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ergometrina

misterios
Polígamo...¿a la fuerza? (13-10-2006)

En la imagen: La Dama Inmisericorde, del pintor Dante Gabriel Rosetti, muestra a una chica mirando cómo su enamorado queda fascinado por otra mujer. (No dejes de leer los chistes al final de la página)

Dicen que el hombre es polígamo por naturaleza. Que sus ancestrales actividades de caza y batalla les dejaban diezmados, por lo que era natural que al regresar al poblado, se repartiesen a las mujeres, que siempre les superaban en número.
Yo no estoy en contra de la poligamia. De hecho, a mis vecinas y a mí, nos parecería estupendo que nuestra vecina del primero compartiese a su marido con nosotras.
De hecho, aunque para muchos resulte ofensivo, el método de la poligamia es sumamente eficaz para, ¿cómo no? la supervivencia de la especie.
Si por ejemplo, tomar esa famosa lista de los 50 hombres más atractivos del mundo y dejar que sólo ellos se reprodujeran, ¿no mejoraría muchísimo el paisaje? (El resto de hombres ya deben estar odiándome, y planeando como en tal hipótesis deshacerse de los top50).

Ahora en serio y bromas aparte, imaginad una escena de la antigüedad: dos aldeas, enemistades entre ellas, inminente combate y... a una de las aldeas sólo regresa un pobre hombre maltrecho. Entre las diez mujeres que componen el poblado le cuidan y le restablecen. El varón, recuperado, se siente en el séptimo cielo (siempre y cuando los de la otra aldea no le hayan rematado o robado a sus mujeres), mira a su alrededor y naturalmente escoge a la más atractiva de entre las diez.
Bien, ¿créeis que las demás iban a permitirle a la afortunada disfrutar ella sóla del privilegio? ¡Ni muertas! O para todas o para ninguna. Y claro, diez mujeres pueden quedarse embarazadas con un sólo hombre, con lo que el poblado, en cuestión de diez u once meses contará con 21 miembros. Al revés, como habréis deducido, serían diez hombres, 1 mujer y 1 bebe de padre inidentificable.

Con la poligamia, los únicos que salen perdiendo son... ¡los otros hombres! Y habrá quién se pregunte "Y entonces, ¿los harenes?". ¡Oh, vete a saber! Alomejor también comenzaron en una aldea con la población masculina practicamente arrasada, y la primera elegida dijo "Vale. Le comparto, pero a mí me toca tres veces por semana".

La mujer, de serle posible, se queda con el mejor partido de entre todos los hombres disponibles. El hombre, no; él tiene miras más amplias y no es tan exigente.

Una mujer solo dejaría a su pareja en el caso de poder cambiarle por otro hombre mejor, pero para eso habría de tener la seguridad plena de poder conseguir al otro. Hay quienes lo logran.

No hay hombre emparejado que más allá de las primeras semanas no se queje de la poca frecuencia de sus relaciones sexuales. Todos se quejan de que casi siempre son ellos los que han de comenzar el juego sexual. La que se empeña en llegar virgen al matrimonio es la mujer. ¿Es porque su deseo sexual es menor? Por fortuna, ya no hay que esperar al altar, pero la mujer desde el inicio de los tiempos ha estado interesada en conseguir marido, y el hombre, en librarse el mayor tiempo posible de convertirse en esposo.

Otra condición indispensable para la consumación del matrimonio, impuesta por el hombre, era el acto sexual. Fijaos que es IMPUESTA por el HOMBRE.

Vivir en pareja cuando solo uno de sus miembros cobra un salario y el otro necesita cuidados continuos es prácticamente imposible. Naturalmente, hablo de la pareja madre-hijo. O la mujer gana tanto como para hacer frente a todos los gastos y dar la mitad de su sueldo a una interna, o no hay manera. En otras palabras: si quieres tener hijos, lo mejor es que el hombre aporte su sueldo y la mujer se dedique a cuidarlos... gratis. Y una vez hay hijos, más les vale mantener al lado a su proveedor.

El matrimonio es una alianza encubierta: el hombre provee a cambio de sexo y de mantenimiento de su morada. La mujer le proporciona sexo, cocina, limpia y demás, a cambio de dinero, alimentos, una casa y sacar a sus hijos adelante. En el fondo, si quitarle toda la vestimenta del romanticismo, es así.

Que en los tiempos actuales la mujer haya decidido que aparte de limpiar, ofrecer sexo, cuidar a los niños y cocinar, también puede contribuir a aumentar los ingresos económicos... Bueno. Allá ella. Pero... ¿para qué? ¿Para librarse de la esclavitud de depender de un único proveedor? ¿Para ser autónoma y poder cambiar de pareja y continuar a solas si le place? ¿Porque se está dando una alteración genética y ya no está programada para disfrutar con las tareas del hogar? ¿Porque ahora que apenas quedan actividades laborales físicas el hombre ya no destaca por su fuerza y en cuanto a habilidades mentales, la mujer le iguala? Y debido a eso, ¿la mujer hay descubierto que hay otras cosas en las que puede destacar fuera del hogar? Pero, ¿adonde conduce todo eso?

