Está claro que a no ser que ella sea una fan rematada de la maternidad y disfrute en su papel reproductivo, deformándose el cuerpo y luego tirándose las noches de dos años durmiendo mal y cambiando pañales...
...A toda mujer normal no le hace demasiada gracia el embarazo. Y menos aún si no es por primera vez; ya sabe lo que le espera.
Las famosas escenas cinematográficas en las que la parturienta insulta a su marido son un magnífico ejemplo de lo que la mujer, en realidad, piensa de su esposo. Que solo se prodigue en juramentos durante el parto no quiere decir que le odie solo porque él no está pasando por ese sufrimiento. No, le odia desde que en el test salió positivo, pero solo durante la tortura del alumbramiento sin anestesia, se atreve a decírselo a la cara.
Los hombres a menudo se quejan de los incomprensibles altibajos de humor en la mujer embarazada y a menudo propinan el comentario peyorativo del tipo de: "¿Qué te pasa? ¿Qué te va a venir la regla?" adaptado a: "¿Qué? ¿Otra vez las hormonas?". Y todo ello dando a entender que seguramente ellos podrían atravesar todo el período de gestación sin experimentar ni un solo cambio emocional.
Claro, la mujer se siente criticada, incomprendida y naturalmente, comienza a albergar rencor. Además, él parece insinuar que alguna otra lo llevaría mejor que ella.
Luego, si la pobre fémina está acostumbrado a fumar, tomarse algunas copas, tomar tres cafés por la mañana y picotear embutidos... ¿Alguien que no lo haya pasado se imagina lo terrible que es abandonar todos los vicios de golpe? Es como si le dijesen a un hombre: nada de cerveza, nada de partidos de fútbol porque podrían inestabilizarte, nada de sexo ni de masturbación y nada de alcohol. ¡Es un sacrificio insoportable que a uno le priven del... digamos, 60% de lo que le hace disfrutar!
Y por supuesto, la mujer está ahí requetemuerta de sueño en los primeros meses por las hormonas, muriéndose por otro café que la espabile, pero... ya se ha tomado la dosis permitida. O está inmersa en una tormenta de dudas: "¿Dónde me he metido? Pero, ¿para qué otro hijo? Al verano que viene nada de playa. Y si encima, ¿me quedo sin trabajo?" y mataría por poder fumarse un cigarrillo o una caña, y... simplemente no puede. Hay numerosísimas cosas prohibidas que no admiten negociación: Es NO y NO y NO.
"Yo me tiraba casi todas las mañanas llorando, a solas, cuando mi marido ya se había marchado. No me veía capaz, no lo podía soportar, me decía: ¿Dónde me he metido?" Margarita
"Había días, sobre todo al inicio, en que el suicidio me parecía atractivo. No quería tener otro hijo, pero a la vez no podía librarme de tenerlo. Me había casado muy joven, quedándome sin juventud y meterse en ese berengenal, otra vez volver a empezar, perder toda libertad, no volver a recuperar la figura... Era insoportable. Y cada vez que algo me recordaba alguna de las muchas afrentas de mi marido, me ponía a llorar" Carmen
Y es que, se mire desde el ángulo que se mire, la balanza está terriblemente inclinada a favor del hombre. La mujer espera que el ponga algo, ¡un poquito! de su parte, como que por iniciativa propia le ayude en las tareas del hogar o le ceda el dominio sobre el mando a distancia unas cuantas horas. Y ellos... bueno, como se dice que les cuesta entender el lenguaje indirecto femenino y ellas son demasiado corteses para decir a la cara lo que de verdad piensan (hasta el momento del parto), comienzan a albergar un encono contra su pareja que no tarda en convertirse en odio.
Para la mujer lo ideal sería que el hombre se sacrificase del mismo modo, realizando algún esfuerzo de dimensiones ciclópeas como acompañarla de compras una vez por mes, o acceder a ver con ella tragicomedias románticas, o experimentar cómo funciona una plancha, o ¡al menos! meter los platos sucios en el lavavajillas. Pero... ¡nada! Incluso el comete la desfachatez de querer SEXO. ¿Cómo se atreve?
