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ergometrina

misterios
Little Thymidine (29-03-2007)

En la imagen, ampliación de un medicamento. ¿A que no esperabas que fuera eso?
Sea como sea, no sirve para dejar de fumar, no. Y yo he fracasado por completo. Como era de esperar, no consigo dejarlo. El primer día aguanté cinco horas. Pasé después todo el fin de semana bajo vigilancia, con sólo cinco cigarrillos diarios, resignada, mentalizada... No lo pasé mal. Y el lunes, me desquité, claro.
Luego, por accidente, el martes me quedé 15 horas sin tabaco. ¡Quince! Después de tanto sufrir, fue una inmensa tonteria comprarme otra cajetilla cuando al fin llegó la mañana tras una terrible noche de largos intervalos de insomnio.
Y hoy... otra vez. De nuevo sin tabaco, de nuevo enfrentarme al dilema de si ir a comprar o no, de nuevo el miedo a dejarlo para siempre... y vuelta a buscar un bar abierto.
Cuando por fin me enciendo un cigarrillo, desaparece la intranquilidad pero me detesto por haber vuelto a caer, y me digo, bueno, quizá mañana ya no compre más. Pero compraré, ¿cómo no?
He de obligarme a leer el libro de Allen Carr otra vez. Es lo único que en toda mi vida me ha hecho dejarlo dos veces.
¡Ah...! Ya se verá, si mañana definitivamente veré la luz y me veré con fuerzas de emprender el sacrificio, pero es que... ¡Hasta tres arduas semanas con sindrome de abstinencia! ¿A quién le apetece? ¿Cómo encontrar un buen momento para eso?

Publicado por RebeccaMRM a 15:47:17 in Dejar de fumar | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
Hoy empiezo (23-03-2007)

Viernes 23-03  15:00

Dicen que los retos es mejor llevarlos a cabo con público. Que así a uno le preocupa fracasar ante testigos y se esfuerza más. Por eso, voy a dejar públicamente de fumar.

Me he leído dos veces el libro de Allen Carr: una hace dos meses, la otra hace un año y tres meses. En la primera ocasión lo dejé durante 6 días. En la segunda durante 15.

La verdad es que no me apetece nada dejarlo. Vale que Mr. Carr diga que fumar no da placer. ¡Eso será según se mire! Que el placer no sea auténtico sino provocado porque restableces el nivel de nicotina en sangre, pero bueno, placer es, ¿no? Y el ejemplo suyo de que se obtendría el mismo placer llevando unos zapatos pequeños durante horas para luego disfrutar del placer de quitárselos, no me vale.

Bueno. Tengo miedo de dejarlo, eso sí, tal y como dice él. Después del fracaso de las otras dos veces, sé que esta vez no puedo volver a caer, pensando que podré seguir adelante con un par de cigarrillos al día. Lo malo es que la certeza de tener que dejarlo para siempre asusta. Llevo dos meses diciéndome: "Ya que es para siempre, voy a fumar un día más".

Pero tengo que pararlo. No puedo seguir así. Me va a tocar estar dos o tres semanas de mal humor, resistiendo las ganas de picotear, mordiéndome la lengua por ansiedad, pensando cada vez con más frecuencia en caer en la tentación y abandonar el sufrimiento.

Hoy es viernes. Los fines de semana mi marido está en casa y fumar es un auténtico infierno. Me persigue y me lo prohibé. Me hace tirar cada cigarrillo con apenas dos caladas, y eso que sólo me deja fumar uno cada cuatro horas. Me paso el tiempo pendiente de escabullirme y de fumar. Como dice Allen Carr, soy esclava del tabaco. Sí, completamente. Si no fumara, no tendría que pasar los fines de semana amargada porque me prohiben fumar tanto cuanto quiero.

Y no engordar es imposible. En enero, cuando lo deje dos semanas, cogi cuatro kilos. Allen Carr dice que hay que distinguir y no confundir el mono de nicotina con hambre. Decirse: "no tengo hambre, esto es sólo el pequeño monstruo. He de aguantar". Y que después de tres semanas, las cosas se van haciendo más fáciles. ¡Tres semanas! ¡Veintiún días! Es poco si compararlo con todos los días de una vida.

De momento llevo 23 minutos y me gustaría que aún quedase otro cigarro en la cajetilla, para poder fumarme el último más concienzudamente. ¿A lo mejor me acerco a un bar y compro una cajetilla y fumo hasta que llegue mi marido?

¡Ya os iré contando!

Publicado por RebeccaMRM a 15:24:59 in Dejar de fumar | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
Hombre = Enigma (23-03-2007)

El hombre es proveedor, y así, al igual que la mujer se esfuerza en demostrar y en resaltar su feminidad mediante tacones, escotes, minifaldas y demás prendas sensuales, aderezadas con andares contoneantes, abaniqueos de pestañas y golpes de melena, el hombre hace lo propio adquiriendo un coche que ofrezca la imagen que el busca de éxito y de poder. Es notorio ver cómo de jóvenes, cuando su única preocupación es procurarse el mayor número posible de encuentros sexuales, eligen vehículos deportivos, más acordes con su idea de semental, y a medida que avanza la edad y les va entrando la necesidad de encontrar esposa, se deciden por automóviles más sobrios, fuertes y seguros. De lo mismo proviene su inmensa afición a la técnica, a comprarse el último modelo de móvil aunque el que tengan aún funcione, y un televisor de plasma, y el “home cinema”, y un reloj con cientos de artilugios que apenas van a utilizar. Es su manera de medirse entre ellos, de adivinar quién tiene la cartera más abultada.

