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misterios
Los entierros (07-06-2006)

Los entierros. ¿Os habéis parado alguna vez a pensar en porqué la gente acude a los entierros? No es por cariño al difunto en muchos de los casos, no. Lo que es indicativo de que seguramente no existe la vida de ultratumba, pues de lo contrario, más de uno le habría dado un escarmiento de muerte a los que han ido a los funerales para evitar el maldito “qué dirán”.

Me fastidian muchísimo todas estas absurdas normas sociales. Y los que las siguen me sulfuran. Como hoy. A un amigo se le muere una prima. Él sabía ya hace medio que se estaba muriendo. ¿Creéis que se ha molestado en llamarla? Pues sólo una vez. Ahora bien, llega el entierro, cuando la pobre prima no va a enterarse de quién va y de quién no, y mi amigo, que días antes ha dicho que no puede faltar al trabajo, decide ir.
-Si no voy me voy a sentir como un cabrón – se justifica.

Ya. Y yo me lo creo. Lo que pasa es que el entierro es en Venecia, y a ver quién le dice que no a un viajecito de tres días. Lo que fastidia es que finja que va por respeto a la difunta. Y encima se le ocurre pedirme consejo sobre que ponerme. “Es que mi traje negro está viejo”. Vamos, que es capaz de valerse del entierro para birlarle a su mujer 400 pavos y comprarse un traje nuevo. ¡Increíble! ¡Qué desvergüenza!
Lo mismo que irse tres días. ¡Tres!
”Es que en lo que llega el avión, y los traslados, como es por la mañana, tengo que irme el día antes, y claro, no me voy a volver el mismo día del entierro, tengo que quedarme un poco más con la familia”.

Este amigo mío, pocos días antes, me sacó de una playa a las nueve de la mañana porque no podía faltar a trabajar. Y ahora, ¿se coge tres días, así porque sí? Se me revuelve el estómago. Y este por lo menos se va a Venecia, pero, ¿qué pasa cuando el funeral es en lugar privado de encanto y de exotismo?

A mi se me murió mi abuela hace medio año. Estaba muy unida a ella. Cuchicheábamos sobre hombres a hurtadillas de su hija. Pude ir al velatorio, pero no al entierro. Yo sí que no podía arriesgarme a no ir a trabajar. Y consideré que mi abuela lo comprendería. Luego he sido la única en llevarle flores al cementerio. Pero... ¡cómo me criticaron por eludir mis obligaciones sociales! “Pues tenías que haber ido. Haber pedido un certificado en el tanatorio y ya no habrías tenido que ir a trabajar”. ¿Por qué? Porque a todos les sentó muy mal hacer el paripé para trasladarse 200kms a un pueblo de mala muerte donde mi abuela quería que se la enterrase.

¡Es repugnante! ¿Para qué ir para eso? ¿Cómo no se les revuelve la conciencia? ¿Y si la abuela anda por ahí, flotando en espíritu y leyendo pensamientos, descubriendo que todos han ido para evitar criticas? ¿No cerraría de un golpe la tapa del ataúd? Yo, de ser un fantasma, lo haría. Y les dejaría sin luz.

Así que, yo no quiero que venga a mi entierro ninguno de los que han pasado de mí mientras estoy viva. Tuve un marido una vez. Le dejé porque no me sentía querida, sin embargo, él se defendía diciendo: “Claro que te quiero. Si te mueres lloraría”. ¡Ya! En presencia de otros. Los muertos ya no cuentan. Las cosas hay que demostrarlas en vida. Y el que crea llorar por el difunto, que no se engañe. El difunto ya no siente nada. Lloras por los que se quedan, o lloras por ti mismo. O por su mujer que se ha quedado viuda con dos hijos y tres hipotecas. El muerto ya es libre y ni sufre ni padece ni recuerda quién era ni dónde vivía ni con quién.

Y lo mismo va para las bodas. ¡A pocos les importa la unión de los novios! La mayoría van por obligación quejándose de que haya que dar la gala. Por eso, yo pasé de hacer una boda multitudinaria. Invité a siete, y a mi pesar. Aún sobraban unos cuantos.

Publicado por RebeccaMRM a 13:50:24 in sociedad | Comentarios(0) |  Permacoplamiento
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