La mujer, desde siempre, comercia con el sexo; premia y castiga. Es evidente que a sus ojos, lo que su chico merece son castigos y por lo tanto, no se acuesta con él. La frecuencia de las relaciones sexuales decae en el embarazo no por el supuesto malestar de la mujer, sino porque él no lo merece. Y, además, como un sarcástico guiño de la naturaleza, el pecho de una mujer adquiere en pocas semanas una forma gloriosa, digna de portada de Playboy, lo que a ella llega a ponerle furiosa e incluso a repugnarle. ¡Todo el sistema reproductivo favorece al hombre! ¡Es injusto! Incluso el pecho se tiene que poner de la manera que él prefiere.
¿Qué ocurre? Que ella no quiere que él obtenga más beneficios, por lo que se cierra, ocultándole su cuerpo, porque... aparte del busto, el resto se estropea. Es casi inevitable encontrarse más fea en los tres primeros meses: náuseas, mareos, vomitos y la montaña rusa hormonal provocan un sinfín de caprichos antiestéticos: palidez, ojeras, bolsas hinchadas, pelo graso, acné...
"¡Dios mío! Sentía que mi vida se había acabado. Me miraba al espejo y no podía creerlo. ¡Dos meses antes yo era guapa! Y ahí, de repente, me había envejecido cinco años y ni los obreros me prestaban atención al pasar ante una obra. ¡Era el fín! Y cada día sería peor. Con más de treinta años no me recuperaría de un embarazo. Era perderlo todo: belleza, juventud y libertad. Si mi marido me dejaba por otra más joven, yo jamás encontraría a otro compañero" Silvia
Y encima, están los alentadores comentarios de las amigas y conocidos:
"Yo no soy de esas mujeres que necesitan tener hijos para sentirse realizadas. ¿Qué dices? Con éste ya de seis años, ni de coña tengo yo ahora otro" Paloma
"Mi marido quería tener dos, pero yo le dije: Espera a ver qué tal con el primero" Sara
"Yo tengo una de siete, éste de dos... ¡Ya sólo me queda un año para que deje de molestarme!" Chelo
"Yo quería tener cinco... hasta que tuve el segundo" Pedro
"¡Huy! Aprovecha ahora para dormir, que luego... ya verás" Cris
Todos parecen recordarle que el embarazo y los hijos son un mal trago de los que es mejor librarse, pero ahí está ella, sin salida. Torturándose, estropeándose, engordando, envejeciendo, sacrificándose. Y no durante nueve meses, sino durante TRES AÑOS. Y el marido, sin hacer absolutamente nada fuera de lo normal, también será padre. Sin esfuerzos.
Espero que esto haya servido para que todos aquellos hombres que se quejan de lo insoportables que se ponen sus mujeres, traten al menos de entenderlas un poco, en vez de, como de costumbre, poner mala cara cada vez que ellas les dicen que algo les disgusta. ¡También tienen derecho a quejarse!
"Odio a mi marido. Cada día más. Me encantaría hacerle algo que le fastidiase enormemente, ya que por su culpa estoy embarazada. Y por su capricho he tenido que esperar a que mi primer hijo tenga cinco años. Para volver a empezar. Y si no accedo a tener otro, ¡me acusa de ser estéril! No sé. Si hubiese algo que le perjudicase solo a él en vez de a mí... Pero en mi estado, ni siquiera lo tengo fácil para ser infiel. Algún día. Algún día me lo cobraré" Lorena
10-01-2009 21:10
De Jordan Sujet: amo a mi pareja como ami mismo Url: [Liens]
22-12-2008 04:07
De Porfirio Sujet: mi esposas me odia
11-12-2008 09:05
De pako Sujet: soy hombre y sufro el embarazo