Cada vez hay más mujeres con empleos bien remunerados que deciden no colgarse un marido al cuello. ¿Llegará a ser la mujer la que empiece a rechazar el compromiso? Todo puede ocurrir. Estamos en otra época de grandes cambios. Y ahora, para descargar un poco la mente de tanta trascendencia, cuatro chistes, uno especial para mentes masculinas, otro para femeninas. ¡Y aún son fáciles de diferenciar!

¿Por qué los hombres ponen nombre a su pene? Porque no pueden dejar que un completo extraño tome las mayores decisiones de su vida.

¿Por qué los hombres no fingen el orgasmo? Porque no serían capaces de poner tales caras a propósito.

¿Cual es la definición del perfecto amante? Aguanta lo que haga falta hasta que su pareja ha quedado satisfecha y luego se convierte en chocolate.

¿Qué le puedes decir a un hombre que acaba de practicar sexo? Lo que quieras; se habrá quedado dormido.

Publicado por RebeccaMRM a 18:29:06 in con cinismo | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
El hombre más guapo del mundo (06-07-2006)

Nerea sobrelleva con paciencia el aburrimiento de la calurosa tarde. Tenía que cuidar a su sobrino de siete años y para hacerlo más llevadero, le había llevado al cine. Luego también había accedido a su deseo de ir al parque de una conocida cadena de hamburgueserías. Con rostro triste e inexpresivo, se prestaba a los deseos del niño, emitiendo de cuando en cuando algún que otro suspiro de impotencia.

Otra vez había sido afectada por el amor, y por el miedo, y por la pérdida. No podía conseguir a aquel que le gustaba, ni podía averiguar si era un poco correspondida, ni podía atreverse a averiguarlo. Prefería retrasar el momento, con la esperanza de que se le pasara la fiebre por él. Dichas fiebres siempre sanaban; Nerea ya tenía experiencia.

Quiso la suerte que en la cercana calzada, la policia detuviera a tres árabes que circulaban en un vehículo sin cristal trasero. Nerea abandonó el fresco recinto del parque para salir al exterior a fumar y a cotillear. Su mirada, fría, triste y azul, rara vez perdía detalle, y así, desde la distancia, su atención fue subitamente atrapada por un hombre de tal belleza, que resultaba irreal.

Desde su ventajosa posición inadvertida, no apartó la mirada de él ni un sólo instante. Tenía que verle de cerca. Era imprescindible. Apremió a su sobrino a que la acompañase a pedir un café. El divino portento aún seguía en la barra acompañado de tres amigos.

Nerea tuvo tan sólo unos segundos para observar su completa perfección: los pies en chanclas de playa, los tobillos ampliándose hacia los gemelos en proporciones dignas de Da Vinci. Unos pantalones piratas estampados de camuflaje militar mezclado con palmeras, una camiseta blanca de tirantes que mostraba unos brazos de destacado pero no excesivo deltoides, el pecho marcado en su justa medida, ni asomo de la más mínima barriga... Y el rostro... Justo en ese momento a Nerea se le acabó el tiempo pues sus miradas se cruzaron. Él hizo un levísimo movimiento de sorpresa y automáticamente recorrió su cuerpo de arriba a abajo para enseguida girarse y continuar hablando con sus colegas en un idioma desconocido, sin volver a prestar a Nerea ninguna atención.

Ella no estaba acostumbrada a que no le prestasen atención. Lo que aquel hombre acababa de hacer era una ofensa, ¡y además! Era preocupante. ¿Cómo podía ignorarla de tal modo? Pero era tan hermoso, tan perfecto... ¡Qué rostro! Una mezcla de Orlando Bloom, Beckham y Jude Law de pelo rubio oscuro y ojos de zafiro aclarado. La sombra de barba, la mandíbula cuadrada, los pómulos marcados, una naricita digna de entrar a formar parte del catálogo de la más prestigiosa clínica de estética, el pelo muy corto en la nuca y alto sobre la frente. Una delicia. Pero, ¿por qué ni la miraba?

Nerea pensó que quizá fuese culpa de sus extravagantes gafas de sol, y enseguida se las quitó. Adoptó una pose de relajado ensueño, una pierna cruzada ante la otra, las manos entrelazadas a la espalda, su mejor ángulo direccionado hacia él... Pero nada. Hablaban animadamente y no de ella. Esas cosas se notan, pues cuando hablas de alguien, le miras inconscientemente.

Nerea metió tripa, sacó pechó, puso mirada ingenua para aparentar menos años y se acercó contoneándose a la barra. Observó que la camarera que les atendía tenía una sonrisa idílica en el rostro. Y es que, ¡verdaderamente, era un hombre como para dejar paralizada a cualquiera por la calle!

Cuando vio que se sentaba dándole la espalda, Nerea reprimió un juramento. ¡Encima eso! Ni siquiera se sentaba desde donde pudiera mirarla. Ay, seguro que le había parecido demasiado gorda. Claro, un hombre de ese nivel, seguramente sólo se fijaría en chicas tan perfectas como él. Bastante desairada, cogió su café y se llevó a su sobrino a una mesa desde la que podía verle. Pretendía hacerle una foto a escondidas con la cámara del móvil, pero de pronto, se sintio estúpida.

A ver, ¿qué estaba haciendo? Hacia media hora andaba suspirando por un precioso serbio, y ahora pretendía seducir a otro eslavo que encima la despreciaba. Y todo, ¿para qué? Sí, ¿para qué necesitaba gustarle? Si todo eran historias que se repetían: me gusta un hombre - le seduzco - le conquisto - me le tiro - le encandilo - le dejo - y me quedó con una foto de recuerdo.

