Portada | Crea un blog gratis | Para buscar | Mandar a un(a) amigo(a)

ergometrina

misterios
Un hombre no se casa con la mujer de la que está enamorado (03-04-2007)

"Los hombres no se casan con la mujer de la que están enamorados".

Esta frase, al leerla en el libro "Hite's report on male sexuality", me impactó. Y desde entonces, no dejo de darle vueltas, porque claro, torna el mundo de la mujer patas arriba. Ya no resulta motivo de orgullo ser elegida como cónyuge, sino más bien... motivo de vergüenza.

La socióloga Shere Hite llegó a tal deducción tras ver como los hombres definían el enamoramiento como un estado de descontrol nada agradable y del que se apresuraban a huir. Y bueno, eso lo he visto yo. Un hombre está con una mujer que le vuelve loco, comienza a sentirse vulnerable, a dejar las riendas en manos de ellas y... escapa. La pobre chica se queda unos buenos cuantos meses preguntándose qué hizo mal, cuando en realidad lo único que hizo es gustarle demasiado.

Los hombres odian los problemas; son como una abeja que se cuela en el coche a la que hay que aniquilar lo antes posible, y en su vida laboral, ya tienen a menudo bastantes desafíos, por lo que no les quedan ganas de andar luego luchando con sus novias.

El asunto viene de que un hombre, desde siempre, lleva una doble vida. Una vida activa, y otra pasiva. El el trabajo, actúa; en casa... pasa de todo.

Evidentemente, no se va a casar con una mujer junto a la que no sabe a qué atenerse para no tener ni un minuto de tranquilidad al día. Y, además, una cosa es una novia casual, y otra bien distinta a una esposa. A la primera puedes escogerla por la atracción sexual que te produzca, pero para tu posible "pareja-para-siempre", es mejor guiarse por otros motivos.

No me digas que no has visto alguna vez como un tío ha dejado a una novia despampanante para al poco, casarse con una mosquita muerta. ¡Ocurre sin parar! Al macho le llega la hora de asentarse (a partir de los 25 comienzan a bajar sus niveles de testoterona) y busca a la muchacha más parecida a lo que se supone que es una madre ideal, si es que la suya propia no lo era.

Para el hombre, la jornada laboral es el campo de batalla. Cuando llega a casa, sólo quiere descansar. Echarse en el sofá a ver la tele, una cena hecha a la hora adecuada y por la noche, un cuerpo en el que masturbarse. No quiere que su esposa se ponga a contarle sus rollos con las vecinas o que le hable de reparar esto o aquello. ¡La esposa es algo que no debe dar molestias! De hecho, no le importa que estés de mal humor: le importa que lo estés en su presencia. La mujer ideal es la que se ve en las películas de indios o esquimales: no habla si no es estrictamente necesario, le respeta, le sirve, cría a sus hijos, y por las noches... ¡hasta se vuelve cariñosa! Y si encima le demuestra admiración, ¡mejor imposible!

Si te has casado, ya habrás tenido evidencias de que lo digo es así. Tu marido no quiere mucho de ti. No es ni tu amigo ni tu compañero.

Pero, ¿y qué pasa con la mujer? Ella no sufre ese desdoblamiento. Si es ama de casa, el momento más interesante puede que sea precisamente cuando su marido regresa a casa, con lo que querrá hablar con él, relacionarse con él. Y si es una mujer trabajadora, precisamente por ser mujer, cuando llegue a casa también querrá relajarse de los asuntos del día hablando. Y por supuesto, sus tareas continúan en la casa. Una mujer no tiene una barrera entre pasividad y acción tan evidente.

Y una mujer... sí se casa con el hombre del que se ha enamorado... si puede. Sino, ¡menudo aburrimiento de hogar!

