamos pareja de no haber estado yo casado y esa certeza, ya me ha hecho pagar bastante mi pecado.
Luis
- Luis es una muestra de que se llega a sufrir, y mucho. Si tu cónyuge es una persona inconformista, luchadora y ambiciosa y sabes que no te esfuerzas en que sea feliz contigo, puedes esperar casi con total seguridad que te sea infiel. Si el ser humano se conformara con su entorno, a nadie se le habría ocurrido inventar la bombilla eléctrica. Y si tú mismo eres así y tu pareja hace unas cuantas deducciones, le tendrás alerta, con lo que tendrás que extremar la precaución.
- Los TELEFONOS son peligrosísimos. Y a menudo uno quiere simular ante el amante que no está tan atado como parece, con lo que no se atreve a prohibirle que le llame o le envíe mensajes. ¿Qué ocurre? Pues que cuando estás en casa, el teléfono es tu mayor amenaza. Si sólo tienes un fijo, jamás lo des. No importa lo desesperado que estés porque ella te llame: el teléfono fijo no lo puedes controlar; tu móvil, sí. Siempre que estés al lado de tu pareja, silencialo o apágalo. Puede que resulte sospechoso que lo tengas apagado, pero peor es dejarlo encendido y que aparezca un aviso mensaje o una llamada. ¡Ahí casi no tienes salvación! Ponle un tono especial al número de tu amante para que en caso de que hayas olvidado de apagarlo, al sonar puedas preparar una conversación falsa. O déjalo en silencio y con el vibrador y en cuanto lo notes vibrar, sal de la habitación y atiéndelo en otro lugar. El móvil es tu amigo y tu enemigo. No lo olvides nunca. Es un tema que hay que llevar a rajatabla.
- Luego están los cambios en el comportamiento. Es típico el marido que regala flores sin fundamento. No te portes bien porque sí. Es más, niegate a hacer a algo que le guste. Todos pensamos que el que se ha portado mal está obligado a ceder en compensación, así que, si de repente te saltas un partido de liga, sin ton ni son, o aceptas ver un melodrama, ella podría sospechar.
- También es sospechoso el ducharse apresuradamente recién llegado a casa si no sueles hacerlo normalmente. O si eres mujer, ¿cómo no vas a arreglarte más de lo habitual para ver a tu amante y tratar de enamorarle? Maquíllate cuando estés fuera. Y esconde la lencería bonita en el bolso y cambiate en un lavabo. ¿Qué remedio? Parece un rollo, pero si lo respetas, lograrás salir impune el tiempo que te propongas.
- LOS GESTOS. Casi nadie sabe interpretarlos, pero el subconsciente sí lo hace. Si has llegado tarde sin excusa, no desvíes la mirada cuando te pregunte el motivo. Grabátelo en la cabeza. No hagas ninguno de los gestos típicos al mentir: tocarse la nariz, taparse la boca, rascarse la cabeza. Tu pareja sabrá que algo no va bien, aunque no pueda definirlo. Es más útil hacer como los actores: meterse en un papel. En el camino de vuelta, imagina que de veras has estado haciendo horas extra, por ejemplo. Y no des demasiadas explicaciones. "¿Dónde has estado?" "Otra vez el cabrón del jefe que me ha mandado tal". Y ya. No hace falta que empieces con "Es que hoy ha habido un nosequé especial y sabes Juanito me ha pedido que le ayude y tal y cual y demás". Ocurrirá como con los gestos. ¡El subconsciente sí que hace horas extras!
Mi amante trabajaba en un refugio de alta montaña. Ahí no hay cobertura. Mi marido, por su ocupación, viaja mucho. Yo no tenía dificultad en irme unos días a la montaña. Pero mi marido pensaba que yo estaba en casa. ¿Qué tenía qué hacer? Pues menos mal que allí tenian localizado el punto con cobertura más cercano, a 7kms, nada menos. Me tocaba irme un par de veces y llamar yo. Y si me llamaba él... Siempre soltaba luego algo en tono muy inocente del tipo "Es que este teléfono... Debe tener la batería mal".
Conchita
Me ocurrió inesperadamente. Salimos de copas, no sé que narices hice con el móvil y desperté por la mañana de madrugada al lado de una tía que ni me sonaba. ¿Os suena? Y mi mujer es celosa patológica. Ya sabía que tenía un problema de los gordos, y por algo que ni recordaba. Sólo por no haber contestado a su llamada de control nocturna, cuando ella me llamó por la mañana (yo no me atrevía) lo primero que dijo fué: "¿Qué? ¿Dónde estuviste? ¿Con otra, no?". Me quedé de piedra. Me dije que eso era el fin, que me había pillado. "Osea que si, ¿no? ¿Has estado con otra?" me increpó ella ante mi silencio de dos segundos. Y decidí que tenía que inventarme algo peor; algo tan malo que resultara creíble. "No, estuve sólo. Me bajé a la playa con una botella y... he amanecido dormido en la arena". Al instante se olvidó de los celos y se centró en echarme la bronca por beber. Fue un schock.Pero me libré.
Chema