¿Para qué humillarse tratando de fotografiarle a escondidas? Además, él la había visto con el móvil y parecía haber averiguado al instante su intención, adoptando una expresión de subida arrogancia.

Y de pronto, Nerea se levantó y fué hacia él.
-¿Hablas español?
-Claro -dijo engreído pero no falto de interés.
Los amigos enseguida se codearon, como anticipándose a las calabazas que su apuesto colega iba sin duda a darle a Nerea.
-Pues veras, eres increíblemente guapo. Me es imposible estar contigo, pero al menos, ¿me dejas hacerte una foto?
Él la miró perplejo. Luego se encogió de hombros y alzó la barbilla orgulloso y satisfecho.
-Vale.
Nerea le puso su sonrisa más profesional, le sacó una foto de medio cuerpo, le dió las gracias y se marchó, para dejarle con un palmo de narices. ¿Qué se creía? ¿Qué se iba a quedar ahí tratando de conversar con esperanzas de conseguir rollo? ¡Ja!

Volvió a su asiento y a su café y fingió seguir entreteniéndose con el móvil. Ya que no podía tenerle, al menos podía fastidiarle. Sólo una única vez se atrevió a mirarle, y volvió a encontrarse con sus ojos, que esa vez eran interrogantes, pero Nerea retornó al móvil, e incluso le dió la espalda para centrarse en su sobrino.

Y al hombre despampanante se le agrió el humor del mismo modo que a Nerea al ser inspeccionada y rechazada en la barra. No hay nada mejor que salirse de las líneas típicas de comportamiento para causar una impresión duradera.

Por el reflejo de los ventanales, vió que se levantaban. Ya fuera, sus amigos dijeron algo y él, el guapo, trató de regresar al local, pero le hicieron gesto de "Bah, déjalo" y él no entró. Sin embargo seguiría pensando en la extraña mujer que sólo quiso una foto y no le prestó más atención. Con lo que Nerea, de todos modos, consiguió su triunfo y su propósito sin ni siquiera tener que estar con él.

Y es que rechazando, también se puede conquistar y derrocar.

Publicado por RebeccaMRM a 02:14:35 in con cinismo | Comentarios(2) |  Permacoplamiento
Él no me llama (28-04-2006)

En la imagen: Muchacha leyendo a solas a orillas del Rin. Aunque parezca tranquila, seguro que su mente anda turbada con el recuerdo de algún hombre que se hace rogar.

¿Qué él chico que te ha robado el aliento no da señales de vida? ¿Estás harta de comprobar tu móvil cada hora a la espera de mensajes? ¡Pues no desesperes! No siempre significa que él pase de ti. Piensa en perspectiva dual: ¿le has llamado tú? ¿A qué no? No, y seguro que se te están consumiendo las entrañas por hacerlo, pero aún así, no le llamas. Pues a él puede estar pasándolo mismo. ¡De veras!

Tú seguramente no le llamas para que no crea que estás colada por él y no pierda el interés. Tras el primer encuentro es una norma que debe cumplirse a rajatabla la de dejar transcurrir unos días antes de llamar; lo ideal es una semana.

Puede que le hayas gustado tanto que de momento no sepa qué decirte sin parecer imbécil. O puede que quiera volver a quedar y tema que le deniegues una cita más. Lo que todo el mundo suele decir de "el No ya lo tienes" es completamente falso. El NO, no lo tienes. Tienes toda la esperanza de que la cosa vaya a ir bien.

Hay hombres abiertos que no temen tener novia y llaman cuando les place y sin pensárselo dos veces. Pero hay otros muchos que no. Sino lo crees, mira estos testimonios:

Luis está ahora casado con Sandra, pero cuando la conoció, trató de huir de ella con todas sus fuerzas. "Me pareció muy atractiva, pero me puso inmensamente nervioso. Yo no quería perder mi estabilidad y poner a una mujer como ella en mi vida significa caos y desorden. Creo que no la llamé ni una sola vez en los primeros meses, por mucho que quise. Me tomé muy en serio la labor de no dejarme enganchar llamándola. Y si lo hacía ella, lo que tampoco era muy frecuente, yo me obligaba a inventar excusas para no quedar. ¿Cómo acabé pidiéndola ser mi esposa? Pues aún no me lo explico. A ella le daba igual que yo no pudiera quedar. Incluso se iba de viaje fuera del país. Nos veíamos por nuestras mutuas ocupaciones y supongo que, al ver que ella no pretendía atarme, sino que encima, en ocasiones parecía ser ella la que escapaba de mí... No sé. Se invirtieron las tornas: me daba igual perder la estabilidad. De pronto Sandra parecía inalcanzable y yo la quería para mí. Y así pasó. A los siete meses, ya estábamos casados".