Sea como sea: cuando el hombre llega a casa, la mujere quiere que empiece a ocuparse de ella, aunque sólo prestándole atención. Y... ¿? Recomiendan dejarle un buen rato con su querido televisor para que pueda relajarse, y luego, con suerte, ya será capaz de escuchar a su mujer.

Sí que hay hombres más modernos, cual nuevo milagro de la naturaleza, que parecen comprender las necesidades de la mujer, pero... yo no conozco a ninguno en persona. Así que, ¿qué tenemos? Que difícilmente una mujer puede ser feliz en el matrimonio, a no ser que tenga un alma en tan mística paz como indias y esquimales.

¿Qué puedes hacer cuando descubres que tu marido puso un anillo en tu dedo por comodidad y que lo que más le agrada de ti es tu silencio? Ponerte triste. Luego, intentarás hacerle cambiar, pero sólo lograrás que se ponga de mal humor y no que llegue a cambiar. Tú ya estás catalogada. Jamás se portará contigo de otro modo.

Y por cierto, según Shere Hite, el 90% de estos hombres mantienen tórridas relaciones pasionales fuera del matrimonio, ya que de sus amantes, ni esperan ni quieren que sean silenciosas y respetuosas.

Así que, ya sabes, querida: una vez te han concedido el libro de familia, olvídate de lograr romanticismo y atención con el que figura como primer cónyuge, y no te rías con maldad de la novia despampanante a la que él dejó por ti, pues seguramente sea en ella en quien piense alguna que otra noche.

Publicado por RebeccaMRM a 15:10:11 in psicologia | Comentarios(11) |  Permacoplamiento
Hombre = Enigma (23-03-2007)

El hombre es proveedor, y así, al igual que la mujer se esfuerza en demostrar y en resaltar su feminidad mediante tacones, escotes, minifaldas y demás prendas sensuales, aderezadas con andares contoneantes, abaniqueos de pestañas y golpes de melena, el hombre hace lo propio adquiriendo un coche que ofrezca la imagen que el busca de éxito y de poder. Es notorio ver cómo de jóvenes, cuando su única preocupación es procurarse el mayor número posible de encuentros sexuales, eligen vehículos deportivos, más acordes con su idea de semental, y a medida que avanza la edad y les va entrando la necesidad de encontrar esposa, se deciden por automóviles más sobrios, fuertes y seguros. De lo mismo proviene su inmensa afición a la técnica, a comprarse el último modelo de móvil aunque el que tengan aún funcione, y un televisor de plasma, y el “home cinema”, y un reloj con cientos de artilugios que apenas van a utilizar. Es su manera de medirse entre ellos, de adivinar quién tiene la cartera más abultada.

 

Si en la antigüedad el hombre se dedicaba a la caza de animales y demostraba mediante el número y tamaño de sus presas su valía, ahora sigue siendo cazador, pero de ingresos económicos. Una vez que un hombre considera que su sueldo es superior al de la media, creerá que cualquier mujer a la que se una deberá ser feliz por estar con él, lo que acarrea la mayor parte de las quejas de la mujer en el matrimonio.

 

Bien sabido es que la mujer lleva las cuentas de todo lo que ella hace por su pareja y de todo lo que él  no hace por ella, encontrándose con la impotencia de comprender porqué su marido es un ser tan terriblemente egoísta e indiferente a todo: no ayuda en las tareas del hogar, siempre decide él lo que se ve en la tele, y en ocasiones, incluso es él quién planea cada fin de semana y los períodos vacacionales.

 

Dicho comportamiento tiene una razón muy sencilla pero injusta: si el hombre gana lo suficiente como para cubrir todos los gastos por necesidad y por capricho, considerará que su aportación a la relación ya está completamente cubierta y no se molestará en hacer nada más. En cambio, a ojos de la esposa, la situación es muy diferente: a no ser que sea una Victoria Beckham o una Paris Milton, para quienes aun no existen suficientes lujos en el mundo, aceptará los ingresos de su marido como equivalentes al trabajo que ella realiza en el hogar.