 

Si en la antigüedad el hombre se dedicaba a la caza de animales y demostraba mediante el número y tamaño de sus presas su valía, ahora sigue siendo cazador, pero de ingresos económicos. Una vez que un hombre considera que su sueldo es superior al de la media, creerá que cualquier mujer a la que se una deberá ser feliz por estar con él, lo que acarrea la mayor parte de las quejas de la mujer en el matrimonio.

 

Bien sabido es que la mujer lleva las cuentas de todo lo que ella hace por su pareja y de todo lo que él  no hace por ella, encontrándose con la impotencia de comprender porqué su marido es un ser tan terriblemente egoísta e indiferente a todo: no ayuda en las tareas del hogar, siempre decide él lo que se ve en la tele, y en ocasiones, incluso es él quién planea cada fin de semana y los períodos vacacionales.

 

Dicho comportamiento tiene una razón muy sencilla pero injusta: si el hombre gana lo suficiente como para cubrir todos los gastos por necesidad y por capricho, considerará que su aportación a la relación ya está completamente cubierta y no se molestará en hacer nada más. En cambio, a ojos de la esposa, la situación es muy diferente: a no ser que sea una Victoria Beckham o una Paris Milton, para quienes aun no existen suficientes lujos en el mundo, aceptará los ingresos de su marido como equivalentes al trabajo que ella realiza en el hogar.

 

En otras palabras: un hombre no debería atribuirse puntos por su sueldo. Lo que puntúa son las acciones personales, y trabajar y ganar dinero no lo es,  puesto que con o sin estar casado o cambiando tres veces de esposa, él seguiría de igual modo trabajando, al igual que ella seguiría atendiendo la casa y la familia.

 

Una vez considera tales actividades como presupuestas, intrínsecas en toda relación, y por eso se esfuerza en demostrar su amor de otras maneras. Mas, si ella tuviera el mismo proceder que el hombre, pensando que con cocinar, fregar y planchar ya no tiene porqué hacer nada más, ¿qué ocurriría entonces? Sin duda, sería gracioso comprobarlo. Ambos se verían a la par, y puede que ninguno diese su brazo a torcer a la hora de tomar decisiones. Pero no es así, y lo que pasa es que la mujer ve que ella DA, y no entiende porque no RECIBE nada a cambio.

 

Otra teoría de porqué al hombre le cuesta tanto adivinar qué desea su esposa es debido a que no entiende el lenguaje femenino de la insinuación, pero vale que ella pruebe a pedirle algo directamente, para que el resultado sea el mismo: nada. Y ¿por qué? Antes podía creerse que era porque no comprendía o porque no se daba cuenta, pero cuando se le ha dicho claramente y más de un par de veces, cuando él sigue negándose o ignorando la cuestión,  sólo queda un conclusión posible: NO LO HACE PORQUE NO QUIERE.

 

Tras unos cuantos meses o años de convivencia, dicho proceder pone furiosa a la mujer y le va haciendo saturarse de resentimiento. ¿Por qué él no quiere atender a sus peticiones, deseos o necesidades? Se supone que es una persona cercana y que te quiere, entonces, ¿cómo puede ser tan vil, insensible y egoísta? Resulta un misterio desesperante, pero la explicación es la que antes he descrito: ÉL CREE QUE YA HA HECHO BASTANTE POR ELLA.

 

Puede que no tenga que ver con sus ingresos, sino con algo del pasado. Quizá tuvo que dejar una carrera para poderse a trabajar, quizá tuvo que mudarse a otra ciudad cercana a la de su suegra, quizá eso le apartó de una amante, quizá su pareja le haya hecho algo que él se calla pero que no le perdona... Posibilidades hay muchas, y hasta que no quede esclarecida la causa, las esposas seguirán sufriendo por su incomprensible egoísmo hasta que... hasta que no puedan más, sí. Porque todo tiene un límite.

“Llevo catorce años con Sancho. Y cada año vamos de vacaciones al mismo apartamento, en la misma playa y con los mismos familiares. No es que me disguste, vamos, que es soportable, pero lo peor es que Sancho no baja ni a la playa. Se pasa el mes tumbado: de día en el sofá del salón; de noche en la hamaca de la terraza. No hay quien le saque de casa. Y mira que le digo que vayamos al parque temático, a de excursión a la ciudad, o a cenar a algún sitio, o al cine... Nada. Bueno, si insisto mucho, accede, pero con una cara de aburrimiento, que mejor habría sido no ir con él. No sé qué le cuesta. Para mí, quedarme en casa es tan malo como para él, ¡y lo hago todos los días!” Susana

 

“Conozco a Sergio hace casi un año. Los dos tenemos la misma edad: veintidós. ¿Os podéis creer que no le gusta salir los fines de semana? Yo me muero por salir de copas, pero como se supone que el finde lo pasa una con su novio, pues eso, en su casa mirando como ve la tele. ¡Y mira que insisto! Y nada. Hasta que el otro día vinieron de visita unos tíos suyos, con una prima de un poco menos nuestra edad, y charlando con ella se entera de que le gustaría salir, y a las tres de madrugada va y la lleva a un pub. Después de eso discutimos y le dejado. Si es capaz de esforzarse en quedar bien ante un familiar y no delante de mí, paso. Pero me duele no entenderlo. ¿Por qué a ella sí y a mí no? ¡Si era una prima lejana a la que ve de ciento en viento! No lo entiendo.” Jennifer.

Publicado por RebeccaMRM a 14:00:24 in psicologia | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
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