¿Y quereís oir el lado de Sandra? Seguro que sí:

"Luis me impactó en cuando le ví. Me quedé paralizada y supe que si quería conquistarle debia andarme con pies de plomo. Con su aspecto físico estaba claro que debia tener chicas a montones, asi que era importantísimo aparentar no tener ningún interés en él. Una llamada casual cada una o dos semanas y aparentar indiferencia total si él no podía quedar. Creo que Luis tardó dos meses en acceder a una cita. Yo estaba convencida de que él pasaba de mí. ¡Ni se me habría pasado por la cabeza que yo le pusiera nervioso o amenazase su vida tranquila! No sé ni cómo conseguí actuar con tanta sangre fría. En una ocasión recibió la visita de una supuesta amiga que se quedó cuatro días en su casa. Yo me ofendí tanto que para protegerme de mí misma me fui cuatro días a Venecia. De haberme quedado, me habría dado por llamarle, seguirle, espiarle, esconderme en su portal a cotillear. Y otra vez me invitó a conocer a sus padres. Cuando llegó la fecha se rajó. Yo ya había pedido vacaciones en el trabajo y me fuí diez días a Brasil. Sé que si me hubiera quedado, ahora no sería su mujer. A él le sentó fatal que yo me fuera y de sentirse presa pasó a ser cazador. Y aquí estamos. Ocho años juntos".

Como habreís visto, aquí la historia acabó bien, pero sobre todo por un detalle importante: quedasen o no, se veían en sus ocupaciones, por lo que Luis no podía lograr desterrarla de su memoria, y además, Sandra tenía oportunidad de mostrarle su fingida indiferencia.
Mas, ¿qué ocurre cuando el hombre que te gusta es inaccesible? ¿Cuando ni trabaja donde tú, ni vive en tu barrio ni frecuenta el mismo gimnasio? Si no tienes posibilidad de cruzarte en su camino y él es de los que huyen de ataduras femeninas, lo tienes crudo. ¡Es indispensable aparecer de vez en cuando entre sus recuerdos para que se mantenga en lucha constante entre su preciada libertad o ligarse a ti!

Marcos tenía 26 años cuando conoció a Marisa. Era el típico joven que apenas pisa su casa porque tiene cientos de amigos y anda de fiesta en fiesta. Pero mujeriego no era. Si que bailaba y charlaba con chicas, pero para poder pasar a más, tenía que sentir algo muy especial. La idea de una novia le daba pavor y quizá inconscientemente les buscaba defectos a todas. Su padre se había casado teniendo casi cuarenta años, y él quería imitarle. Entre las mujeres que le conocían Marcos era muy solicitado, pues se sabía que ninguna había conseguido llegar a nada con él. Incluso empezaron a circular rumores sobre una posible homosexualidad.
Una noche, por error de cálculo y por caballerosidad, acabó saliendo a solas con Marisa. La había conocido el día anterior junto a otras dos personas. "¿Habrá que salir de marcha, no?" propuso Marcos. "¡Por supuesto!" exclamó Marisa más que dispuesta. Pero resultó que los otros dos miembros eran una pareja encubierta y por casualidad Marisa les oyó planeando escaparse a solas, lo que luego contó a Marcos. ¿A quién le gusta ser apartado del grupo? ¡A nadie! Marcos jamás había salido con una chica a solas. Jamás. Y no estaba preparado para lo que sucedió: no era sólo que Marisa fuera increiblemente atractiva, sino que reía y hacía tantas locuras como él. Pasaron horas bailando, riendo y haciendo el imbécil en un pub. Hasta que cerraron.