 

En otras palabras: un hombre no debería atribuirse puntos por su sueldo. Lo que puntúa son las acciones personales, y trabajar y ganar dinero no lo es,  puesto que con o sin estar casado o cambiando tres veces de esposa, él seguiría de igual modo trabajando, al igual que ella seguiría atendiendo la casa y la familia.

 

Una vez considera tales actividades como presupuestas, intrínsecas en toda relación, y por eso se esfuerza en demostrar su amor de otras maneras. Mas, si ella tuviera el mismo proceder que el hombre, pensando que con cocinar, fregar y planchar ya no tiene porqué hacer nada más, ¿qué ocurriría entonces? Sin duda, sería gracioso comprobarlo. Ambos se verían a la par, y puede que ninguno diese su brazo a torcer a la hora de tomar decisiones. Pero no es así, y lo que pasa es que la mujer ve que ella DA, y no entiende porque no RECIBE nada a cambio.

 

Otra teoría de porqué al hombre le cuesta tanto adivinar qué desea su esposa es debido a que no entiende el lenguaje femenino de la insinuación, pero vale que ella pruebe a pedirle algo directamente, para que el resultado sea el mismo: nada. Y ¿por qué? Antes podía creerse que era porque no comprendía o porque no se daba cuenta, pero cuando se le ha dicho claramente y más de un par de veces, cuando él sigue negándose o ignorando la cuestión,  sólo queda un conclusión posible: NO LO HACE PORQUE NO QUIERE.

 

Tras unos cuantos meses o años de convivencia, dicho proceder pone furiosa a la mujer y le va haciendo saturarse de resentimiento. ¿Por qué él no quiere atender a sus peticiones, deseos o necesidades? Se supone que es una persona cercana y que te quiere, entonces, ¿cómo puede ser tan vil, insensible y egoísta? Resulta un misterio desesperante, pero la explicación es la que antes he descrito: ÉL CREE QUE YA HA HECHO BASTANTE POR ELLA.

 

Puede que no tenga que ver con sus ingresos, sino con algo del pasado. Quizá tuvo que dejar una carrera para poderse a trabajar, quizá tuvo que mudarse a otra ciudad cercana a la de su suegra, quizá eso le apartó de una amante, quizá su pareja le haya hecho algo que él se calla pero que no le perdona... Posibilidades hay muchas, y hasta que no quede esclarecida la causa, las esposas seguirán sufriendo por su incomprensible egoísmo hasta que... hasta que no puedan más, sí. Porque todo tiene un límite.

“Llevo catorce años con Sancho. Y cada año vamos de vacaciones al mismo apartamento, en la misma playa y con los mismos familiares. No es que me disguste, vamos, que es soportable, pero lo peor es que Sancho no baja ni a la playa. Se pasa el mes tumbado: de día en el sofá del salón; de noche en la hamaca de la terraza. No hay quien le saque de casa. Y mira que le digo que vayamos al parque temático, a de excursión a la ciudad, o a cenar a algún sitio, o al cine... Nada. Bueno, si insisto mucho, accede, pero con una cara de aburrimiento, que mejor habría sido no ir con él. No sé qué le cuesta. Para mí, quedarme en casa es tan malo como para él, ¡y lo hago todos los días!” Susana

 

“Conozco a Sergio hace casi un año. Los dos tenemos la misma edad: veintidós. ¿Os podéis creer que no le gusta salir los fines de semana? Yo me muero por salir de copas, pero como se supone que el finde lo pasa una con su novio, pues eso, en su casa mirando como ve la tele. ¡Y mira que insisto! Y nada. Hasta que el otro día vinieron de visita unos tíos suyos, con una prima de un poco menos nuestra edad, y charlando con ella se entera de que le gustaría salir, y a las tres de madrugada va y la lleva a un pub. Después de eso discutimos y le dejado. Si es capaz de esforzarse en quedar bien ante un familiar y no delante de mí, paso. Pero me duele no entenderlo. ¿Por qué a ella sí y a mí no? ¡Si era una prima lejana a la que ve de ciento en viento! No lo entiendo.” Jennifer.

