En la imagen, ajadísima casa en una calle de Atenas. Ilustra un poco cómo se siente Marlene.¿Qué tal por ahí? Me llamo Marlene. Nombre artístico. Soy prostituta. Y me repugno a mi misma. Llegan momentos en los que no soporto mi vida. Ver mi rostro ajado en el espejo no es lo peor. Lo peor es ver mi cuerpo desnudo; la herramienta de mi perdición. Detesto darme un baño y que se deshaga la espuma descubriendo mi pecho, magreado por tantas manos, contaminado por tantas bocas asquerosas. No hay centimetro en mi que no esté intoxicado. A veces pienso en cómo librarme de ésto.
Sí que muchas sueñan con retirarse con un cliente rico, pero ¿acaso se puede retirarse? Llevo puesto lo que más me repugna de mí. Ni aún lavándome cien veces con lejía me sentiría limpia. Ni aún haciéndome misionera me libraría de esta suciedad que me corrompe.
Se que hay otras que se precien de batir records de clientela. Yo no. Cada vez me es más difícil. Antes me salía dejar la mente en blanco y dejar que hicieran con mi cuerpo lo que quisieran. Ya no puedo. La repugnancia me deforma la cara. Estos días me he dado de baja. No podré regresar. ¡Y tampoco puedo escapar! Por muy lejos que me vaya, no encontraré la paz. ¿Cómo soportar a otro hombre, sabiendo que todos están corrompidos y que si no es a cambio de sexo no hacen nada? Incluso los novios y maridos, sí. Casados es de lo que más tengo. ¡No existe el amor! Sólo fornicio.
Creo que no me queda otra salida que el suicidio. Total, una puta más o menos, ¿a quién le importa?
Marlene, tu historia me ha conmovido. Pero he sacado algo útil. SI te repugna la vida que llevas es que aún no estás perdida del todo. O te vuelves como tus compañeras, las que presumen de clientes por noche (supongo) o... piensas que tuviste mala suerte, que el destino te volvió la espalda impulsándote a dedicarte al negocio del cuerpo. El tiempo todo lo cura, es cierto. Si te retiras y te alejas, lo malo empezará a emborronarse. ¡Por fortuna siempre se olvida antes lo malo que lo feliz! No acabes con tu vida sin darte otra oportunidad. Te deseo suerte de todo corazón.
Hola de nuevo, Basilisa. Me encanta tu nombre. Tiene un nosequé de la estabilidad que proporciona el pasado como época controlada. Aguanté un tiempo fuera del negocio. A veces me siento esquizofrenica. Sobria quiero ser decente. Con una copa, me vuelvo a mi programación genética de seducir. Y conseguir 100 euros es tan fácil... No puedo resistirme. Tan pronto me da asco mi cuerpo cuando lo veo como asqueroso instrumento del pecado como me vanaglorio por sacarle tanto provecho. Hoy me ha caido uno de los más difíciles. Un borracho. Lo que aguanta un borracho es insoportable. ¡Se hace eterno! No hay modo de hacerle correrse. ¡Qué suerte tienen las novias que pueden negarse a continuar en cualquier momento! Yo tengo que sollarme la piel para continuar. De todas maneras, he decidido retirarme poco a poco. Lo justo para cubrir mis gastos y algunos caprichos. Osea, lo de siempre. Pero al menos, consigo soportarme.
Querida, veo que te has superado, a ti y a tus neuras. Ahora que lo llevas con calma, si de algún modo recuerdas lo que en el fondo quieres, retirarte, tienes todas las bazas para ganar. Reduce gastos y caprichos, empieza a mirar otros empleos como la que no quiere la cosa y... ¡éxito!