"Nunca había conocido a una mujer así. Era fresca, juvenil, excitante. Yo pensaba que una buena juerga sólo podía pasar entre tíos. Me colé por ella en la primera media hora. Nunca me había sentido así con una mujer: era a la vez un deseo inmenso de tenerla y un miedo también inmenso a que me dijese que no. El rato que pasamos juntos sólo hablando en el banco de un parque oscuro siempre seguirá en mi memoria como uno de los más bonitos de mi vida. Al acompañarla a casa, me puse de los nervios. Quería besarla a cualquier precio pero temía ofenderla con el atrevimiento. Sólo acerqué mis labios a los suyos y ella, con un recato que me enloqueció, no se apartó pero tampoco se acercó.
Pasé una semana infernal queriendo escribirla a su e-mail para proponerla quedar. Al final cedí porque no podía sobrevivir sin volver a verla. Cuando me llamó unas cuantas horas después de haberla escrito, casi me eché a temblar. Estaba arrebatadoramente preciosa, más aún que la noche que salimos juntos. Era como una diosa griega de la antigüedad. No sabía como comportarme para impresionarla. Era alucinante. Era como haber conocido a Angelina Jolie y estar con ella. Pero, cuando a la hora me dijo que estaba casada y con dos hijos, se me cayó el alma a los pies. Y flipé aún más. Se estaba arriesgando CONMIGO. Esa noche nos acostamos. Con ella todo era estupendo. Dormimos abrazados. No quería separarme de ella, pero al despertar con la mente más sobria, lo de que tuviera un marido que nos pudiera pillar... Se lo conté a mis amigos y me dijeron que estaba loco por liarme con una casada. "¡Apártate de ella! ¡Sal de ahí!". Tenían razón. Pero Marisa era excepcional. Y cuando después de esa segunda cita recibí una carta suya diciendo que estaba dispuesta a dejarlo todo por mí, me morí de miedo. Yo la quería y estaba prendado de ella, pero no estaba dispuesto ni preparado a empezar de lleno, y menos con la culpa de romper una familia. Su declaración me hizo frenar. Le dije que teníamos que hablar. Le conté que yo no estaba preparado para lo que ella necesitaba. Sé que le hice daño. ¿Por qué tenía que estar casada? ¡Maldita sea! Yo no quería causar su divorcio; quería seguir viéndola, pero despacio y con cautela. Esa, la tercera vez, la pasamos en mi casa. Marisa ya no era la misma. Yo también sentía pena pero sabía que dejándola hacía lo correcto.
No podía quitármela de la cabeza, de todos modos, maldiciéndola siempre por estar casada y buscando a otra que se le asemejara pero que estuviese libre. Y yo no quería que dejase a su marido por mi. Deje de llamarla y de escribirla por completo, pero a la semana volvimos a coincidir. Dos días juntos. Fue un milagro que la pusiesen en mi équipo. Esa vez, la cuarta, Marisa ya era la de siempre. Parecía no importarla ni mi rechazo ni mi silencio. No estaba tan inmensamente alegre, pero casi. Cuando la veo pierdo la razón. El mayor problema siempre ha sido que esté casada y que quiera pasar inmediatamente a una relación formal conmigo. Fui yo quien la propuse de nuevo quedar y aceptó, con risas y mucho humor. Temía que se hubiese enfadado conmigo pues no volvió a contactarme desde que le puse las cosas claras. Era fascinante. Ya me veía cayendo en picado hacia ella. Tenía que obligarme a apartarme de su lado cada media hora para no perder la cabeza. Pero apartarme significa dejarla en compañia de otro compañero, que, ¿cómo no?, también estaba interesado en ella. Eso tampoco me había pasado nunca: ir con una mujer y que otros hombres, por la calle, me digan algo del tipo "Cuidala tío, que no te la mereces".
Bueno, intenté mantenerme parcial... hasta que llegó la noche. Amarla es mejor que cualquier droga. Y nunca me pide que me quede a dormir con ella: soy yo el que debe disimular. Y tampoco me abraza durante el sueño. Se lo tengo que pedir como si fuera un maldito niño falto de cariño. Ya no parecía quedar nada de lo que le hizo escribirme esa fatídica carta de amor. Era como un ánimal exótico y volátil. Me dejaba tenerla para luego mostrarse inalcanzable.
Me estoy extendiendo y lo siento. Ella es al revés que yo. Se resiste hasta la hora de dormir y me acosa tras despertar. Y yo, tras el sueño, vuelvo a recobrar la cordura, me recuerdo que está casada, que quiere que yo sea su siguiente marido y me aparto. ¿Por qué no me dice que quiere mantenerme como amante sin ninguna pretensión?
Y tras esa vez, yo guardé silencio, esperando que ella escribiría o me llamaría. Pero no lo hizo. No entendí porqué. Supuse que estaba decepcionada. Se me calmaron las ansias con el tiempo, manteniéndome tan ocupado como siempre, de fiesta en fiesta, viajando sin parar. Se pasaron tres meses sin saber nada de ella y no pude más. No quiero perderla. Quiero conservarla hasta que llegue el momento. Aún me siento muy joven para casarme.
A los tres meses la escribí como el que no quiere la cosa, para tantearla. Y así, poco a poco, volvimos a quedar. Otra vez fue lo mismo. Perder la razón nada más verla, encontrarla exultante, indiferente, seductora, inalcanzable. Tuve la esperanza de que en el intervalo hubiese dejado a su marido, pero no; seguía con él. Tardé tres horas en atreverme a besarla. ¡Tanto no sabía si seguía atraída por mi! En ese quinto encuentro me hizo sufrir, pues ya no vi que siguiera con intenciones de casarse conmigo. Andaba al libre albedrío, charlando con uno, con otro. Llegué a odiarla por jugar conmigo así. Al final la aparté de todos y la llamé al orden. Me la llevé lejos de todos mis amigos. Aún recuerdo muy bien esa noche: en el todoterreno por carreteras perdidas, con ella a mi lado volviéndome loco y yo incapaz de encontrar la casa que me había dejado un amigo. Acabé perdiéndome en una zona desconocida, bajo la noche y entre montañas, en plena efervescencia. Y ella al lado, con su vestido de noche. Sacrifiqué mi traje de 1200 euros para que pudiera tumbarse sobre la tierra. Y otra vez el frenesí de amarla, en la intemperie, como si me hubieran dejado acceder al Olimpo por error.
Quería apartarla de todos mis amigos y quedármela para mí, pero el destino quiso que yo no fuera capaz de encontrar la casa. Tuve que volver y tuvimos que compartir habitación, lo que no me impidió volver a amarla. Y de nuevo el sueño y el raciocinio. Despertar y pensar ¿Qué hago otra vez con ella? Y de nuevo querer apartarme y echarla, y ella que no está en contra de irse. Y yo odiándola por hacérmelo tan difícil. ¿Por qué le daba igual? Su mirada en el aeropuerto me colapsó. Y también la abracé como si quisiera quedármela para siempre. Y luego, otra vez el silencio y la tortura. Saber que ella es peligrosa, que es como un vampiro que lo quiere todo de mi o nada. No volvieron a ponernos a trabajar juntos; no volví a verla. Me obligué a salir con otra para quitármela de la cabeza, pero naturalmente, no fue igual. Nada es comparable a Marisa. Traté de veras de salir con una chica normal, pero fui incapaz. Yo la quería a ella. Y ella no me escribía. Se pasaron once meses. Once, nada menos. Con la Navidad tuve una excusa para decirle algo. Ella tardó dos semanas en contestar. Y me vi de nuevo atrapado. Creo que ya no quiere casarse conmigo. Creo que le doy igual; que la he perdido. Me la encontré en msn y me dejó tirado. Después, como un regalo del cielo, me invitó a acompañarla en un viaje, y mi p*** avion se retraso y no llegué. Menuda cagada. Me había quedado sin Marisa. Ella me recriminó el plantón y yo me sentí dispuesto a todo por recuperarla, pero aterrorizado por no estar a su altura. La temo, es un hecho. Me propuso quedar y tomar un cafe si me apetecía. Un café y nada más. Casi no me atrevía a mostrarme en su presencia y luché hasta el último instante. Pero al final la llamé. Y ya era tarde. Ya se iba y estaba con uno de sus hijos. Era tan hermosa como siempre; incluso parecía haber rejuvenecido. Me dijo que ya ni se acordaba de mi cara. Sentí que había quedado conmigo porque no tenía otra cosa que hacer. Y el niño, y saber que tenía que divertirle para causarle buena impresión, y encima no llevaba un duro encima y tuve que pedirle que me invitara. ¡Qué desastre! Y ella se fue enseguida. Y yo también salí despavorido para librarme de la tensión. Y ahora... la necesito, y no sé qué hacer para recuperarla. Me parece que todo lo que yo pueda decir no estará a altura. Necesito que ella me escriba y proponga quedar, pero no lo hace. Y yo tengo miedo de hacerlo. Seguramente he quedado como un imbécil y un cobarde a sus ojos. Me despedí diciéndole que "ya nos veremos con más calma" y ella simplemente sonrió y alzó los hombros con indiferencia. La he perdido. Sé que la he perdido. Y me quedan días contados para hacer algo y recuperarla. Pero no sé el qué. Tengo que volver a verla, averiguar qué siente, comprobar si aún me dejaría hacerle el amor. Es la nuestra una relación malsana, pero ¡la necesito! Se me tiene que ocurrir algo que decirle, algo que le haga aceptarme. Y tiene que ser YA".