Publicado por RebeccaMRM a 14:00:24 in psicologia | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
Hombres y Embarazo (01-12-2006)

Está claro que a no ser que ella sea una fan rematada de la maternidad y disfrute en su papel reproductivo, deformándose el cuerpo y luego tirándose las noches de dos años durmiendo mal y cambiando pañales...

...A toda mujer normal no le hace demasiada gracia el embarazo. Y menos aún si no es por primera vez; ya sabe lo que le espera.

Las famosas escenas cinematográficas en las que la parturienta insulta a su marido son un magnífico ejemplo de lo que la mujer, en realidad, piensa de su esposo. Que solo se prodigue en juramentos durante el parto no quiere decir que le odie solo porque él no está pasando por ese sufrimiento. No, le odia desde que en el test salió positivo, pero solo durante la tortura del alumbramiento sin anestesia, se atreve a decírselo a la cara.

Los hombres a menudo se quejan de los incomprensibles altibajos de humor en la mujer embarazada y a menudo propinan el comentario peyorativo del tipo de: "¿Qué te pasa? ¿Qué te va a venir la regla?" adaptado a: "¿Qué? ¿Otra vez las hormonas?". Y todo ello dando a entender que seguramente ellos podrían atravesar todo el período de gestación sin experimentar ni un solo cambio emocional.

Claro, la mujer se siente criticada, incomprendida y naturalmente, comienza a albergar rencor. Además, él parece insinuar que alguna otra lo llevaría mejor que ella.

Luego, si la pobre fémina está acostumbrado a fumar, tomarse algunas copas, tomar tres cafés por la mañana y picotear embutidos... ¿Alguien que no lo haya pasado se imagina lo terrible que es abandonar todos los vicios de golpe? Es como si le dijesen a un hombre: nada de cerveza, nada de partidos de fútbol porque podrían inestabilizarte, nada de sexo ni de masturbación y nada de alcohol. ¡Es un sacrificio insoportable que a uno le priven del... digamos, 60% de lo que le hace disfrutar!

Y por supuesto, la mujer está ahí requetemuerta de sueño en los primeros meses por las hormonas, muriéndose por otro café que la espabile, pero... ya se ha tomado la dosis permitida. O está inmersa en una tormenta de dudas: "¿Dónde me he metido? Pero, ¿para qué otro hijo? Al verano que viene nada de playa. Y si encima, ¿me quedo sin trabajo?" y mataría por poder fumarse un cigarrillo o una caña, y... simplemente no puede. Hay numerosísimas cosas prohibidas que no admiten negociación: Es NO y NO y NO.

"Yo me tiraba casi todas las mañanas llorando, a solas, cuando mi marido ya se había marchado. No me veía capaz, no lo podía soportar, me decía: ¿Dónde me he metido?" Margarita

"Había días, sobre todo al inicio, en que el suicidio me parecía atractivo. No quería tener otro hijo, pero a la vez no podía librarme de tenerlo. Me había casado muy joven, quedándome sin juventud y meterse en ese berengenal, otra vez volver a empezar, perder toda libertad, no volver a recuperar la figura... Era insoportable. Y cada vez que algo me recordaba alguna de las muchas afrentas de mi marido, me ponía a llorar" Carmen

Y es que, se mire desde el ángulo que se mire, la balanza está terriblemente inclinada a favor del hombre. La mujer espera que el ponga algo, ¡un poquito! de su parte, como que por iniciativa propia le ayude en las tareas del hogar o le ceda el dominio sobre el mando a distancia unas cuantas horas. Y ellos... bueno, como se dice que les cuesta entender el lenguaje indirecto femenino y ellas son demasiado corteses para decir a la cara lo que de verdad piensan (hasta el momento del parto), comienzan a albergar un encono contra su pareja que no tarda en convertirse en odio.

