En la imagen, ampliación de un medicamento. ¿A que no esperabas que fuera eso?
Sea como sea, no sirve para dejar de fumar, no. Y yo he fracasado por completo. Como era de esperar, no consigo dejarlo. El primer día aguanté cinco horas. Pasé después todo el fin de semana bajo vigilancia, con sólo cinco cigarrillos diarios, resignada, mentalizada... No lo pasé mal. Y el lunes, me desquité, claro.
Luego, por accidente, el martes me quedé 15 horas sin tabaco. ¡Quince! Después de tanto sufrir, fue una inmensa tonteria comprarme otra cajetilla cuando al fin llegó la mañana tras una terrible noche de largos intervalos de insomnio.
Y hoy... otra vez. De nuevo sin tabaco, de nuevo enfrentarme al dilema de si ir a comprar o no, de nuevo el miedo a dejarlo para siempre... y vuelta a buscar un bar abierto.
Cuando por fin me enciendo un cigarrillo, desaparece la intranquilidad pero me detesto por haber vuelto a caer, y me digo, bueno, quizá mañana ya no compre más. Pero compraré, ¿cómo no?
He de obligarme a leer el libro de Allen Carr otra vez. Es lo único que en toda mi vida me ha hecho dejarlo dos veces.
¡Ah...! Ya se verá, si mañana definitivamente veré la luz y me veré con fuerzas de emprender el sacrificio, pero es que... ¡Hasta tres arduas semanas con sindrome de abstinencia! ¿A quién le apetece? ¿Cómo encontrar un buen momento para eso?