¿Veis? Marcos pasa por el conocido infierno del enamorado. No la llama por temor a fallar, por miedo a sonar estupido, poco interesante. Sin embargo, está sumido en un estado febril por culpa de su ansiada Marisa a la que en un tiempo pasado rechazó. ¿Y Marisa? ¿Qué opina ella?

"Tengo muy claro mi problema con Marcos. Es estar casada y haberle confesado mi súbito amor. Saber que de no ser por eso seguiríamos juntos me produce cierta calma. No le dije que mi matrimonio es de conveniencia porque no lo habría creído. Yo no sé estar sola. Voy saltando de un marido a otro. El actual es el tercero. Marcos apareciò en un momento en el que en casa me trataban fatal. Todas sus acciones eran con las que yo soñaba en un hombre. Luego vi su rechazo, su probable miedo y decidí dejarle en paz. Aunque he sufrido lo indecible por él. Me ha hecho mucho daño con sus largos silencios. A veces sigo empeñándome en verle, pero sin demasiado énfasis. He tenido mucho tiempo para reflexionar su conducta y no me gustan los hombres que tienen miedo a una relación de pareja. No es masculino. Sin embargo, no puedo borrar el cariño que le siento, que ahora, con el paso del tiempo, casi se ha convertido en lástima y añoranza. Hace casi dos años que le conocí, y si no fuera porque él ha retomado el contacto, yo no lo habría hecho. No quiero volver a sufrir. Me gusta estar con él, eso sí. No me produce tensión ninguna el estar a su lado. Es como estar conmigo misma o con uno de mis hermanos. No hay hostilidad. Sí que le echo de menos, a veces. Pero sigo guardándole rencor. Ahora sé que mi afán por casarme con él era absurdo, fruto de un entusiasmo febril y momentáneo. Le vi hace poco inesperadamente y Marcos era un manojo de nervios. Comprendí que le afecto. Después de despedirnos sí que añore volver a yacer con él, pero ya no. Me da igual. Me produce tristeza que por su culpa hallamos acabado separados. Si un dia me aburro, no me importa quedar con él y dejar que me haga el amor, lo hace muy bien, pero puedo pasarme sin ello. Él lo estropeó. ¿Llamarle? ¿Yo? ¿Para qué? ¿Para que se le suba a la cabeza? No, de hecho, si alguna vez reúne el valor suficiente, le pondré una excusa; se lo merece."

Marisa está siendo cruel porque no ha olvidado el dolor que Marcos le hizo pasar. Al igual que él se protegía para no caer en una relación con una casada, Marisa se protege contra el sufrimiento. En el fondo, le encantaría poder contar con él para verse un par de veces al mes sin llegar a más, pero teme que Marcos piense que sigue colada por él. No le llamará de ningun modo.
De sucederles como a Luis y a Sandra, probablemente estarían juntos y satisfechos, pero cuando una relación depende enteramente del correo electrónico o del e-mail, la fuerza de voluntad puede triunfar a veces.
Marisa se aferra a su orgullo para mantenerse alejada de Marcos. Pero ella no se casó por amor, y necesita del amor en su vida. Si Marcos le escribiera o le llamara, insistiendo, se equilibraría la balanza entre ellos.
Él debe confesarle el miedo que sintió hacia los serios planes de Marisa, y ella debe comunicarle que ahora sólo quiere verle de vez en cuando. Marcos se tranquilizará y no sentirá que se le exija tanto. Y Marisa acabará por volverse a sentir halagada y apreciada, le perdonará el dolor y ambos permanecerán juntos y salvados.