Para la mujer lo ideal sería que el hombre se sacrificase del mismo modo, realizando algún esfuerzo de dimensiones ciclópeas como acompañarla de compras una vez por mes, o acceder a ver con ella tragicomedias románticas, o experimentar cómo funciona una plancha, o ¡al menos! meter los platos sucios en el lavavajillas. Pero... ¡nada! Incluso el comete la desfachatez de querer SEXO. ¿Cómo se atreve?

La mujer, desde siempre, comercia con el sexo; premia y castiga. Es evidente que a sus ojos, lo que su chico merece son castigos y por lo tanto, no se acuesta con él. La frecuencia de las relaciones sexuales decae en el embarazo no por el supuesto malestar de la mujer, sino porque él no lo merece. Y, además, como un sarcástico guiño de la naturaleza, el pecho de una mujer adquiere en pocas semanas una forma gloriosa, digna de portada de Playboy, lo que a ella llega a ponerle furiosa e incluso a repugnarle. ¡Todo el sistema reproductivo favorece al hombre! ¡Es injusto! Incluso el pecho se tiene que poner de la manera que él prefiere.

¿Qué ocurre? Que ella no quiere que él obtenga más beneficios, por lo que se cierra, ocultándole su cuerpo, porque... aparte del busto, el resto se estropea. Es casi inevitable encontrarse más fea en los tres primeros meses: náuseas, mareos, vomitos y la montaña rusa hormonal provocan un sinfín de caprichos antiestéticos: palidez, ojeras, bolsas hinchadas, pelo graso, acné...

"¡Dios mío! Sentía que mi vida se había acabado. Me miraba al espejo y no podía creerlo. ¡Dos meses antes yo era guapa! Y ahí, de repente, me había envejecido cinco años y ni los obreros me prestaban atención al pasar ante una obra. ¡Era el fín! Y cada día sería peor. Con más de treinta años no me recuperaría de un embarazo. Era perderlo todo: belleza, juventud y libertad. Si mi marido me dejaba por otra más joven, yo jamás encontraría a otro compañero" Silvia

Y encima, están los alentadores comentarios de las amigas y conocidos:

"Yo no soy de esas mujeres que necesitan tener hijos para sentirse realizadas. ¿Qué dices? Con éste ya de seis años, ni de coña tengo yo ahora otro" Paloma

"Mi marido quería tener dos, pero yo le dije: Espera a ver qué tal con el primero" Sara

"Yo tengo una de siete, éste de dos... ¡Ya sólo me queda un año para que deje de molestarme!" Chelo

"Yo quería tener cinco... hasta que tuve el segundo" Pedro

"¡Huy! Aprovecha ahora para dormir, que luego... ya verás" Cris

Todos parecen recordarle que el embarazo y los hijos son un mal trago de los que es mejor librarse, pero ahí está ella, sin salida. Torturándose, estropeándose, engordando, envejeciendo, sacrificándose. Y no durante nueve meses, sino durante TRES AÑOS. Y el marido, sin hacer absolutamente nada fuera de lo normal, también será padre. Sin esfuerzos.

Espero que esto haya servido para que todos aquellos hombres que se quejan de lo insoportables que se ponen sus mujeres, traten al menos de entenderlas un poco, en vez de, como de costumbre, poner mala cara cada vez que ellas les dicen que algo les disgusta. ¡También tienen derecho a quejarse!

