"Los hombres no se casan con la mujer de la que están enamorados".
Esta frase, al leerla en el libro "Hite's report on male sexuality", me impactó. Y desde entonces, no dejo de darle vueltas, porque claro, torna el mundo de la mujer patas arriba. Ya no resulta motivo de orgullo ser elegida como cónyuge, sino más bien... motivo de vergüenza.
La socióloga Shere Hite llegó a tal deducción tras ver como los hombres definían el enamoramiento como un estado de descontrol nada agradable y del que se apresuraban a huir. Y bueno, eso lo he visto yo. Un hombre está con una mujer que le vuelve loco, comienza a sentirse vulnerable, a dejar las riendas en manos de ellas y... escapa. La pobre chica se queda unos buenos cuantos meses preguntándose qué hizo mal, cuando en realidad lo único que hizo es gustarle demasiado.
Los hombres odian los problemas; son como una abeja que se cuela en el coche a la que hay que aniquilar lo antes posible, y en su vida laboral, ya tienen a menudo bastantes desafíos, por lo que no les quedan ganas de andar luego luchando con sus novias.
El asunto viene de que un hombre, desde siempre, lleva una doble vida. Una vida activa, y otra pasiva. El el trabajo, actúa; en casa... pasa de todo.
Evidentemente, no se va a casar con una mujer junto a la que no sabe a qué atenerse para no tener ni un minuto de tranquilidad al día. Y, además, una cosa es una novia casual, y otra bien distinta a una esposa. A la primera puedes escogerla por la atracción sexual que te produzca, pero para tu posible "pareja-para-siempre", es mejor guiarse por otros motivos.
No me digas que no has visto alguna vez como un tío ha dejado a una novia despampanante para al poco, casarse con una mosquita muerta. ¡Ocurre sin parar! Al macho le llega la hora de asentarse (a partir de los 25 comienzan a bajar sus niveles de testoterona) y busca a la muchacha más parecida a lo que se supone que es una madre ideal, si es que la suya propia no lo era.
Para el hombre, la jornada laboral es el campo de batalla. Cuando llega a casa, sólo quiere descansar. Echarse en el sofá a ver la tele, una cena hecha a la hora adecuada y por la noche, un cuerpo en el que masturbarse. No quiere que su esposa se ponga a contarle sus rollos con las vecinas o que le hable de reparar esto o aquello. ¡La esposa es algo que no debe dar molestias! De hecho, no le importa que estés de mal humor: le importa que lo estés en su presencia. La mujer ideal es la que se ve en las películas de indios o esquimales: no habla si no es estrictamente necesario, le respeta, le sirve, cría a sus hijos, y por las noches... ¡hasta se vuelve cariñosa! Y si encima le demuestra admiración, ¡mejor imposible!
Si te has casado, ya habrás tenido evidencias de que lo digo es así. Tu marido no quiere mucho de ti. No es ni tu amigo ni tu compañero.
Pero, ¿y qué pasa con la mujer? Ella no sufre ese desdoblamiento. Si es ama de casa, el momento más interesante puede que sea precisamente cuando su marido regresa a casa, con lo que querrá hablar con él, relacionarse con él. Y si es una mujer trabajadora, precisamente por ser mujer, cuando llegue a casa también querrá relajarse de los asuntos del día hablando. Y por supuesto, sus tareas continúan en la casa. Una mujer no tiene una barrera entre pasividad y acción tan evidente.
Y una mujer... sí se casa con el hombre del que se ha enamorado... si puede. Sino, ¡menudo aburrimiento de hogar!
Sea como sea: cuando el hombre llega a casa, la mujere quiere que empiece a ocuparse de ella, aunque sólo prestándole atención. Y... ¿? Recomiendan dejarle un buen rato con su querido televisor para que pueda relajarse, y luego, con suerte, ya será capaz de escuchar a su mujer.
Sí que hay hombres más modernos, cual nuevo milagro de la naturaleza, que parecen comprender las necesidades de la mujer, pero... yo no conozco a ninguno en persona. Así que, ¿qué tenemos? Que difícilmente una mujer puede ser feliz en el matrimonio, a no ser que tenga un alma en tan mística paz como indias y esquimales.
¿Qué puedes hacer cuando descubres que tu marido puso un anillo en tu dedo por comodidad y que lo que más le agrada de ti es tu silencio? Ponerte triste. Luego, intentarás hacerle cambiar, pero sólo lograrás que se ponga de mal humor y no que llegue a cambiar. Tú ya estás catalogada. Jamás se portará contigo de otro modo.
Y por cierto, según Shere Hite, el 90% de estos hombres mantienen tórridas relaciones pasionales fuera del matrimonio, ya que de sus amantes, ni esperan ni quieren que sean silenciosas y respetuosas.
Así que, ya sabes, querida: una vez te han concedido el libro de familia, olvídate de lograr romanticismo y atención con el que figura como primer cónyuge, y no te rías con maldad de la novia despampanante a la que él dejó por ti, pues seguramente sea en ella en quien piense alguna que otra noche.
14-06-2008 06:54
De La perdida Sujet: Es real
05-06-2008 18:48
De Mamanga Sujet: hHola
17-05-2008 00:30
De yesi Sujet: por favor
10-01-2008 15:21
De Kristel Sujet: QUE MAL
10-01-2008 15:15
De Kristel Sujet: Lo suponia
15-09-2007 04:27
De Apathy Sujet: Yay...