Es irónico que todo dependa del valor de Marcos, pero así ocurren las cosas. Cuesta mucho reconocer cuando una persona merece la pena para luchar por ella por encima de temores y prejuicios.

Si te sientes tan bien con alguien como jamás te has sentido con nadie más, no tiene sentido dejarlo escapar. Marisa no debería ser tan dura, debería comprender las dificultades de Marcos y ser ella la primera en redirigirse a él para ponerle fácil el camino de vuelta. Pero no lo hará. Por lo tanto, o Marcos se arma de valor y de paciencia, o sólo les queda que les vuelvan a poner en el mismo equipo de trabajo. Sin embargo, la sensación de haber perdido a un alma gemela por despecho no se les quitará jamás.

Publicado por RebeccaMRM a 14:36:24 in con cinismo | Comentarios(1) |  Permacoplamiento
de tamaños y llaves (30-03-2006)

En la imagen, agujero de bala en la pared de una mezquita en Beyrut.

Y él, un desconocido, le pregunta:

-Y en cuanto a tamaños, ¿cómo prefieres?

-No creo que dependa mucho del tamaño. Cada cerradura tiene su llave, -responde ella enigmática.

-Eso es porque no es has estado conmigo-fanfarronea él.

-¿Qué pasa? ¿Es qué tú tienes una llave maestra? -se burla ella, con exquisito sarcasmo.

Publicado por RebeccaMRM a 15:40:44 in con cinismo | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
el bolso de una mujer (22-03-2006)

A ver, ¿por qué a un hombre le cabe todo en una cartera y una mujer no puede salir sin su bolso? O dicho de otro modo, ¿por qué un hombre se vale llevando encima calderilla, tarjeta de crédito, móvil y tabaco, si es que fuma? Aparte de eso, ¿qué es imprescindible para una mujer? ¡Fácil! Como poco, la mujer lleva pañuelos. Es decir, ya es más precavida que el hombre. ¿Qué más? Pues pensemos y así, analizamos cómo diferenciar a las mujeres por el contenido de sus bolsos. Casi la mayoria lleva un espejito, que no siempre hay a mano un retrovisor en el que mirarse sin que le tachen a una de coqueta. Osea, ¿claro, no? Espejo : coqueta.

Sigamos. Muy a menudo, a parte del espejo, que incita, llevan una barra de labios. Hay quién añade una polvera, por lo de los brillos. Y está la que lleva el set de maquillaje complejo. ¿Eso que indica? Que la mujer siente la necesidad de estar lo mejor posible en cada instante, al menos... fuera de casa. Y queriendo estar lo mejor posible, quiere que las demás estén peor. ¿Para qué? Es evidente. "Para gustarme más a mí misma", dicen algunas. Ya, para gustarte más a ti misma sabiendo que gustas a los hombres más que las otras. ¡Qué si! Que no hay vuelta de tuerca. Y la que buscando en su interior no lo reconozca, que tire la primera piedra.

Y, ¿por qué necesita sentirse la más atractiva? Para comprenderlo hay que remontarse a la prehistoria o... mirar a la naturaleza cercana. Hubo un tiempo en que los machos luchaban entre sí. El que ganaba se convertía en semental. Osea, fecundaba a TODAS. Pero, eso era posible cuando no había una superpoblación. Vale que para un carnero no sea mucho hacérselo con todo el rebaño, pero... ¿te imaginas a un hombre encargándose de todas las pivas de su barrio? Buah, sería agotador. Y, ¿qué ocurrió? Pues que el macho ganador dijo "Acepto a veinte y no más, ¿eh?". Y claro, todas querían estar entre esas veinte. ¿Que alguno se creería capaz de encargarse de más? Hombre, no le voy a quitar mérito, pero ni en los mejores harenes sobrepasan las tres decenas. 

Así que, por un lado, el hombre se medía con sus congéneres y la mujer, con sus enemigas. Y así llegó el arte de negociar. Uno de los NO ganadores dijo a una de las que NO había conseguido ingresar en el grupo de las veinte afortunadas "Oye, ya sé que yo no soy él, pero... vamos que...  que si te sientes sola pues igual tú y yo...". Y desde entonces ya no sólo los mejores se encargaron de la procreación, ¡menos mal! Lo que conllevó a extender el período de celo a todo el año, a tener la regla cada mes y todo, supuestamente, para lograr que un hombre se quedara al lado y proveyera su prole a cambio se sexo, ¿cómo no?

¿De ésto que deducimos? Pues que cuanto más maquillaje lleve una señorita en su bolso, más alto aspira, y es más ambiciosa y más exigente. Aunque no sea consciente de ello. Y toda mujer que la supere se convierte en enemiga potencial. Sólo se echará amigas inócuas que no interfieran en el camino de sus triunfos.