"Odio a mi marido. Cada día más. Me encantaría hacerle algo que le fastidiase enormemente, ya que por su culpa estoy embarazada. Y por su capricho he tenido que esperar a que mi primer hijo tenga cinco años. Para volver a empezar. Y si no accedo a tener otro, ¡me acusa de ser estéril! No sé. Si hubiese algo que le perjudicase solo a él en vez de a mí... Pero en mi estado, ni siquiera lo tengo fácil para ser infiel. Algún día. Algún día me lo cobraré" Lorena

Publicado por RebeccaMRM a 15:31:58 in psicologia | Comentarios(4) |  Permacoplamiento
De celos, equilibrio e infidelidad. (13-06-2006)

En la imagen, las incomodidades por las que a veces se ven obligados a pasar unos amantes para disfrutar de su derecho a un poquito de felicidad. (De la película "Close my eyes" con Clive Owen)

A ver, ¿os habéis parado a pensar por qué precisamente el contacto sexual extra-conyugal es el detonante que ningún celoso consiente? ¿Por qué sólo importa eso, que haya habido algo físico? Bien conocida es la frase "¿Qué? ¿Te has acostado con otra? ¡Cómo has sido capaz!".

¿Qué pasa? Igualmente se puede ser infiel en pensamiento y parece ser que eso a todo el mundo le resulta muy soportable y llevadero, cuando en mi opinión, es inmensamente más relevante que el contacto físico.

La pregunta del ¿me serás fiel? parece ser sinónimo de ¿no te acostarás con otra, no? En el caso de los hombres yo me preocuparía bien poco. Al fin y al cabo, en el 99,9999% de las veces que alguno de ellos es infiel, poco les interesa de la amante ocasional más allá de su cuerpo y rostro bonito. No supone en modo alguno amenaza para la esposa.

El peligro está en cuando la atracción pasa del plano físico al espiritual, osea, cuando se entra en fase de enamoramiento, esa que a nadie parece preocupar. Es decir, tu pareja puede estar pensando en otro las veinticuatro horas del día y sufriendo insomnio, pero mientras no se acueste con él... Parece estar permitido.

Pues me resulta muy gracioso. Imagina a tu mujer que te dice: "Cariño, es que le quiero tanto que me duele el alma cuando no lo veo. Mire dónde mire veo su rostro y sueño con sentir sus besos, caricias, con hacer el amor con él. Pero tranquilo, sé que estoy casada y... no me iré con el a la cama, aunque la necesidad me empozoñe cada celula".

Y entonces, ¿qué pasa? Seguramente al marido ya no le parece tan irrelevante. ¿O sí? Bueno, si lo supiera, ya ves si le preocuparía, ¡vaya que sí! Pero fantasías y pensamientos se guardan en secreto y son difíciles de descubrir, por eso, dar importancia a la relación sexual final... Depende en mucho de lo que la haya provocado.

Hace unos días conocí a una mujer casada que me sorprendió. Yo pensaba que se llevaba mal con su marido, ya que en cada conversación incorporaba picaresca y ligoteo. Incluso nos llegó un cliente de "me quito el sombrero" y ella coge, llama a su marido y le dice:
-Cariño, te voy a ser infiel mentalmente.
-¿Él merece la pena? -pregunta.
-Uy... ¡y tanto!
-Vale. Pues luego me lo cuentas.
Me quedé de piedra, tanto más cuando luego descubrí que entre ellos se llevan estupendamente, pero ahora lo comprendo: al marido no le preocupa un capricho físico; sabe que no se ha casado con él por su cuerpo y que una fantasia sana no le va a dejar sin mujer. Desde luego, este marido era el anti-celoso, probablemente porque sabe que es un hombre que vale la pena y que trata bien a su mujer.

Es conocido que el celoso adolece siempre de una gran inseguridad en sí mismo. Sabe que no se porta como debería. Ni ayuda en casa, ni con los niños, ni se molesta en dar placer a su mujer, ni en dejarle ver a ella sus series favoritas. Sabe que hay hombres que se comportan infinitamente mejor, y por lo tanto, tiene miedo de que su esposa los descubra y decida dejarle por uno de ellos. Él mismo es culpable, él lo sabe y por eso acecha, alerta a la aparición de un rival al que ella haya podido notar. 

Dicen que para que una pareja funcione debe haber EQUILIBRIO, es decir, que cada uno de los miembros sienta que recibe tanto cómo da. Hay maridos que llegan a casa, se sientan en el sofá, cogen SU mando y le piden una cerveza a la esposa. ¿Qué obtiene ella de un marido así? Si no trabaja, considerará que ya que él la mantiene, debe aguantarlo. Tristemente, es así. Sólo le quedan los sueños o empezar de nuevo por sí misma, y es muy duro romper, comenzar a trabajar con un sueldo de mala muerte y mantener un par de hijos y seguir pagando una casa. Mejor seguir poniéndole cervezas, cederle el mando y dedicarse a soñar. Para ella, sus fantasías secretas y prohibidas restablecen el equilibrio, de ahí el triunfo de la novela romántica y de series como "Pasión de gavilanes".

Pero, ¿qué ocurre cuando ella aporta tanto dinero como él al hogar y además se ocupa del resto de tareas? Pues que el equilibrio está inclinado completamente en su contra. El marido sólo recibe; ella sólo da. Así que, por sí misma tiene que procurarse lo que le falta. Probablemente tenga un marido Celoso con mayúsculas. Y cuando aparezca (y acaban apareciendo) un hombre que espontáneamente le trate como ella sueña, se dará el enamoramiento en un gran porcentaje de casos. Mantendrá oculto en sus fantasías a su príncipe azul y no sentirá culpabilidad alguna, pues se lo merece.

"Mi marido me trata mal. Para él la lealtad no tiene sentido. Es capaz de hacer por un amigo algo que yo llevo años rogándole. Siempre hay que ir de vacaciones donde él quiere, ver en la tele lo que él quiere. A mí me ha anulado. ¿Por qué sigo con él? Por comodidad y curiosidad: no entiendo su modo de comportarse tan mezquino. ¿Y cómo lo soporto? No me privo de ningún hombre: sé que me lo merezco. Y no me siento culpable en absoluto. Ya he intentado que cambie y no lo hace, por lo que, lo mio, es una reacción normal. Él no merece que yo me prive de "esos" placeres: ya me ha quitado bastantes. Sé que si alguna vez me pilla, será el fin. Y lo lamento: él se lo ha buscado. Pero, ¿qué voy a hacer? No tengo otra vía de escape. Sé que en secreto hago lo que más le fastidia y así, el balance se restablece. Pero repito, él lo ha causado. Si me hubiera tratado bien, como una parte importante de su vida, yo no habría buscado en otros el amor del que carezco, porque eso es lo que busco, sentirme amada. Desde su primera e impactante traición, dejé de serle fiel en pensamiento. Luego, cuando supe que me pillaba in situ con alguno era el fin, pues... fue empezar y no parar. ¿Para qué? No me va a perdonar ni una ni veinte. Y además, se lo merece. Ahora ni me importa que me trate mal; ya me resarzo yo por otro lado". Caty.

Él modo de pensar de Caty puede que no sea muy común, pero es correcto. No deja a su marido porque necesita vengarse, pero lo que importa: ha encontrado el modo de restablecer el equilibrio. Su pareja no es común, pero siguen juntos, y a ella ya no le sientan tan mal sus deslealtades. En cambio, al marido le parecería un crimen de llegar a enterarse, en vez de comprender, que no le ha dejado otra salida; en vez de reaccionar a tiempo y comenzar a tratarla bien.

Quiero transmitir con esto que la tan temida infidelidad sexual o procede de un capricho físico sin importancia, o es la señal final de que estás perdiendo a tu pareja y obligándole a hallar fuera aquello de lo que tú le privas. No es el momento de iniciar los trámites de divorcio: es una situación terminal en la que debes tragarte tu orgullo, recapacitar y admitir. Y ten en cuenta, que a pesar de todo, ella ha seguido a tu lado, y eso es por algo.