Eso, en cuanto al maquillaje. ¿Qué más encontramos en un bolso? Con frecuencia un perfume tamaño mini, que más o menos sirve para el mismo propósito. O unas medias de repuesto. Que dices, ¿por qué ningún hombre lleva una corbata de repuesto? Pues... una corbata no se mancha tan a menudo como a unas medias se les hace una carrera. Las medias son símbolo de precaución, de cálculo, de fémina previsora y de que la que las lleva se pone falda. Pocas faldas se ven hoy en día, ¿os habéis fijado? Una vez me entretuve en contar mujeres con falda en plena capital, y durante tres días ví CUATRO. Sí, nada más que cuatro. Discotecas y demás centro de ligoteo no cuentan. Conclusión, si lleva medias, la incluímos en el mismo grupo que la del maquillaje. Aunque sea azafata y tenga que llevar por narices maquillaje para retorcarse y medias por si acaso: no se ha hecho azafata por casualidad, ¿no?

¿Qué más hemos visto en los bolsos? Fotos familiares. ¡Ojo! ¡Que hay quien tiene familia y no dice ni mú al respecto! Si conoces a una que está casada y con hijos, le pides una foto y no lleva... conclusión: la familia no es su prioridad. Entre tanto maquillaje no caben las fotos.

Ahora que en los móviles caben tantas cosas, ya no se ve la gruesa agenda de antaño, pero las había que la llevaban. Es lo mismo: la que usa de agenda gusta de sentirse muy relacionada. El número de amigos y de conocidos le da status a su existencia. Se esfuerza en manterner una activa vida social. Tampoco es de las que se centran en su familia, no. Los teléfonos de tus tías te los dejas en casa. Es una mujer con muchos planes y mucha energía que sabe que en cualquier momento le puede hacer falta UNA persona muy determinada. Ésta no disfruta tanto con las conquistas como con la fama y con la popularidad. O si no, mira su agenda. La del set de maquillaje completo tendrá unos pocos números bien escogidos. Si tiene más, es para hacer bulto, no te engañes. El otro tipo de agenda contiene muchísimos números de hombres y de mujeres casi por igual. Es típico de una mujer que púntua bajo en el test de masculinidad / femineidad, una mujer dada al intercambio, al negocio, a la actividad social. Puede que se case y tenga hijos, sí, pero no centrará en ellos su atención y se dedicará a un empleo público. Por cierto, del test ya hablaré en otra ocasión, si no lo conocéis.

Luego tenemos el componente de entretenimiento. Es decir, o un libro o un mp3. Cuanto más joven, mas mp3, seguro. Los hombres se compran un periódico si ven en la necesidad de ilustrarse, lo hojean y luego lo dejan por ahí. A la del libro le gusta la cultura. Por lo tanto le gusta pensar. No se deja guiar por el libre albedrio y tendrá muy claro qué quiere hacer en la vida y qué tipo de hombre busca. A la que lleva consigo música, le da todo un poco igual. Aún no tiene nada decidido. "¿Contigo? ¿Por qué no?" La del libro no lleva agenda. Sus amistades son pocas y bien escogidas, y además, es capaz de memorizarlas.

Y lo que lee dice mucho. Cuanto menos se parezca a un bestseller, mejor. Tanto más alejada está de la corriente. "Harry Potter" y "Bridget" no cuentan. Tiene un sendero trazado que va a seguir a rajatabla. Si lleva maquillaje, busca mejorar su posición sólo junto y gracias a un hombre. Si no lleva ni maquillaje ni medias, el sentido de su vida está en la sabiduria. Habrá elegido un tema al que dedicarse. Si le da por casarse y tener hijos, será la mujer perfecta, comportándose con ellos de manera ideal y dedicando el tiempo restante a mejorar en su trabajo. Eso sí, dedicará a su familia el tiempo extrictamente necesario.

En los bolsos se encuentran objetos muy variados. Por ejemplo, preservativos. Bien, los lleva tanto la del maquillaje como la del libro como la del mp3. Unas, para no fallar si el hombre que está en el punto de mira no lleva, otras, por precaución, para prestárselo a una compañera o compañero despistado y las otras, porque no saben lo que puede surgir.

¿Qué más hay? La navajita multiusos. El vaso de plástico extensible. Sacarina. Un peine. Laca de uñas transparente. Lima de uñas. Desodorante y laca de bolsillo. Chicles o caramelos. Bloc de notas y boligrafo. Medicamentos varios. Selección de anillos, pendientes y pulseras. Tampones o compresas por si viene inesperadamente... No me explayo en ellos porque son fáciles de clasificar.

Resumiendo: un hombre seduce y conquista con su virilidad, no necesita accesorios y compite... a menudo con su coche. La mujer acaba de empezar en este siglo a hacer vida pública y necesita llevar objetos consigo. ¿A alguien le suena ver a una mujer con un gran bolso en un cuadro medieval? No. No se alejaban mucho de casa. Aunque duela, la mujer es como el niño que se lleva el peluche al cole. Que si. Que en Braveheart Mel Gibson no iba a las batallas con un bote de pintura azul de repuesto.

Eso si, si ves a una mujer sin bolso, ¡asústate! Lleva encima todas las armas que necesita y va por el mundo pisando con una seguridad que aplasta. ¡Te desafía a merecerla!

Y tú, ¿qué llevas en el bolso?

Publicado por RebeccaMRM a 02:56:18 in con cinismo | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
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