Publicado por RebeccaMRM a 14:35:14 in psicologia | Comentarios(2) |  Permacoplamiento
Un dia depre (05-06-2006)

Si, ¿qué mujer no los conoce? Pues hoy yo tengo uno de ellos y es un verdadero asco. Me siento como intentando nadar en fango, sin avanzar y hudiéndome cada vez un poco más, y lo peor, es que me resulta indiferente. Pero paso de estar en este plan improductivo.
Dicen que buscar el lado bueno ayuda, así que, se lo encuentro. La depresión sin sentido surge pocos días antes de la regla, ¿no? Claro, el cerebro se entristece porque no ha comenzado a crearse otro ser. Pero a mi me supone un inmenso motivo de alegria. Hace ya dos meses que, a mi pesar, intento quedarme embarazada y estoy hasta el moño de dejar de beber desde el preciso día de la ovulación sólo por orden de mi esposo. Además, los bebés me disgustan. Pero sé que si no tengo otro, cuando cumpla cuarenta me arrepentiré de por vida, y además, una vez cumplen los cuatro años, empiezo a disfrutar de los niños. El embarazo lo tengo atragantado. En cinco días podré hacerme un test pero hasta entonces... Por eso, estar depre sin ton ni son es buena señal. Sólo me falta la espinilla pre-regla y ya. ¡Me daré una fiesta de todos mis vicios antes de volver a intentarlo el mes que viene! Ay... nunca tengo bastante.

Otro método que cura la depresión es el chocolate. Aunque estoy a regimen... Por cierto, esta moda de prendas de cintura baja no favorece a casi nadie. ¿Os habeís fijado en los flotadores que salen al quedar la grasa de las caderas comprimida por el pantalón? Tengo que deshacerme de esa grasa como sea, hasta del último milimetro. Hay algunas, que no sé cómo se atreven a ir así. ¿Nunca se miran al espejo de espaldas o qué?
Bueno, pues a pesar de todo me he comprado bombones y acabo de comerme uno relleno de chocolate blanco. Enseguida se me ha esbozado una sonrisilla en la cara. ¡Funciona!

Poco a poco parece que puedo abrirme paso a través del fango. La energía fluye de vuelta a mí. Hay que buscar más aspectos positivos, cómo si pasaras un radar a tu vida cotidiana. ¿Qué más, qué más hay de bueno? Mañana mi marido se va tres días de viaje. Normalmente me entristecería o le armaría una bulla por pirarse tres días en vez de uno, pero... ¡se le puede sacar tanto partido! Excursiones, vicios, películas prohibidas, dejar de vigilar el móvil, tomarme las últimas copas... Sin embargo, no acabo de ilusionarme al respecto. Sin él voy a aburrirme mortalmente. Y tengo tantas obligaciones ineludibles... Quedar con la profe para hablar de los progresos de mi hijo, quedar con un compañero que intentará ligar conmigo para recoger unas cosas que me dejé... Y tras eso, ¡la libertad! Ni tareas ni marido. Pero desde ahora hasta entonces... me parece que falta una eternidad.

¿Qué mas se puede hacer para quitarse la depresión? Echarse una siesta. La mente hace de las suyas y con fortuna, puede que sueñes algo bonito y te levantes de inexplicable buen humor. O tomarse una copa. El alcohol también ayuda. ¡Si el maldito no fuese tan perjudicial...!

Bueno, el proceso de curamiento ha comenzado. Al menos, tengo ganas de salir de esto. ¡Eso también es bueno! En otro par de horas, dejaré de suspirar atontada por la tristeza.

Publicado por RebeccaMRM a 15:44:20 in psicologia | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
1 | 2 | >>

Buscar

Contador

  • 9610 visiteurs
  • Valid CSS!
  • Valid XHTML 1.0!
  • valid RSS
  • RSS
  • votre blog sur blogg.org
  • Podcast